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La importancia
de las ventas al exterior ha presidido los intereses de la empresa
familiar Ormaza desde que Ruperto Ormaza y Petra Unamuno la fundaran
en 1923 en un local del puerto de Bermeo, donde compraban cada mañana
el pescado que llegaba al que está considerado como el puerto
de bajura más importante del Cantábrico.
Enclavado en el golfo
de Vizcaya, Bermeo es una de las zonas más ricas en recursos
pesqueros de Europa, y gran parte de su población, de unos
18.000 habitantes, vive directa o indirectamente de la pesca.
“Ormaza empezó
sus actividades con el escabeche y la anchoa, trabajando con pescado
de campaña elaborado inmediatamente. Un producto de mucha
calidad y principalmente destinado a la hostelería”,
comenta Iñaki Laucirica, director gerente de la conservera.
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Iñaki
Laucirica |
La empresa surgió,
por tanto, como tantas otras conserveras de pescado localizadas
a lo largo de la costa cantábrica y comenzó muy pronto
a vender a clientes italianos, históricamente muy interesados
en los productos en salazón producidos en la costa norte
española.
Hoy en día, Ormaza
sigue vendiendo salazón a Italia, aunque “sólo
supone entre un 5 y 7% de las ventas, mientras que el resto son
otros productos, caracterizados siempre por ser de una gama más
bien cara. Debido a que son de campaña, no puedes fijar nunca
un precio por anticipado, porque depende de la cantidad de capturas
que entren y de su calidad y precio”.
Tercera generación
Con la Guerra
Civil española, el encarcelamiento y posterior muerte de
su marido, Petra Unamuno tuvo que hacerse cargo de la empresa, hasta
que “a finales de los años 30 y comienzos de los 40
cogen las riendas del negocio los hijos, sobre todo uno de ellos,
Antonio Ormaza, que es ahora el actual presidente y quien proyectó
hacia 1941 el cambio de ubicación, encargando el diseño
de la actual sede al arquitecto Pedro Ispizua”, relata Iñaki
Laucirica, quien después de 13 años en la empresa
es el primero que llega a este puesto sin ser de la familia.
Ormaza llegó
a tener fábricas en Asturias, Mundaka (Vizcaya) y Mañeru
(Navarra), pero por problemas familiares las dos primeras se las
quedaron unos hermanos y la tercera se vendió. “Más
tarde quedó sólo la de Bermeo, que fue la matriz y
volvió a ser la principal, al frente de la cual se quedaron
Antonio Ormaza y su hermano, ya fallecido”, recuerda Iñaki
Laucirica.
Ahora las familias Ormaza
Larrocea y Ormaza Corral son los accionistas al 50% de la empresa,
que está dirigida por uno de los nietos de los fundadores,
mientras que el presidente, que vive en el mismo edificio, “todavía
se da una vuelta todos los días para interesarse por el pescado
que se va comprando en la lonja”, lo que demuestra el ambiente
familiar que aún caracteriza a la compañía.
El edificio en el que
está actualmente la fábrica de Ormaza ha pasado de
estar aislado entre explanadas de huertas y pastos a estar prácticamente
en el centro de la localidad y, aunque en su día se hicieron
varias ampliaciones, la empresa necesita mucho más espacio,
pero el edificio, catalogado por su interés arquitectónico,
no puede ser modificado, lo que ha hecho necesario que la compañía
valorase un cambio de ubicación.
“Ya hemos planteado
al Ayuntamiento, el Gobierno Vasco y la Diputación que nos
queremos marchar de aquí, aunque preferentemente nos gustaría
quedarnos en Bermeo”, comenta el director gerente.
Después de muchos
meses “parece que haya una solución con la ampliación
de una zona industrial de camino a Bilbao, en la parte baja del
puerto de Sollube, donde iríamos nosotros y otras 4 empresas
de Bermeo, 3 de ellas también conserveras”.
Este nuevo emplazamiento
forma parte de los objetivos del plan estratégico a tres
años (2003-2005) que elaboró la firma para proceder
a su renovación, no tanto de las instalaciones actuales,
sino de la maquinaria, “de manera que cualquier inversión
que realicemos aquí pueda ser llevada a otro sitio”,
una vez que la idea inicial era estar ubicados en una nueva fábrica
al final de 2005, aunque ahora “pensamos que no será
posible hasta entrado el año 2006”.
Además, el plan
estratégico planteaba la apertura de nuevos mercados en el
exterior, un objetivo para el cual contaba ya con la aportación
del PIPE.
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