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La imagen de la empresa española en Panamá es impecable.
España ha pasado a ser juzgada en la política comercial
panameña como igual o superior a los estadounidenses, que siempre
fueron nuestra referencia. Y esta percepción está cambiando
cada día más, a medida que van materializándose nuevas iniciativas
auspiciadas por empresas españolas.
- El
empresario español considera que toda América Latina es lo mismo
y no es así.
El panameño tiene un componente norteamericano de Estados Unidos,
no en balde han estado allí hasta hace poco, que nos hace aquilatar
más lo económico.
- Es
un error encomendarse a un representante único que lleva otras
firmas.
En un país
pequeño sería más conveniente implicar a otros agentes.
- Las
empresas españolas deberían buscarse socios locales.
Aunque sea
con un porcentaje pequeño, creando alianzas y dejando de ser
-al menos formalmente- una empresa española que trabaja en Panamá.
La empresa española se tendría que panamenizar, lo mismo
que las inversiones, estableciendo alianzas con grupos locales.
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Debiera darse una especie de mestizaje empresarial.
Trayendo
todos los aprovisionamientos de España, como se está haciendo,
lo cual es correcto teóricamente, no reciben la calidez que
quieren en sus relaciones con empleados y sindicatos.
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Regionalizarse no siempre va a traer beneficios.
Otra dificultad
que debiera subsanarse es la de llevar los negocios en Panamá
desde la central regional para América Latina que puede estar
en Miami o en Santiago de Chile. Esto está bien desde el punto
de vista operativo técnico, pero quizás no desde el corporativo.
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Nos gustaría que hubiera más facilidades para que la empresa
española vaya a Panamá.
Mas créditos
blandos y más apoyo de Cofides y del Cesce en sus respectivas
parcelas de financiación de inversiones y de aseguramiento de
créditos. Si el presidente Aznar ha visto en Panamá un aliado
importante en América Latina, ahora que seremos la sede del
Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA) e, incluso,
en relación con Estados Unidos, esperamos que la Administración
comercial española dinamice sus relaciones con Iberoamérica
en general y con Panamá en particular.
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