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PRIMEROS PASOS ... VIÑEXSA
Esencia de Tierra de Barros | 1 | 2 |


Cuando uno llega a Bodegas Viña Extremeña no deja de sorprenderse al observar la flora y la fauna que le rodea. Las extensiones de viñedos, típicas de la comarca pacense de Tierra de Barros, han dejado paso a un cuidado jardín tropical por donde campan a sus anchas faisanes, pavos e incluso un cervatillo, que da la bienvenida a todo aquel que se le acerca. Una primera sorpresa, producto quizá de la excentricidad del dueño. La perplejidad surge de nuevo, cuando después de atravesar el jardín se descubre la sala de exposiciones, el museo de arte contemporáneo, el museo de arte sacro y la colección de decantadores y licoreras. Parece que estamos en un oasis en mitad de los viñedos de Tierra de Barros.

Alfonso Schlegel

Volvemos a hablar de excentricidad o ¿hay algo más detrás de todo esto? Porque aunque no lo parezca, el hilo conductor de este laberinto paisajístico-cultural es el vino, o mejor dicho, los vinos. Bodegas Viña Extremeña (Viñexsa) tiene en el mercado hasta 10 marcas distintas de tintos, que se exportan a 57 países. Luego, el vino es algo más que una anécdota dentro de este pequeño edén.

Perdida en esta maraña de pensamientos, enseguida irrumpe el director general y propietario de la bodega, Alfonso Schlegel Iglesias “un poco acatarradillo” se disculpa, pero sin perder el halo especial que desprende, muy en consonancia con el microcosmos que noscircunda. Seguramente, él nos rescatará de la confusión en la que nos hallamos.

Si hablamos de las Bodegas Viña Extremeña, tenemos que hablar de su dueño. Su personalidad y sus propias inquietudes marcan el carácter del negocio. Un detalle más: con la bodega como plataforma se dedica al mecenazgo de artistas. Un dato que nos revela mientras nos enseña las instalaciones de la bodega. Entretanto, la faceta de empresario no tarda en aparecer: “Imagen. Para nosotros la imagen que ofrecemos es fundamental”, apunta Alfonso Schelgel. Así que todo lo que nos rodea también obedece a una lógica empresarial. Quizá aquí esté la clave para comprender una bodega y una forma de comercializar vino muy particular, que precisamente por su originalidad ha cuajado, sobre todo, en el extranjero.

De la producción a la calidad
Una sensibilidad especial, unas inquietudes socio-culturales intensas y el vino están en la génesis de Bodegas Viña Extremeña. Una empresa familiar cuyos orígenes se remontan comienzos del siglo XX, cuando el abuelo de Alfonso Schlegel Iglesias, don Alfonso Iglesias Infante, cultivaba sus propios viñas en Almendralejo, la capital de Tierra de Barros. Don Alfonso comercializaba estos caldos a granel en otras regiones. “Los vinos se vendían en botellas de litro y la calidad no era precisamente una prioridad”, explica el propietario.

Así fue durante años hasta que Alfonso Schlegel Iglesias se hizo cargo de la bodega. “Cuando entré en el negocio hace 12 años tomé la decisión de abordar la última parte del proceso de crianza y embotellado, lo cual permitía la comercialización de marcas propias”.

Este cambio también supuso un giro en la filosofía de la empresa y en la manera de hacer negocio: se pasó de tener una gran producción de vinos comunes a producir menos y con más calidad. “Concedimos vital importancia a la calidad y ensamblamos la cultura e inquietudes sociales con el vino” indica el director general.

La obsesión por la calidad llega a todos los procesos de elaboración del vino, empezando por el cultivo. Aquí de nuevo Alfonso Schlegel imprime una nota de su carácter, “soy un gran aficionado a la botánica”, admite mientras enseña las especies del jardín tropical. Y esto se plasma en la manera de entender la fase de cultivo de las viñas. No se utilizan ni herbicidas ni pesticidas y se sacrifica la producción en favor de la calidad. “Tenemos una visión bastante ecológica y esto lo agradece el consumidor”, señala este mecenas con olfato de empresario.

El resto del proceso, la crianza y el embotellado del vino, está avalado por el certificado de calidad ISO 9002, otorgado por la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR), homologado por IQNET a escala mundial. Una certificación importante para la bodega, sobre todo en el exterior. Así lo confirma la directora de exportación, Manuela Bayón: “A la hora de salir al extranjero es esencial porque en determinados países se da más importancia a la certificación que a la pertenencia a una denominación de origen”.

Necesidad de salir al extranjero
Con todos estos cambios pronto llega la necesidad de exportar. “Cuando empezamos a comercializar marcas propias me di cuenta de que un vino extremeño tenía muy pocas posibilidades en España, al existir otras regiones vitivinícolas mucho más consagradas”. Así que Alfonso Schlegel volvió su mirada más allá de las fronteras españolas.

“Comprobé que era más fácil vender en otros países. Un extranjero concede más importancia a la calidad, al precio y a la presentación. Y no le importa tanto el apellido del vino”. Por este motivo Bodegas Viña Extremeña no pertenece a ninguna denominación de origen. “A nosotros nos gusta crear, experimentar, innovar..., y el pertenecer a una DO nos restringiría en ese sentido” cuenta Alfonso.

Manuela Bayón corrobora esta visión de hacer las cosas. “Afuera no miran tanto el nombre. El consumidor extranjero prueba el vino porque le atrae su aspecto y su precio. Después, lo importante es que el profesional y el cliente final valoren sus características organolépticas”.

A comienzos de los noventa, Viñexsa inicia su aventura exterior participando en concursos internacionales. Una estrategia para introducirse en los mercados y darse a conocer. “Empezamos a concursar para demostrar la calidad de los vinos. Extremadura era una región desconocida y poseer un reconocimiento internacional en los concursos más prestigiosos nos era de gran ayuda”, manifiesta Alfonso.

En 1994 ganan la plata en el Mundial de Bruselas y con este premio llega el primer pedido internacional: 120.000 botellas para un importador holandés. Primero Países Bajos y después Reino Unido y Dinamarca. Poco a poco, los vinos de Viñexsa iban llegando a más lugares.

Pero aquello podía convertirse en una amenaza...“Entonces teníamos bastante menos producción que ahora y vimos que toda la fuerza que poseíamos podía traernos problemas, si no cumplíamos con las expectativas”, indica el Schlegel. “Imagina que empezamos a comercializar productos fuera, sufrimos de repente un atasco por cualquier motivo y que no somos capaces de cubrir todos los pedidos”. Se acercaba el momento del PIPE.

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