Cuenta
uno de los capítulos de la más famosa novela en castellano, la del
hidalgo Don Quijote, cómo Sancho Panza expone al escudero del Caballero
del Bosque sus cualidades para “conocer vinos, que en dándome a
oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor, y la dura,
y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino
atañederas”. Y es que, le explica, “tuve en mi linaje por parte
de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció
La Mancha”.
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Miguel
Ángel Verdúguez |
También
en su linaje, otro manchego, Miguel Ángel Verdúguez,
tuvo antecesores en esto del vino, de esos que parecen transmitir
un don especial; un don que él afinó con un aprendizaje
completo de las técnicas y las artes del cultivo.
De cómo nacen las Bodegas Verdúguez
Habiendo asimilado
una tradición familiar arraigada, especialmente por parte
de un bisabuelo dedicado a la elaboración de vinos, Miguel
Ángel Verdúguez decidió abrir su propia bodega
en 1994. Enólogo y viticultor, comenzó vendiendo vinos
a granel, “preparados, clarificados y filtrados”, aclara.
“Empezamos en España, pero enseguida fuimos ampliando
el mercado e iniciándonos en la exportación”.
Los vinos a
granel se vendían, sin marca, a envasadores y comercializadores,
sobre todo en Francia, Italia, Reino Unido... “Así
fue al principio, pero una vez que fuimos viendo cómo funcionaba
el negocio del vino, decidimos apostar por los vinos de calidad”.
Como es sabido,
los vinos de calidad españoles cumplen una serie de requisitos
que les permiten llevar una denominación de origen, diferenciándolos
de los vinos de mesa -en la mayoría de los casos es así,
aunque últimamente están apareciendo vinos de calidad,
que no llevan la DO-. Si bien es cierto que estos requisitos de
calidad se aplican a toda la cadena de producción en la bodega,
la vid parece llevarse la mayor parte de la responsabilidad a la
hora de elaborar un buen caldo.
“Nosotros
tuvimos que transformar nuestras viñas. Pasamos de lo que
es la variedad tradicional de uva blanca que en La Mancha se cultiva
mayoritariamente, Layrén o Airén, a variedades como
Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Syrah, Merlot,… que eran las
que se estaban comercializando en el extranjero y que eran las más
conocidas. Así, nos fuimos metiendo en el negocio de los
vinos embotellados”.
De cómo Verdúguez llega al PIPE
Todo fue un proceso
en paralelo: de los caldos a granel, que ya exportaban, evolucionaron
hacia los vinos de calidad embotellados. Al mismo tiempo llegó
el PIPE. “Fue en 1999 cuando iniciamos la primera fase. Éramos
una empresa pequeña, que en aquel momento no tenía
gran potencial exportador, así que nos aceptaron en el programa”,
recuerda Miguel Ángel Verdúguez.
Con el PIPE
vino el despegue. “Lo primero que hicimos fue observar el
mercado europeo, después saltamos a América. Hicimos
algunos sondeos, aprovechamos algunas misiones inversas y localizamos
algunos distribuidores”. Actualmente Bodegas Verdúguez
tiene distribuidores e importadores en Bélgica, Luxemburgo,
Países Bajos, Alemania, Austria, Finlandia, Suecia, Noruega,
Dinamarca y trabaja en menor medida en Irlanda y algo en Francia.
Además ha entrado de lleno en América: Brasil, Colombia,
Costa Rica, Chile, México y Estados Unidos.
“Al estar
en el PIPE, trabajamos mucho con el ICEX, con las cámaras
de comercio y con las Oficinas Comerciales, que nos ayudaron muchísimo:
nos proporcionaban listados, nos aportaban datos sobre mercados,
nos aclaraban dudas, … En este sentido, la colaboración
de los becarios PIPE fue extraordinaria. Nos pasaban muy buena información
sobre empresas de los distintos países: sus direcciones,
sectores con los que trabajan, etc. Un segundo paso consistía
en acudir a los mercados que parecían ofrecer mayor potencialidad,
con visitas guiadas o con presencia en ferias, por ejemplo”,
declara el gerente de la empresa.
Toda esta información
les permitió diseñar la estrategia que mejor les convenía
en cada caso. “En Alemania, por ejemplo, arrancamos con un
distribuidor muy grande, pero no funcionó, y estamos tendiendo
hacia los comercializadores regionales que van cubriendo la zona.
Asimismo hemos entrado en los mercados regidos por monopolios: en
Suecia tenemos varios vinos metidos en el canal Horeca, también
estamos en Luxemburgo a través de un distribuidor del canal
de restauración; y en Finlandia, por medio de un gran importador,
conseguimos introducir dos vinos dentro del monopolio estatal. En
otros casos, tenemos varios distribuidores en un mismo país,
porque cada uno se encarga de unas marcas determinadas, como sucede
en Bélgica. En México tenemos el caso opuesto, donde
nuestro importador quiso, desde el principio, vender todas nuestras
marcas en distintos segmentos del mercado. Brasil ha sido un caso
difícil, porque el tema de registros de marcas es muy complicado,
así que tuvimos que buscarnos un representante que nos ayudara
en todo el proceso, que duró casi un año. La del representante
es una estrategia válida para los países latinoamericanos
porque ayudan mucho con todos estos procesos de normativas y adaptación”.
Llegados a este
punto, los planes de expansión de la bodega no acaban aquí.
En este momento están acometiendo la aventura asiática,
donde recientemente han localizado un cliente: un distribuidor japonés.
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