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Antes de los atentados del 11 de septiembre, la economía
mundial había ralentizado
su desarrollo, aunque predominaba un enfoque
optimista a medio y largo plazo confiando en que el inicio
de la recuperación podría darse a partir del
segundo semestre de 2002. Sin duda, este panorama era tenido
en cuenta por las empresas españolas con actividad
destacada en los mercados internacionales e influía
en sus proyectos de internacionalización.
Sin
embargo, sobre este escenario se extiende ahora un manto
de incertidumbre en cuanto a la profundidad y duración
de esta ralentización económica. De modo que
a las empresas
españolas no
les queda más remedio que adaptar su estrategia a
las nuevas condiciones.
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