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No hay
que ser muy observador para darse cuenta de que en Moscú
hay muchas tiendas de muebles, “más que panaderías”,
aseguraba en abril de 2001 Vadim S. Leivin, el entonces subdirector
de la importadora rusa de muebles Discom (ver El
Exportador Digital nº 43).

Si entonces
eso era así, en la actualidad la proporción ha aumentado
más aún.
Hasta el momento
Moscú y San Petersburgo son las ciudades en donde se está
produciendo este fenómeno, pero se espera que en un corto
espacio de tiempo se extienda hacia el resto de localidades rusas,
siempre que se mantenga la estabilidad política y económica
imperante en Rusia (ver El
Exportador Digital nº 67).
Este auge del
mercado se explica en gran medida por el incremento en la demanda
de muebles de calidad y con diseño por parte de los consumidores
rusos. Según los últimos datos proporcionados por
el Comité
Estatal de Estadística (Goskomstat), en 2000 la adquisición
de bienes de consumo para el hogar representó un 4,5% de
las rentas disponibles rusas.
En busca de la diferenciación
El sector del mueble de hogar en Rusia ha sufrido importantes transformaciones
en los últimos años. Si en la década de 1980
no existía prácticamente importación de este
tipo de bienes y la producción nacional era de baja calidad,
tras la disgregación de la Unión Soviética
en los años noventa, la aparición de la oferta extranjera
supuso una auténtica revolución.
La producción
nacional no fue capaz de dar una respuesta
adecuada a la creciente competencia extranjera, de modo que ha disminuido
un 9% anual en el último trienio, llegando a superar las
importaciones de mueble el 40% del comercio del sector durante el
pasado año.
Consecuencia:
el consumidor ruso identifica mobiliario extranjero con producto
de diseño diferenciado y de calidad, en contraste con la
fabricación propia. Sin embargo, no todo el mundo
puede permitírselo.
Existe una clase
media de profesionales liberales y del sector servicios, muy dañada
tras la crisis de agosto de 1998, (ver El
Exportador Digital nº 41) que ha reaparecido sobre todo
en Moscú y tiende a adquirir mobiliario de importación
procedente de países del oeste de Europa.
Posicionarse en el mercado
La posición española en el mercado
ruso es especialmente fuerte en la oferta de mobiliario clásico
y embrionaria en cuanto a la de moderno, al contrario que la alemana,
su competencia más directa.
Tanto por imagen
país como por control de la distribución, experiencia
en el mercado y dinamismo en las actividades de promoción,
la presencia italiana se ha establecido de forma muy sólida.
Flexibilidad
en aspectos financieros y una mayor implicación en acciones
promocionales en el mercado ruso es lo que precisamente pide a los
empresarios españoles María Izotova, la actual directora
de importaciones de Discom. Esta firma importadora rusa habla con
conocimiento de causa: ha apostado por el mobiliario español,
abriendo en Moscú, hace un año aproximadamente, una
exposición de productos españoles para el hábitat,
Gran Almacén Valencia.
Imagen consolidada
La celebración el pasado mes de junio de la feria española
de interiorismo y decoración Expohábitat (ver El
Exportador Digital nº 67) en la capital rusa ha sido valorada
por todos los interlocutores del mercado como un eficaz instrumento
de promoción de la oferta española tanto en Rusia
como en los países de su área de influencia.
La imagen de
los muebles españoles es muy buena, su diseño, sobre
todo el clásico del tipo art decó, encaja muy
bien con el gusto ruso. Como asegura Amparo Bertoméu, directora
de la Asociación
Nacional de Industriales y Exportadores de Muebles de España
(Anieme), “este mercado ofrece oportunidades al mueble español
fundamentalmente en el segmento de la población de capacidad
adquisitiva muy alta y con un gusto definido por el mueble europeo
de calidad y estilo clásico”.
El gran problema
al que tienen que hacer frente las empresas españolas es
la maraña de reglamentaciones y aranceles que encarecen notablemente
la exportación, y sin las cuales el mueble ruso no podría
conservar las posiciones que ahora mantiene.
Hacia sistemas de distribución modernos
En pocos años, los canales de distribución en el mercado
ruso han pasado de depender de una estructura en la que el poder
del canal residía en el vendedor, a otra en la que es el
importador-mayorista quien lo ostenta.
Además,
a partir de la crisis de agosto de 1998, la importante reducción
del número de importadores, y el crecimiento del volumen
de negocio de los que la superaron, dio paso a la irrupción
de la gran superficie comercial, que actualmente convive con las
tiendas especializadas.
En este contexto,
el fabricante extranjero prácticamente no utiliza la distribución
directa, con la sola excepción de Ikea, sino que accede al
mercado a través de importadores. Y son los grandes importadores
los que suelen disponer de un servicio específico dedicado
a la tramitación aduanera y de una cadena de tiendas propias.
Es más, éstos son los que disponen de los medios necesarios
para acceder a los proyectos de clientes corporativos como hoteles,
restaurantes o instituciones gubernamentales (canal contract),
“muy interesante para el producto español”, apunta
Amparo Bertoméu.
Junto a éstos
conviven otros importadores de menor tamaño, también
con una red de tiendas propias, pero de dimensiones más pequeñas,
que distribuyen además a minoristas independientes.
Por otra parte,
comienzan a aparecer fenómenos de asociación entre
importador-mayorista y minorista, lo que permite al primero distribuir
en regiones donde tener presencia directa requeriría fuertes
inversiones, y fomenta la presencia de mueble de importación.
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