
Como en cualquier país asiático, el protocolo es importante: debe esperarse a ser invitado para entrar en una oficina o sentarse en una mesa.
El saludo más habitual es el apretón de manos, que se acompaña con una ligera inclinación de cabeza. La expresión de saludo local es: Annyong haseyo (¿Se encuentra en paz?).
El orden de los nombres coreanos es inverso al de Occidente: primero el apellido, luego el nombre generacional y, en tercer, lugar, el nombre propio. Por ejemplo, en Lee Hyong Sim, Lee es el apellido, Hyong el nombre generacional y Sim el nombre propio. En los negocios se utiliza el apellido, precedido por Mr. (Mr. Lee) o añadiendo el sufijo ssi (Lee ssi) que significa señor. En la conversación, los nombres propios no se usan nunca. Los apellidos suelen ser de una sílaba y los nombres generacionales de dos. Seis o siete apellidos son los de un alto porcentaje de la población: Kim (23%), Lee (15%) o Park (9%).
El intercambio de tarjetas es obligado. Cuando se recibe una tarjeta, debe mirarse y guardarse cuidadosamente. No se deben hacer anotaciones sobre ella.
En la conversación deben evitarse las referencias a Corea del Norte. Tampoco conviene hacer comparaciones con Japón: a pesar de haber organizado un campeonato mundial de fútbol conjuntamente, todavía persiste un mal recuerdo de la ocupación japonesa durante la II Guerra Mundial.
No debe criticarse ningún aspecto de su forma de vida. Al ser un país muy homogéneo desde el punto de vista étnico y racial, considera que su cultura es única y superior a la de otros países.
Cuando un coreano se ríe mucho, no necesariamente significa que esté muy alegre, sino más bien que reacciona así ante una situación embarazosa.
Son muy habituales los almuerzos y cenas de empresa, aunque más para conocer a la otra parte que para hablar de negocios. Es importante aceptar las invitaciones y corresponder, si bien no debe interpretarse que gracias a estos encuentros se va a llegar a un acuerdo. En las comidas suele haber varios brindis con soju (licor de arroz). La frase que se emplea es Gun-bei (¡alcen la copa!).
El número cuatro es el de la mala suerte, ya que su pronunciación es similar a la de la palabra muerte. En algunos hoteles y edificios de oficinas no existe el piso cuarto.
Regalar es una práctica común al comienzo de las negociaciones. Si la negociación es con un grupo, debe entregarse un regalo diferente y más caro al jefe, y otros obsequios iguales, pero de menor valor, a los demás. No se deben regalar productos hechos en Corea o Japón. Una buena elección son botellas de licor. Cuando se recibe un regalo, no debe abrirse en presencia de quien lo da.
FUENTE:
Global Marketing Strategies.
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