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TRAS LAS HUELLAS … INDUSTRIAS LÁCTEAS ASTURIANAS
La ruta láctea | 1 | 2 |


Anleo, en pleno corazón de Asturias, es un pequeño pueblo de casi 400 habitantes en el que, como en muchos otros lugares del norte de España, se respira tranquilidad. El paisaje mezcla campos y montañas con el cercano mar Cantábrico, lo que resulta un auténtico regalo para los sentidos. Asentado en un valle dividido por el río que lleva su nombre, este municipio fue importante en su momento por su producción agrícola y ganadera, e incluso, su fruta llegó a gozar de cierta fama en la comarca. Actualmente, Anleo no es popular por ninguna de estas razones sino, por ser la sede de la factoría de Industrias Lácteas Asturianas (ILAS), más conocida por su primer nombre y marca comercial, Reny Picot.

  Francisco Rodríguez, fundador

Francisco Rodríguez, su fundador y actual presidente, puso en marcha esta compañía en 1960. Él es toda una institución en la comarca, donde sus gentes aprecian su generosidad y la atención y el trato cálido y personal que ofrece. Sin duda, la fábrica de ILAS constituye una fuente de empleo y riqueza fundamental para la zona y esto es algo que sus habitantes valoran. En esta factoría trabajan unas 500 personas procedentes de toda la comarca, aunque esta cifra varía según la temporada.

Reny Picot comenzó como muchas otras empresas, con pocos medios pero mucha decisión. Fue el propio Francisco Rodríguez quien recogió personalmente la primera partida de materia prima. Con una motocicleta reunió 125 litros de leche, cantidad que contrasta con la actual capacidad de recogida de la fábrica, que es de 2,5 millones de litros al día y que a partir de marzo aumentará hasta los 3,5 millones de litros.

El nombre de resonancia francesa de la compañía, y su marca comercial, (hasta 1971 no se sustituyó por el de Industrias Lácteas Asturianas) fue una apuesta personal de su fundador, que pretendía optimizar la comercialización de sus quesos. Francia era en los años 60 un país muy bien valorado en España por la calidad y variedad de sus productos lácteos y Francisco inventó este nombre, afrancesado pero fácil de pronunciar en español, para fomentar la venta de sus primeros productos, quesos de pasta blanda tipo camembert y brie. A pesar del extranjerismo presente en su nombre comercial, la compañía continúa arraigada y fiel a sus raíces asturianas. Pertenece en un 84% a la familia Rodríguez y cada vez que la empresa se plantea establecerse en otro país o exportar a un nuevo mercado, la primera condición que se impone antes de evaluar la posibilidad es que no se ponga en peligro la casa matriz de Anleo.

Mirando hacia atrás, Francisco recuerda sus principios con alegría. Aquélla era una época “en la que teníamos mucha ilusión y escasos recursos”, pero afirma con convicción que “casi todas las dificultades se vencen cuando se tienen voluntad y entusiasmo, dos cosas que, por cierto, siempre deberían estar presentes en la vida del hombre de empresa”.

En los primeros tiempos, la producción de leche en España era bastante reducida, aproximadamente un tercio de la actual, y la industria láctea estaba poco desarrollada. En este sector, como en los demás, se tuvo que partir de una situación de postguerra muy difícil y el desarrollo en los primeros años fue muy lento. Francisco Rodríguez recuerda que “fue a partir de 1960 cuando los pasos que se dieron, empezando por la promulgación de la Ley de Centrales Lecheras y otras Industrias Lácteas, se hicieron más perceptibles. Y todo empezó a crecer al socaire de una economía que comenzaba asimismo a ofrecer cada vez más intercambio de trabajo. Me parece que en esa época aparece el Seat 600, que fue todo un símbolo del cambio de los tiempos”.

Poco a poco fue aumentando el consumo de leche y los españoles empezamos a comprar nuevos productos, como el yogur y otros quesos además del tradicional manchego. El sector experimentó un crecimiento notable “y esta situación de crecimiento, que trajo aparejadas mejoras de todo tipo en la calidad de la leche y los productos lácteos, empezando por el cambio experimentado por las formas y los medios para recoger la leche en las granjas, duró hasta el momento en que ingresamos en la Comunidad Económica Europea y nos ordenaron frenar en seco nuestra producción, congelándola al nivel alcanzado en 1983. Éste fue el nacimiento de las cuotas lecheras”.

En España siempre hubo una gran competencia en el sector lácteo y, en especial, ésta fue más fuerte durante los primeros años de la empresa debido a la situación de escasez existente en el sector. Francisco Rodríguez recuerda que en aquellos años la distancia entre algunas de las grandes empresas internacionales que estaban en España y el resto de la industria era muy grande. Sin embargo, “aunque esta diferencia, claro está, no haya desaparecido, es menos determinante desde el punto de vista tecnológico y de participación en el mercado. Digamos, además, que ésta es una competencia seria y leal, muy respetuosa con las normas”.

