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La abundancia de lenguas repartidas por todos los rincones del planeta configura uno de los más incontestables ejemplos de la riqueza del ser humano. A pesar de las abismales diferencias entre palabras, estructuras gramaticales, sonidos y alfabetos, todas ellas sirven para comunicar. Un sentimiento, quizás. Una felicitación, a lo mejor. ¿Por qué no un chiste que nos haga reír? Una frase, pronunciada o escrita en idiomas dispares y en ámbitos culturales opuestos, puede producir en quien la reciba una misma e inequívoca sensación. Y puede que esa sensación sea algo tan sencillo -y tan cálido- como comprobar que hay alguien, ya sea en tu mismo barrio o en el otro hemisferio, que se acuerda de uno.
Una primera mirada a la sala donde Busquets exhibe sus tarjetas a todo aquel que visite sus instalaciones en Sant Quirze del Vallés (Barcelona), no puede evitar sentirse abrumada ante la profusión de colores, dibujos e inscripciones. Una segunda mirada, más detenida, es con la que se empiezan a intuir bajo el conjunto esos pequeños mensajes que, de vez en cuando, es necesario enviar a -y recibir de- nuestros seres queridos, ya sea porque se presenta una ocasión especial (un cumpleaños, una comunión, unas navidades, etc.) o, simplemente, porque creemos en el valor de los detalles.
Centenares de mensajes en una larga lista de idiomas que van del japonés al árabe, pasando por el islandés o el turco, dirigidos con el mismo objetivo de despertar una reacción, tierna, cariñosa o divertida, en el afortunado destinatario. En este mundo de pequeñas emociones es donde Busquets ha cimentado su trabajo desde hace muchos años. Concretamente, desde que dos jóvenes hermanos, Salvador y Josep Busquets, con la ayuda de dos amigos, abrieran un pequeño taller de artes gráficas en 1921.
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Joaquim Busquets
(Director general de Busquets) |
Una imprenta en Sabadell
Tras la adquisición de maquinaria de segunda mano al teatro Romea, de Barcelona, las primeras hojas impresas empezaron a salir de la Imprenta Minerva, denominación bajo la que se conoció el taller en aquellos años. Los años veinte y treinta transcurrieron sin sobresaltos, consolidando una clientela local fiel, hasta que, con el estallido de la Guerra Civil, el taller suspende su actividad.
En 1942 se reanuda la trayectoria de la imprenta con la presencia de Joaquim Busquets, hijo de Salvador, entonces todavía un niño de 12 años que entraba a trabajar en la imprenta como aprendiz. Además de dominar el oficio en el taller, Joaquim ya empezaba a despuntar como creador. “Mi padre tenía otro tipo de inquietudes. A él lo que le gustaba era dibujar y pintar y, de hecho, lo hacía muy bien. Aprovechando la sinergia que presentaban su dominio de las artes gráficas y su talento artístico, se lanzó a diseñar toda una colección de estampas de primera comunión. Era el año 1947 y, hasta ese momento, en la imprenta solo se había trabajado para clientes, por lo que ese fue el primer paso en la producción de ediciones propias”, explica Pere Busquets, hijo de Joaquim y actual director general de la empresa. En la actualidad, Joaquim se dedica a la pintura, exponiendo obras suyas y de otros artistas en su propia galería de arte de Sabadell.
Precisamente, en esa primera colección de estampas de comunión que Joaquim distribuyó por las tiendas del Vallés está el germen de la empresa tal y como hoy se conoce. De hecho, apenas tres años más tarde, en 1950, se funda la empresa J. Busquets Gruart, iniciando una tradición basada en la diversificación de producto que ha caracterizado fuertemente a la compañía hasta el día de hoy. “En todo este tiempo, las líneas de productos de Busquets se han ramificado tanto que nos podemos considerar, en este momento, tres empresas diferentes. Una rama se dedica al material escolar (mochilas, bolígrafos, cuadernos, estuches, etc.) y artículos de regalo. Otra se centra en la tarjetería de catálogo, con diseños propios y que se pueden personalizar, como son las tarjetas de navidad para empresas. Por último, otra sección se encarga de las tarjetas con diseños bajo licencia y el papel de regalo, que se venden en papelerías y grandes cadenas”, explica Pere Busquets.
En paralelo a su progreso con los diseños, la empresa se fue expandiendo geográficamente. Las primeras ventas en el resto de la península y las primeras ventas al exterior se produjeron de forma simultánea. A veces, la exportación es cuestión de mezclar el sentido del olfato con el sentido de la oportunidad, y esto mismo ocurrió en el año 1959: “Las primeras exportaciones se dirigieron a Bélgica, Francia y Suiza. Mi padre tenía un primo que vivía en la zona y con el que tenía muy buena relación. Le convenció para que intentara vender sus creaciones allí, ya que conocía a bastante gente que podía estar interesada. De esta forma, se contactó con algunos distribuidores y se empezó a exportar a estos países de manera regular”.
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