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LA COMPETENCIA PARA ESPAÑA DE LOS PAÍSES DE LA AMPLIACIÓN
Un reto sin precedentes
Relevantes desafíos


La ampliación se retrasa. Los retrasos acumulados en el proceso de negociación, así como la redacción definitiva de todos los textos y el margen mínimo de un año para que los 25 Estados miembros ratifiquen los tratados de adhesión, han provocado que la primera fase de la ampliación se aplace hasta el 1 de mayo de 2004, cuatro meses después de lo previsto.

Pero esta ampliación no será como las anteriores: ni por el número de nuevas incorporaciones, ni por las especiales circunstancias de éstas. Las consecuencias serán enormes, y los riesgos para los actuales miembros, ciertos y nada desdeñables.

¿Cuáles serán, entonces, las repercusiones para la economía española? El presente artículo trata de responder a esta pregunta a través de las interesantes reflexiones recogidas en un trabajo publicado por el servicio de estudios de La Caixa, realizado por Carmela Martín, catedrática de economía de la Universidad Complutense de Madrid, y los profesores titulares de la misma universidad José Antonio Herce, Simón Sosvilla-Rivero y Francisco J. Velázquez.

 Un primer balance de los efectos generales
En conjunto, el balance de beneficios y costes de la ampliación que vislumbran para España los autores del estudio no es excesivamente halagüeño “porque nuestra economía ha realizado, hasta el momento, un esfuerzo tardío y mucho más tímido que la media de los Quince para aprovechar las oportunidades de exportación y de inversión directa que ha supuesto la apertura de los mercados emergentes de los PECO” (ver glosario).

Los doce países considerados tienen, en conjunto, una extensión equivalente al 33,5% de la de la Unión y una población de más de 105 millones de habitantes (el 28% de la comunitaria). De modo que la ampliación convertirá a la Unión en una de las zonas más pobladas del mundo. Sin embargo, el PIB de estos países supone solamente alrededor del 6% del de la actual UE, y su renta per cápita, ajustada por paridad adquisitiva, sólo alcanza el 34% de la media comunitaria. Por lo que, en términos productivos, la adhesión, aunque suponga un incremento del PIB comunitario, no podrá evitar una reducción de la renta per cápita media comunitaria.

Ahora bien, estos países han dado pasos enormes hacia la estabilidad macroeconómica y crecen a ritmos muy elevados. Además, poseen una mano de obra cualificada, por lo que resultan especialmente atractivos para la inversión extranjera directa

 El comercio con los PECO
La posición de partida de España no es, precisamente, la ideal. La participación de los PECO en el comercio extracomunitario de España (alrededor del 8%) es todavía bastante inferior a la del promedio de la UE (12%).
España ocupa una posición muy rezagada con relación a países como Alemania, Italia, Reino Unido, Francia y Austria.

Parece que la situación geográfica tiene algo que ver con la posición relativamente modesta de España en su comercio con los futuros miembros. Sin embargo, la distancia es sólo uno de los muchos factores que determinan las pautas del comercio internacional: aunque la lejanía de España con respecto a los PECO pueda ejercer una cierta influencia, hay que tener en cuenta que existen socios como Irlanda que doblan la cuota de participación de nuestro país, que se ve, asimismo, superado por otros como Chipre, por ejemplo. Y es que no hay que exagerar el papel de la distancia en una economía desmaterializada y con costes de transporte unitarios rápidamente decrecientes.

 Ventajas comparativas
De acuerdo con las conclusiones de los autores del informe ya citado, “España y los PECO compiten de manera creciente, en flujos y en similitud de bienes y servicios comerciables, por el resto del mercado comunitario, lo que sugiere, por tanto, que la ampliación puede afectar a las posibilidades de exportación de España a sus actuales socios de la UE”. En este contexto, observan “un deterioro gradual de nuestras exportaciones relativas en sectores, no ya convencionales, sino dinámicos y de alta tecnología”.