 Comenzar a exportar
A pesar de mantener un espíritu familiar, Industrias Lácteas Asturianas tuvo desde el principio una clara vocación internacional, lo que demostró comenzando muy pronto su expansión fuera de España. El primer lugar en el que se decidió implantar una filial fue México en el año 1980. La elección fue cuidadosamente estudiada ya que la correcta selección del lugar se consideró una cuestión fundamental para no hacer peligrar el equilibrio de la empresa. Los criterios que se barajaron fueron claros, debía de ser un país de habla hispana, con una considerable estabilidad política, una moneda sólida, susceptible de desarrollo y con un mercado amplio.

A estos criterios respondió México y Francisco Rodríguez afirma que no se han arrepentido de esta decisión. En el Estado de Chihuahua se constituyó una factoría, Industrias Lácteas Chihuahuenses, que actualmente tiene una capacidad de producción de 300.000 litros de suero desmineralizado al día. El presidente de Reny Picot lo recuerda así: “decidimos implantarnos allí con una fábrica de suero desmineralizado, que era un producto que la industria mexicana de alimentos infantiles necesitaba y que, sin embargo, no se fabricaba en el país. Es curioso que por entonces no habíamos emprendido todavía la experiencia exportadora desde España, tal vez porque no disponíamos de suficiente leche para ese menester y porque nuestro país no disponía de los elementos de ayuda a la exportación propios de la Política Agraria Común, que sí nos llegaron después de nuestra incorporación comunitaria”.

La entrada de España en la Comunidad Económica Europea, de hecho, supuso para la empresa un motivo de reflexión en cuanto al planteamiento de su actividad. Francisco Rodríguez tuvo claro que el desarrollo de la industria láctea en España iba a quedar congelado debido a las cuotas lecheras asignadas desde Europa. Por ello la empresa decidió que diversificar su actividad por países era la mejor manera de continuar creciendo. “Hay que tener presente un hecho en el que no se repara lo suficiente: cuando a la producción de materia prima se le pone un tope, todo crecimiento individual de la industria derivada tiene que ser a costa de la reducción individual o colectiva de una u otras industrias competidoras”.

Siguiendo esta filosofía, después de México vinieron otros países, Estados Unidos, Francia y China. La fábrica estadounidense se estableció siete años después de la de México. La Old Europe Cheese, en Michigan, tiene una capacidad de producción de 100.000 litros al día y allí se tratan quesos de pasta blanda y de pasta prensada, tipo brie, camembert, gouda, edam, manchego y fontina. La siguiente, en 1991, fue Le Chèvrefeuille en Nontron, Francia. La capacidad de producción de ésta es algo menor, unos 20.000 litros al día, y en ella se elaboran quesos de cabra. Por último, en 1995 Industrias Lácteas Asturianas adquirió Beijing Evergreen Dairy Products Corporation de Pekín, China, en la que se procesa leche en polvo, leche líquida, mantequilla, batidos, yogures líquidos y helados.

La dirección de Reny Picot sigue evaluando la posibilidad de asentarse en nuevos países. Este tipo de decisiones, por supuesto, son meditadas con gran cautela ya que un paso en falso podría ser fatal para la empresa. Francisco Rodríguez tiene muy claro cuál es la estrategia a seguir “analizamos las características del mercado y medimos las posibilidades de situarnos con el mínimo riesgo entre los demás competidores. Cuando se hace ese ejercicio, y dada la necesidad de dar prioridad al empleo de los medios, resulta que son muchos más los países que descartamos a priori que aquellos en los que existen expectativas favorables”.

Además de la presencia industrial en el exterior, la empresa mantiene desde España una corriente exportadora de diversos productos, mantequilla, quesos, leche en polvo y productos para la alimentación infantil. Según Francisco Rodríguez, “ésta ha sido la parte positiva de nuestra condición de partícipes en el gran concierto europeo”.

Actualmente, las exportaciones llegan a prácticamente todo el mundo. Europa, África, América y Oriente Próximo son los destinos de los productos de Reny Picot, lo que da una idea del alto grado de internacionalización alcanzado por la empresa. Cada zona tiene sus peculiaridades. A Europa, en concreto a Francia, Bélgica y Alemania, se envían fundamentalmente mantequillas especiales, destinadas a otros fabricantes, aunque poco a poco Francia y Alemania empiezan a comprar también productos elaborados para el consumidor final. A los países árabes y a Centroamérica se exporta principalmente leche en polvo en envases de grandes dimensiones y fórmulas infantiles. El mercado chino, por su parte, es bastante complicado porque para aumentar las ventas deben cambiar los hábitos de consumo y los productos se van introduciendo con mucha paciencia.

Francisco concluye que “para exportar desde España, los elegidos son los países más cercanos de África, debido a que el coste del transporte es un elemento de primera importancia. Para continuar implantando chimeneas propias, los países prioritarios son los de Hispanoamérica en general”.

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