N.48
Diciembre 2001
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Confecciones Mayoral se mueve entre el segundo y tercer puesto en la clasificación mundial del sector de la confección textil infantil

 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE… CONFECCIONES MAYORAL  


>> Sastres de la alegría
Un autobús escolar. Un chaval con mochila en ristre. Su cara se va iluminando a medida que vislumbra desde su asiento las Grandes Praderas. Una reserva india va apareciendo en el horizonte. Un gran jefe sioux montado sobre su appaloosa, luciendo un suntuoso tocado de plumas de águila, obliga a parar el autobús. Los ojos de este muchacho y de sus compañeros parecen salirse de sus órbitas. El piel roja les invita a conocer su cultura, una cultura en perfecta simbiosis con la naturaleza. Una mezcla de alegría y embeleso envuelve a los pequeños... Es la gran aventura Mayoral.

Manuel Domínguez de la Maza
(en primer termino)
y
Rafael Domínguez
de la Maza

Este anuncio de la campaña publicitaria que Confecciones Mayoral desarrolló en televisión a lo largo de 1994, con la que niños de toda España viajaron a una reserva india de Estados Unidos, potenció con rotundidad la imagen de marca de esta empresa española dedicada en cuerpo y alma a vestir, según las tendencias que dicta el mundo de la moda, a los más pequeños de la casa, los niños, "la alegría personificada", parafraseando el símil empleado con frecuencia por Manuel Domínguez de la Maza, un malagueño que desde que cogió las riendas del negocio familiar apostó fuertemente por el reconocimiento de la marca Mayoral. Y fueron sus primeras acciones las más impactantes, las que sentaron las sólidas bases sobre las que poder seguir creciendo en todos los ámbitos.

Tanto es así que fue esta campaña, La gran aventura Mayoral, junto con la desplegada en los años 1996-1997, realizada en colaboración con UNICEF, la que más beneficios ha reportado a la empresa. Tal vez fuese por los innovadores recursos técnicos que incorporaban las imágenes o tal vez por su ambientación, lo cierto es que a muchos consumidores les costó creer que Mayoral fuese una marca española. "Todavía queda gente que se pregunta si somos una empresa estadounidense. El objetivo de la campaña no era ese, sino transmitir, a través de nuestras colecciones, el amor por la naturaleza, la importancia de la amistad y el valor de la aventura. Por eso, es también en estos años cuando se acuña nuestro eslogan Mayoral hace amigos", recuerda Manuel, reivindicando el carácter marcadamente mediterráneo de sus colecciones de prendas infantiles, sin dejar de hacer un guiño a su supuesto origen. Un rasgo que se ha ido acentuando a lo largo de los más de 75 años dedicados a la confección textil, al tener al mar Mediterráneo como fuente de inspiración.

>> Tricotando su propia historia
La larga historia de Confecciones Mayoral está repleta de idas y venidas de Yunquera, un pueblecito de la Serranía de Ronda, a Málaga capital y de modificaciones en su producción textil para adaptarse a la evolución socioeconómica que iba experimentando España. Situación a la que se pone punto y final en 1965, año en el que definitivamente se asienta en Málaga y apuesta por la moda infantil.

Sus orígenes se remontan a 1925 cuando Rafael Domínguez García, bisabuelo de Manuel y Rafael Domínguez de la Maza -actuales director de expansión y director comercial respectivamente-, instaló un pequeño taller dedicado a la confección de mantas, labor tradicional de Yunquera a principios del siglo XX. Unos cinco años más tarde, se traslada a Málaga, donde combina la producción de mantas con la de medias y calcetines. "Luego llegó la Guerra Civil y se estropeó todo"
-apunta Manuel-. En medio del conflicto se ve obligado a cerrar la fábrica, que reabrió al principio de la década de 1940 Francisco Domínguez Toledo, el hijo del fundador, quien también abordó de nuevo el traslado de la fábrica a la capital de la provincia en los años 60. Esta empresa, registrada bajo el nombre Domínguez Toledo, llegó a contar con una importante producción de calcetines y medias de algodón en los tiempos de la autarquía, pero la aparición de las fibras sintéticas por una parte y de las nuevas técnicas de producción por otra hace que entre en recesión.

Fue entonces cuando se recurre a la tercera generación. Rafael Domínguez de Gor, ingeniero textil de profesión, se hace cargo de una pequeña fábrica, sin deudas, pero con un crecimiento nulo. Para acabar con esta situación decide enfocar la producción hacia la confección infantil, un sector con enorme potencialidad: los niños tienen la necesidad de cambiar de ropa cada año y es necesario contar con una amplia gama tanto en tallas como en modelos. "Mi padre tomó esta decisión después de analizar el mercado, al observar que no existía ninguna empresa líder en el sector infantil y que desde los años 50 la tasa de natalidad no paraba de crecer. Además, su tecnología se adaptaba perfectamente a este sector y la comercialización se podía hacer a través del mismo equipo de profesionales que vendían los calcetines", recuerda Manuel. A partir de aquí, año tras año, la facturación de Confecciones Mayoral fue creciendo progresivamente, hasta principios de los años 90 en que la crisis general, agravada en el sector textil por el acuerdo multifibras, que suponía la desaparición paulatina de los aranceles, y por el descenso de natalidad, cuya tendencia se había invertido años antes, provocó una bajada de las ventas del 20% en dos años.

Y como ya pasó antaño, para solventar la situación se echó mano de la familia. Es entonces cuando entra en escena la cuarta generación con Manuel y Rafael Domínguez de la Maza como cabezas visibles y se fijan unos objetivos muy claros: incrementar los puntos de venta, aumentar la fidelidad de los clientes, mejorar la calidad y la atención al cliente y abordar los mercados exteriores. "En realidad -comenta Manuel-, nuestra primera experiencia exportadora se retrotrae a mediados de los años 70 en Alemania, Países Bajos y Bélgica, en un momento en que los trámites administrativos y burocráticos resultaban muy engorrosos al no pertenecer España a la CEE. Aunque inicialmente la experiencia fue positiva, al competir básicamente por precio, fuimos conscientes de que la posición de Confecciones Mayoral en los mercados internacionales era muy débil porque siempre podría llegar alguien que vendiera más barato, por lo que se decidió volcarse en el mercado nacional y mejorar el diseño y la calidad de las prendas".