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Todavía a distancia |
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Además ha sido común considerar la ampliación de la UE hacia los países del centro y este de Europa como una amenaza para ciertos sectores de la industria española. Sin embargo, más que una amenaza, Rumanía puede representar para el empresario español la oportunidad de entrar en un mercado en el que la población cada vez dispone de más recursos y que está ansiosa por descubrir nuevos horizontes. Hay que tener en cuenta que España parte con la ventaja de una muy buena imagen-país. Como indica Rosa María Sánchez-Yebra, consejera económica y comercial de la Embajada de España en Bucarest, “se considera que nuestro país disfruta de una alta calidad de vida, buenas infraestructuras, gran riqueza en todos sus ámbitos y ofrece muchas oportunidades para quien quiera residir en él. La evidencia está en que España es uno de los mayores destinos turísticos de los rumanos, además del segundo mayor receptor de inmigrantes”.
Javier Cirac, consejero delegado de la ingeniería GTM, señala a este respecto que “ambos países compartimos un proceso histórico clave, la incorporación a la Unión. De hecho, la fundación de nuestra compañía coincidió en el tiempo con la entrada de nuestro país, y durante estos 20 años de actividad hemos vivido los momentos clave de la integración. Ahora, este cambio de grandes proporciones es el que está experimentando Rumanía, y creemos que nuestra experiencia y conocimiento pueden ser valiosos en esta coyuntura”. Algunas empresas, como Dytras, dedicada al tratamiento de aguas, ya han desarrollado algunos proyectos con fondos europeos previos a la adhesión. Sin embargo, David Piñeiro, director de su departamento de Comercio Internacional, indica que “ahora comienzan los proyectos financiados por el Gobierno rumano, y en breve empezarán los que dependen de fondos de cohesión, que aún están por aprobar”. Además, los proyectos con fondos europeos son más interesantes para esta compañía, porque el concurso consta tanto de la elaboración como de la valoración del proyecto, mientras que los del Gobierno ya están realizados y solo hay que valorarlos. José Ignacio Soriano, director de la división de Europa Central y del Este de EPTISA, que proporciona servicios anexos a la construcción, considera que “Rumanía será uno de los principales receptores de fondos en los próximos años, ya que tiene una población numerosa, una renta per cápita baja, una extensión considerable y una situación geográfica estratégica. Por lo tanto, nos encontramos ante un país con una gran necesidad de inversión y un largo recorrido en la convergencia”.
Rosa María Sánchez-Yebra señala que “la fuerte emigración que ha experimentado Rumanía es uno de los problemas que más preocupan en este momento, ya que ha supuesto una pérdida de capital humano muy importante. Se calcula que casi tres millones de rumanos, de una población de 21, viven fuera del país”. Sin embargo, la consejera española considera que “La buena situación de la economía rumana y las oportunidades que ofrece el mercado laboral hacen pensar en la posibilidad de que parte de los trabajadores rumanos que han emigrado regresen a su país, lo que en cualquier caso sería deseable”. El potencial de Rumanía para el inversor extranjero reside, entre otros factores, en los reducidos costes laborales, unidos a cierta experiencia acumulada en actividades industriales de no muy alto valor añadido.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, por el momento, las infraestructuras de comunicaciones terrestres aún son deficientes. Como indica Miguel Ángel Lorente, “los Cárpatos (cadena montañosa que atraviesa el país) constituyen todavía una barrera importante. Pero es muy posible que el ambicioso plan de vías proyectado se encuentre realizado en 2013”.
La entrada en el mercado se realiza habitualmente a través de un importador-distribuidor, que es el encargado de hacer llegar los productos al minorista o a las grandes superficies. Las formas de distribución más modernas se están introduciendo a un ritmo muy acelerado en los últimos años y paulatinamente se acercan a las estructuras propias de mercado desarrollado. Además de en Bucarest, grandes centros comerciales abren sus puertas en todas las capitales de condado. Liliana Dinita, responsable de la empresa importadora de azulejos Valcastelli, considera que “también este sector evoluciona muy rápido. A ello contribuyen las facilidades que aportan las aduanas abiertas después de la integración. Están apareciendo muchos nuevos importadores, aunque al mismo tiempo se está dando un proceso de concentración para aprovechar las sinergias que esto conlleva. Al final, quedarán los que tengan mayor capacidad de negociación y calidad en los servicios aportados”. Dinita lamenta que “no haya mucho personal cualificado en este sector, a pesar de que es necesario para una adecuada venta y promoción de este producto”.
