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Corea del Sur, aprisionada entre China y Japón, trata de encontrar su sitio a través del desarrollo de productos de alto valor añadido con los que inundar los mercados de todo el mundo. El elevado grado de apertura de la economía coreana, así como el desarrollo de gustos más acordes con los criterios occidentales son dos factores a tener en cuenta por los exportadores e inversores españoles que pueden aprovechar las múltiples oportunidades que ofrece Corea.
Corea del Sur es un país enormemente desconocido para los españoles por lo que es interesante comenzar destacando algunos datos:
Las nuevas tecnologías están presentes de manera significativa en la vida de los coreanos y más del 65% de los ciudadanos tiene acceso a Internet a través de banda ancha. La Administración es la quinta del mundo en el uso de la Red.
El país puede calificarse de superpoblado, sus 49 millones de habitantes ocupan una superficie cercana a los 100.000 kilómetros cuadrados.
El 52% de su población es de religión cristiana, mayoritariamente protestante, algo realmente inusual en aquella zona del mundo.
Además, un 88% de la población vive en zonas urbanas, y se está convirtiendo, en los últimos años, en un ávido consumidor de todo tipo de productos.
 De qué viven los coreanos
De la industria y, de forma creciente, también de los servicios. Corea del Sur es un país eminentemente industrial, y aunque carece de recursos naturales, lo que obliga a realizar grandes importaciones de materias primas, destaca en sectores productivos como la electrónica, los automóviles, la construcción naval, acero y petroquímica, todos ellos con una clara proyección exportadora.
El intervencionismo público se ha hecho notar sobremanera en el desarrollo industrial del país a la hora de asignar los recursos disponibles, lo que ha llevado a la concentración del poder económico en un reducido número de conglomerados industriales, los conocidos chaebols, y a una clara limitación en el desarrollo de pymes.
La crisis financiera de 1997 significó una catarsis para el sector industrial, que se vio obligado a poner en marcha una drástica reestructuración, acompañada del cierre de numerosas empresas y del recurso a la inversión extranjera, que ha aumentado notablemente desde entonces.
En la salida de la crisis ha jugado un papel fundamental el sector de la electrónica y de las telecomunicaciones. Dos han sido las causas principales:
“Corea es, tecnológicamente, quizá el mercado más avanzado del mundo.” El que hace esta afirmación es Alberto Martínez, gerente de la División CAD/CAM de la empresa alavesa Lantek Automatización.
Ya se ha señalado el creciente peso del sector servicios. Tradicionalmente ha gozado de gran protección, en especial los servicios financieros. Pero todo tiene un final, y hoy la diversificación avanza a paso firme, tanto en dichos servicios como en los otros dos de mayor importancia, telecomunicaciones y distribución.
Exportar, exportar, exportar
Corea ha pasado, en sólo tres décadas, a ser una economía agrícola a otra basada en el desarrollo industrial y tecnológico, con un promedio de crecimiento anual del 8,6% en ese período; y a pesar de la dura crisis financiera de 1997, se ha convertido en 11ª potencia económica mundial.
Los coreanos supieron afrontar la crisis mediante el aumento de su actividad exportadora a partir de 1998. Desde entonces, la recuperación económica ha sido un hecho, y salvo la desaceleración registrada en 2003 se han sucedido las altas tasas de crecimiento que han venido acompañadas de una inflación moderada y una reducida tasa de desempleo.
El pasado año, el PIB se recuperó hasta alcanzar un notable 4,6% de incremento, y si bien continúa la debilidad de la demanda interna comienzan a apreciarse indicios de una mayor solidez de la economía.
El principal motor del crecimiento económico durante los últimos años ha sido el sector exterior. Así, en 2004, el crecimiento de las exportaciones alcanzó el 28%, arrojando un saldo de la balanza por cuenta corriente superior a los 27.612 millones de dólares. Esto ha permitido a Corea remontar ampliamente la delicada situación de liquidez que sufrió durante la crisis de 1997, y sus reservas son hoy muy superiores a la deuda externa.
Varios factores explican este fenómeno de crecimiento orientado hacia la exportación. En opinión del consejero económico y comercial de la Embajada de España en Seúl, Ignacio Fernández-Palomero, “los factores más importantes han sido la decisión de especializarse en sectores con gran crecimiento de demanda y la puesta en práctica de una serie de decisiones estratégicas correctas: deslocalización de la producción, buena elección de huecos de mercado e inversión en I+D”.
¿Un modelo sostenible a largo plazo?
Todas las fuentes consultadas señalan que, en la actualidad, Corea debe aumentar sus exportaciones a tasas aceleradas para mantener un crecimiento económico del 5%, porcentaje que se considera el mínimo del crecimiento potencial del país. La incógnita es saber hasta qué punto conseguirá este objetivo en un contexto internacional crecientemente competitivo.
Los expertos coinciden además en que, a largo plazo, quizá el principal riesgo para la economía coreana venga determinado por una estructura económica desequilibrada, en la que los grandes conglomerados industriales representan un gran porcentaje del producto interior y cuentan con una gran capacidad de inversión.
La crisis de 1997 concienció a la sociedad de la necesidad de reestructurar estas empresas pero, con la rápida recuperación económica, la atención se ha desviado de esta cuestión al control de los salarios.
Otro riesgo, a juicio de Fernández-Palomero, “lo constituye el actual nivel de fallidos derivados de la expansión crediticia alentada por el Gobierno tras la crisis de 1997. El Gobierno fomentó el crédito al consumo como mecanismo de expansión de la demanda, pero esta medida desembocó en la acumulación de impagos en las entidades de emisión en sucesivas crisis de liquidez y quiebras de entidades emisoras”.
Por todo lo anterior, y con el objetivo de garantizarse oportunidades futuras de crecimiento económico, las autoridades coreanas han lanzado un ambicioso plan de desarrollo de 10 nuevos sectores de alto valor añadido, con gran contenido tecnológico, que permita aumentar la renta per cápita de Corea desde 14.162 dólares anuales hasta más allá de los 20.000 dólares en los próximos 10 años.
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