En opinión de Carmela Martín y sus colegas, los futuros miembros “adquieren esta progresiva ventaja gracias a dos tipos de factores, cuya creciente importancia no admite duda: la inversión extranjera directa, que eleva el nivel tecnológico de sus sectores, y las estrategias globales de las multinacionales, que los sitúa en un lugar de privilegio en las redes de suministro y abastecimiento de manufacturas y semimanufacturas”.

Se subraya, además, que “la proporción de comercio intraindustrial (ver glosario) es mayor en el comercio que realizan los candidatos con el resto de los actuales socios (un 28%) que en el que llevan a cabo con España. Parece, por tanto, que, en sus intercambios, se aplican en mayor medida a estrategias competitivas basadas en la diferenciación de los productos”.

Por el contrario, y ello es positivo, en su comercio intraindustrial con los PECO, España exporta bienes de mayor calidad que los que importa de estos países, aunque es verdad que con dos importantes matizaciones:

  • El transcurso del tiempo está modificando este hecho.
  • En determinados sectores, como la maquinaria de oficina o el material de transporte, los PECO están especializados en las gamas de mayor calidad.

 El impacto en el comercio
El informe de La Caixa evalúa el impacto del ajuste comercial provocado por la ampliación en una caída, a medio plazo, del 0,2% del PIB de nuestro país, si bien reconoce que, a largo plazo, los efectos de dicha ampliación serán positivos.

España tiene capacidad para incrementar sus flujos de exportación a los países candidatos. “La realización de proyectos de inversión directa constituye un factor de importancia para el crecimiento de las exportaciones. Por tanto, la evolución futura de las exportaciones españolas a los PECO va a depender, en buena medida, de la capacidad de nuestras empresas para abrir y consolidar canales de comercialización a través de la instalación de filiales, bien de capital totalmente español o bien en forma de joint-ventures, en estos países”.

 Impacto a través de la inversión directa
Los efectos de la inversión directa son aún más importantes que los del comercio.

En realidad, la libertad de circulación de flujos de inversión directa es una realidad desde la firma de los Acuerdos Europeos. De esta forma, la inversión foránea ha transformado, en muy poco tiempo, la estructura de ventajas y desventajas comparativas de los países candidatos. La estrategia preferente de las empresas multinacionales que se instalan en los PECO consiste en aprovechar sus ventajas de localización (ver glosario) para utilizarlos como centros de producción y exportación. El sector del automóvil es un ejemplo paradigmático, aunque no el único, de esta estrategia.

Con respecto a nuestra inversión en el área, el comentario de los especialistas es duro: “Las empresas españolas se sitúan en una posición escandalosamente baja del ranking, con un escueto 1,1% del total, que difícilmente se puede atribuir a otra estrategia que no sea la falta absoluta de estrategia”.

Los PECO poseen importantes ventajas a la hora de captar inversiones foráneas:

  1. Se encuentran geográficamente en el centro del continente, junto al eje países nórdicos-Alemania-norte de Italia.
  2. Cuentan con políticas decididas de apoyo a la inversión extranjera.
  3. Sus expectativas de crecimiento son buenas.
  4. En cuanto a costes laborales, ofrecen una mano de obra que, además, tiene un alto grado de cualificación.

En definitiva, el riesgo de que España pueda ser desplazada por los PECO como destino de la inversión extranjera directa es, según el estudio de La Caixa, elevado, a menos que se apliquen las medidas idóneas para potenciar las ventajas de localización de la economía española, especialmente,

  • “la mejora de las infraestructuras de transporte y comunicaciones, como vía para compensar las limitaciones de una ubicación que, con la ampliación, se hace más periférica, junto con
  • la intensificación de las inversiones eficientes para ampliar las dotaciones de capital humano y de capital tecnológico”.

España es, no lo olvidemos, una economía con una talla semejante, aunque algo menor, a la de los PECO en su conjunto y, entre otras semejanzas, dedica los mismos porcentajes del PIB que estos países a gastos de I+D (un 0,89%) y tecnologías de la información (un 2,1%).

El balance, en general, no es excesivamente optimista, pero el propio estudio abre vías de acción para reducir los costes y aprovechar las oportunidades.