La empresa más citada cuando se pregunta por las españolas implantadas en Rumanía es Campofrío. No en vano la compañía cuenta con una planta de producción en el país y ocupa una importante cuota de mercado en un sector como el cárnico, que representa una parte fundamental de la dieta de los ciudadanos. Quizás la clave de su éxito radique en que ha sabido adaptar sus productos al gusto de los rumanos. Sin embargo, los productos tradicionales de la gastronomía española también pueden hacerse un hueco en este mercado. Un ejemplo lo constituye la empresa catalana de capital familiar Embutidos Espina. Presente en el país desde 1996, cuenta con una filial que desempeña las funciones de importador y distribuidor de sus productos, mediante una logística propia. “Nuestros productos pertenecen a la gama alta y son exactamente los mismos que se venden en Eapaña”, señala Manuel Subirats. Michaela Tirsar establece una diferencia: “Hay poco mercado para el producto gourmet.En cuanto a los productos de gama alta, depende de cada tipo. Las bebidas alcohólicas, y en especial el vino de importación, se empiezan ahora a consumir como símbolo de prestigio”. En cuanto al aceite de oliva, la socia de Dacia Consulting cree que este producto está comenzando a ser conocido por sus efectos saludables, aunque no pertenece a la dieta tradicional rumana, que utiliza aceite de girasol refinado. Para triunfar en el mercado rumano, los productos agroalimentarios españoles, al igual que los integrados en el grupo de los bienes de consumo, deberán superar en especial el desconocimiento de los consumidores. Otros países europeos se han posicionado ya en Rumanía, copando en cierta medida algunos sectores. Sin embargo, Rosa María Sánchez-Yebra cree que “el producto de consumo español tiene muy buena acogida, aunque algunos sectores prevalecen sobre otros debido a la reputación de la que España goza en el mercado internacional, como puede ser la confección textil o la alimentación. En el sector industrial, la imagen ha mejorado mucho en estos últimos años, como consecuencia de la presencia de grupos industriales españoles fuertes, en particular de componentes de automoción, químico, metalúrgico y materiales de construcción”. En ciertos sectores, quizás lo más acertado sea seguir las pautas apuntadas por José Ignacio Soriano, director de la división de Europa Central y del Este de EPTISA, en cuanto a la promoción de productos y servicios: “El trabajo bien hecho, es decir, la solvencia en la gestión y ejecución de los trabajos. Aunque el mercado es el segundo en tamaño de la región, todavía el boca a boca de clientes y beneficiarios funciona eficientemente”.
Sin embargo, existen otras perspectivas menos conocidas sobre la inmigración rumana, que pueden constituir una ventaja comparativa para las empresas españolas a la hora de competir en este mercado del Este de Europa. En primer lugar, en determinadas áreas, como por ejemplo el Levante español, los inmigrantes rumanos no se han conformado con ser asalariados, sino que han creado empresas en nuestro país. Una referencia de este hecho puede ser la Asociación de Empresarios Rumanos de Castellón, que agrupa principalmente a emprendedores que desarrollan su actividad en los sectores de la construcción y la hostelería. Dada la franca mejora que la economía de su país ha experimentado durante los últimos años, no es de extrañar que los ciudadanos rumanos quieran regresar a él (un fenómeno bien conocido en España) para establecer pequeños negocios. “El regreso de los ciudadanos rumanos puede suponer una ventaja para algunos productos españoles, como los de consumo, ya que los ciudadanos que hayan vivido en España los demandarán también en Rumanía”, cree Ionel Scrofan, presidente de la citada asociación empresarial. Una opinión en la que coincide Miguel Fonda, presidente de la Federación de Asociaciones Rumanas en España (FEDROM), para quien el principal obstáculo cultural para la relación entre españoles y sus conciudadanos es el conservadurismo moral y religioso de la sociedad rumana. “Frente al componente religioso que domina a esta, la manera de vivir en España supone un choque para muchos de mis compatriotas”.
Country Report: Romania
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