Hasta hace pocos años, las relaciones económicas entre los dos estados eran escasas y esporádicas. La mayoría de las empresas españolas no se sentía interesada en invertir ni exportar a una economía cerrada, inestable y fuertemente controlada por el sector público. El panorama se alteró sustancialmente cuando el escenario comenzó a mejorar. Hoy en Brasil cada vez son mayores el ordem e progreso (orden y progreso) con que reza su lema constitucional.

“El Gobierno ha sido muy serio en la aplicación de políticas de desarrollo económico, y eso se nota en la mejora de la situación del país”, asegura Gerardo Mochales, director de Comunicación Internacional y Marketing Corporativo de Acciona, compañía para la que Brasil constituye un mercado prioritario en su estrategia de internacionalización. “La estructura administrativa y jurídica ha avanzado notablemente en la última década. Hoy es un país muy seguro y cada vez más ágil”, añade.

Apuesta consciente por el desarrollo
Las empresas españolas comenzaron a interesarse por Brasil a mediados de los noventa, cuando el país comenzó a despertar del mal sueño en el que parecía estar sumido. En 1995, el presidente Cardoso activó el Plan Nacional de Desestatalización, mediante el cual sectores cardinales como las telecomunicaciones, la energía o el financiero abrieron sus puertas al capital extranjero y a las privatizaciones. Si entonces se puso en marcha el tren del progreso en Brasil, el gabinete de Lula da Silva ha terminado de encarrilarlo a través de una política económica ortodoxa. No en vano, en 2003, la compañía de asesores financieros Goldman Sachs incluyó a Brasil en el grupo de economías que consideran que dominarán el panorama mundial en el futuro: los países BRIC. Más relevante para las empresas españolas es su reciente consecución del Grado de Inversión (Investment Grade) por parte de la consultora Standard & Poor’s.

Además de hacer desaparecer las trabas a la inversión y al comercio exterior, el otro gran reto al que se enfrenta actualmente Brasil consiste en paliar la aguda desigualdad económica y social. El ejecutivo de Lula ha apostado seriamente por la consecución de una clase media cada vez más sólida, y a través de programas como el de Fame Cero (Hambre Cero) ha logrado que los ingresos de los más pobres aumenten sustancialmente. No obstante, la distribución de la renta está muy lejos de ser uniforme.

Un mercado seguro para invertir
El gigantesco tamaño de Brasil y su desigual concentración poblacional conllevan que las firmas deban adecuar su oferta a las necesidades particulares de cada área. Así, no es de extrañar que exista la línea de teléfono Ruralcel, específica para las áreas rurales más apartadas que no son atendidas por las líneas convencionales. Lo que sí sorprende más es que este servicio lo ofrezca una marca española, Telefónica, líder en las telecomunicaciones del estado más poblado de Brasil, el de São Paulo, con más de cuarenta millones de usuarios potenciales. La compañía desembarcó en el último lustro del siglo XX, cuando el sector de servicios estaba inmerso en proceso de privatización.

En esos cinco años, la economía brasileña se convirtió en el principal destino de las inversiones españolas en América Latina, en actividades punteras como las mencionadas telecomunicaciones, la intermediación financiera y la energía. Hoy, el ritmo inversor es menor, pero las multinacionales de servicios españolas, firmemente asentadas, siguen enfocando su expansión en las adquisiciones. El Banco Santander es buena prueba de ello. Las grandes firmas del sector de la energía apuestan con el mismo énfasis por un país con una gran riqueza de recursos. Repsol-YPF, por ejemplo, considera Brasil como “uno de los más importantes para el futuro desarrollo de la industria petrolera mundial”.

España es el cuarto país emisor de Inversión Extranjera Directa (IED) acumulada en Brasil desde 2001, sólo por detrás de los Países Bajos, Estados Unidos y las Islas Caimán. Sin embargo, la inversión está actualmente más enfocada a actividades manufactureras, lo que propicia el aumento de las corrientes comerciales entre empresas industriales. De todas ellas, las del sector de la automoción son las corporaciones más potentes y punteras.El Grupo Ficosa se instaló a mediados de los 90. Hoy controla el 50% del mercado brasileño de su línea de producto desde su planta de 13.000 m2 en el estado de São Paulo, cerca del polo de la automoción de Curitiva.

Aunque suene paradójico, las graves deficiencias en las infraestructuras brasileñas son también una oportunidad para los inversores. Ante este panorama, parece lógico que el Gobierno del estado vea prioritario dotarse de nuevas rodovías (autovías). Gerardo Mochales, de Acciona, opina que el planteamiento de las Administraciones brasileñas para hacer frente a las carencias “es muy inteligente”. Este se resume en que las instituciones se limitan a cubrir una pequeña parte de los presupuestos de las obras, dejando la otra en manos de las empresas privadas. A cambio, otorgan años de concesión de explotación de la infraestructura. “De esta forma, ahorran costes a la vez que aumenta el interés de las compañías extranjeras por invertir”, apostilla Mochales. Los estados brasileños han sabido aplicar esa política muy eficientemente, a través de las Parcerias Público-Privadas (PPP), sistema que rige la mayor parte de los proyectos de infraestructuras.

Con todo, la joya de la corona es el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), promovido por el Gobierno Federal. El programa está dirigido a afianzar el desarrollo del país a través de la modernización de las infraestructuras públicas y energéticas. El conjunto de medidas que lo componen abarca proyectos concretos de inversiones en infraestructura, estímulos al crédito y a la financiación de inversiones, medidas volcadas hacia la mejora del ambiente de inversiones y desgravación fiscal en sectores considerados prioritarios. Gracias a él, se espera atraer aún más inversión extranjera para que el país pueda crecer a un ritmo del 5% anual entre 2008 y 2010. El propio presidente Lula declaró, en una entrevista concedida al periódico Expansión el pasado mes de abril, que para lograrlo, confiaba mucho en la contribución de las empresas de nuestro país.

Así las cosas, no siempre hay una alfombra roja para los inversores españoles. Existe una serie de dificultades que al Gobierno brasileño le está costando atajar. La consejera económica y comercial de España en São Paulo, Inés Menéndez de Luarca, menciona “la tremenda lentitud y exceso de burocracia de la Administración brasileña, que unida a la complejidad del sistema tributario -lo que se ha venido a denominar Coste Brasil-, provoca serios perjuicios económicos a las empresas españolas establecidas en este país.”

Consumo in crescendo
Brasil se ha convertido en un importante destino para las exportaciones españolas, que han aumentado año tras año hasta situarse en los casi 1.500 millones de euros el ejercicio pasado. “Brasil es nuestro principal mercado en Latinoamérica. Para nosotros es una referencia tanto en el sentido de la exportación como de la importación”, admite Santiago Rodríguez, director de Marketing de Cosentino. El auge de la construcción y de los proyectos arquitectónicos hace que cada vez sean más demandados sus granitos transformados en la planta de Vitória, estado de Espirito Santo, pero también sus productos elaborados en España.

Uno de los factores que han impulsado la importación desde España ha sido la notable reducción y simplificación del sistema de aranceles. Hoy, aproximadamente el 85% de los productos que se exportan a Brasil están sujetos al Arancel Exterior Común (AEC) aplicado en todo MERCOSUR, que asciende hasta el 35% dependiendo de la referencia.

A pesar de las mejoras, los expertos insisten en que se debería agilizar la burocracia en los servicios de aduanas brasileños, así como solventar el problema de escasez de inspectores y las frecuentes huelgas en los puertos. Estas complicaciones obligan a las empresas a tomar medidas extraordinarias como mantener stocks estratégicos para evitar el incumplimiento de sus contratos o la falta de aprovisionamiento.

Tampoco la deficiente situación de las infraestructuras ayuda a agilizar la exportación. Para la consejera económica y comercial de España en São Paulo, “los puertos son los auténticos cuellos de botella del comercio exterior brasileño”. SOS-Cuétara es una de las compañías decanas en la exportación de sus productos a Brasil. “Brasil es un mercado de gran potencial pero con una elevada complejidad, entre otras cosas por la burocracia y la fiscalidad. Exige un considerable esfuerzo de tiempo y recursos”, lamentan sus responsables.

Pero, una vez superadas las barreras, las oportunidades son numerosas en el 7º mayor mercado del mundo por número de consumidores. Según palabras de Danilo Carvalho, Area Manager para Latinoamérica del Grupo Codorníu, “con la mejor percepción de la gastronomía, los productos agroalimentarios españoles disfrutan cada vez de un mayor reconocimiento. Además, los aceites, jamones, quesos y vinos pertenecen a las categorías más apreciadas por los brasileños”. La educación y los bienes culturales y editoriales se han visto igualmente fortalecidos con la mejora de la renta y las condiciones de vida. Vinculado a ello, el español es ya el idioma extranjero más estudiado en Brasil. “En este momento, es el segundo mercado en la enseñanza del español después de Estado Unidos”, comenta Antonio Navarrete, subdirector general del Área Internacional de la editorial SM.

Cada vez más cerca
Desde que en 2003 se pusiera en marcha el Plan de Asociación Estratégica Brasil-España, las relaciones bilaterales entre los dos estados atraviesan un excelente momento, tanto en el ámbito político como en el económico. No es exagerado decir que Brasil se ha convertido en el socio estratégico de España y de las empresas españolas en América del Sur. Han disminuido el desconocimiento y la desconfianza mutua, que se han tornado en respeto e incluso admiración. “España es considerada en Brasil como un país moderno, dinámico y alegre. En determinadas regiones la españolidad es un activo”, explican desde SOS-Cuétara. Xavier Gispert, de Ficosa, coincide: “Respetan mucho a España, ya que para ellos hablar de España es hablar de Europa.” Gerardo Mochales, de Acciona, incide por su parte en la importancia de cuidar la imagen: “Brasil es un país con un mercado de la comunicación muy desarrollado y con una visión muy creativa, donde una compañía puede labrarse una buena imagen de marca si sigue la estrategia adecuada.” Estos testimonios dejan patente que el Tratado de Tordesillas hace tiempo fue sepultado por el polvo de los años. Hoy es un espíritu renovado el que forja las crecientes conexiones entre dos modernas naciones, Brasil y España, destinadas a entenderse.

Brasil en cifras

Documentación
Country Report: Brazil
The Economist Intelligence Unit (EIU), abril 2008, 23 págs.; en inglés.

Country Profile: Brazil
The Economist Intelligence Unit (EIU), 2008, 54 págs.; en inglés.

Informe Económico y Comercial: Brasil
Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Brasilia marzo 2008, 58 págs.

Relaciones económicas entre España y Brasil
Alfredo Arahuetes y Célio Hiratuka, Real Instituto Elcano 2007, 370 págs.; en español y portugués.