Modernidad y tradición se entremezclan en Vietnam, un país que lucha por quitarse la etiqueta de nación en vías de desarrollo y aspira a convertirse en una de las potencias de Asia.

Vietnam es una de las economías asiáticas más dinámicas y, según el Banco Mundial, el país protagoniza “una de las más espectaculares historias de desarrollo económico”. Esto, unido al crecimiento demográfico, ha convertido a Vietnam en polo de atracción de la inversión extranjera. Hanoi, la capital, y Ciudad Ho Chi Minh, centro económico, son los principales puntos de interés.

En apenas unos años los principales núcleos de población han visto surgir nuevos espacios económicos, industriales, residenciales y de ocio, en un proceso que no ha hecho sino empezar. El lavado de cara de las ciudades vietnamitas es la consecuencia natural de la política de apertura política y económica conocida como Doi Moi que, tras más de 20 años en vigor, está logrando transformar la nación (ver El Exportador, nº 123). Por una parte Vietnam está pasando de ser un país con un marcado carácter rural a otro urbano; por otra, la economía centralizada se está abandonando tímidamente en favor de una más liberal. Esto se ha traducido en una expansión de las zonas urbanas y un aumento de la demanda de todo tipo de construcciones.

A pesar de su crecimiento, Vietnam, con sus más de 80 millones de habitantes, es uno de los países menos urbanizados del Sudeste Asiático y seguirá así al menos hasta el año 2020, cuando se espera que el peso de la población rural empiece a disminuir. Ciudad Ho Chi Minh, Hanoi y Danang son los núcleos que más se están desarrollando, aunque de distinta forma. Si en la primera la mayor necesidad es la construcción de oficinas, en la capital la prioridad es la vivienda. Danang, por su parte, se concentra en las infraestructuras turísticas. El Gobierno está haciendo esfuerzos por planificar este crecimiento.

Las ciudades vietnamitas se caracterizan hoy por el crecimiento desorganizado, los problemas de habitabilidad que sufre una gran parte de la población en sus hogares, la degradación medioambiental y la falta de infraestructuras básicas. No existen servicios de transporte público eficientes, la época de lluvias provoca frecuentes inundaciones y escasean las instalaciones para el tratamiento de aguas y basuras. El desarrollo económico y la inversión extranjera están cambiando el panorama actual, por lo que el país se encuentra en un momento idóneo para el arquitecto emprendedor.

Isaac Martín Barbero, hasta el pasado mes de agosto consejero económico y comercial de España en Ciudad Ho Chi Minh, considera que este es un momento idóneo para introducirse en el mercado: “Llegamos en el momento óptimo, lo suficientemente tarde para saber que esta es una apuesta de éxito y lo bastante pronto como para no encontrarnos el mercado saturado”, comenta. “En ningún sector hemos registrado tanta inmediatez entre las actividades organizadas por la oficina y sus resultados”.

No hay actividad que resulte más interesante que otra, y tanto el área residencial como el de oficinas y comercial ofrecen buenas posibilidades, especialmente en Ciudad Ho Chi Minh. El estudio Emerging Trends in Real Estate Asia Pacific 2008, realizado por Price Waterhouse Coopers, sitúa esta ciudad en el octavo puesto en la escala de ciudades más interesantes para invertir en el sector inmobiliario de Asia Pacífico. En él, además, figura como la primera ciudad en la que se recomienda comprar terrenos, ya sea para uso comercial, hotelero, residencial o comercial.

Sombras de crisis
El sector inmobiliario vietnamita se caracteriza por su falta de madurez y profesionalidad en el ámbito administrativo, legislativo y de los inversores. Muchas empresas se han introducido en el área de la construcción desviándose de sus negocios principales, explica el arquitecto Joshua Levine, arquitecto estadounidense afincado en Vietnam desde 1996 y socio fundador del estudio Real Architecture, y estas compañías suelen ser las primeras en asustarse cuando la economía empieza a flaquear. “El mercado estaba acelerado hasta hace un año, ahora está más parado”. La crisis internacional de crédito está relacionada con este fenómeno. Sin embargo, a su juicio, no hay que alarmarse. “Los inversores más experimentados se da cuenta de que a largo plazo esto pasará y están manteniendo sus proyectos”.

Para este año se espera una ralentización de la economía, sin que eso afecte a las perspectivas a medio y largo plazo y al interés de los inversores.

El empuje del residencial
La nueva Ley de la Tierra del año 2004, incentiva a los promotores a construir proyectos más planificados. El desarrollo de la vivienda ha pasado de estar guiado por el Estado a moverse según la voluntad del mercado, lo que ha originado un auge en esta área.

El florecimiento del sector residencial está relacionado con el aumento de la renta, el incremento del ahorro y la subida en los precios de las casas y el suelo.

Por otra parte, hay que tener en cuenta los cambios en el estilo de vida de los vietnamitas. El modelo de familia está cambiando y la vivienda, que aún hoy sirve también de taller, tienda u oficina, está dejando de ser sinónimo de lugar de trabajo.

Por otra parte, se debe recordar que los extranjeros aún no tienen autorización para comprar una casa en Vietnam. Una reciente medida aprobada por la Asamblea Nacional permite a ciertos grupos de extranjeros poseer una vivienda solo durante 50 años. Al término de este período deberán venderla o transferirla.

Se buscan arquitectos extranjeros
“En Vietnam está todo por hacer. Y Ciudad Ho Chi Minh hay que repensarla entera”. El arquitecto mallorquín Pep Vich, de CMV Arquitectos Asociados, resume con estas dos ideas su visión del país asiático. Los españoles son unos recién llegados en comparación con sus competidores franceses, australianos o coreanos. Los arquitectos extranjeros dominan el mercado y los locales apenas representan competencia en lo que se refiere a grandes proyectos. No obstante, es solo cuestión de tiempo que los arquitectos vietnamitas alcancen su madurez como profesionales y que surja un grupo con ideas innovadoras.

“Si buscan arquitectos europeos es por un aspecto puramente profesional, no porque esperen algo exótico de nosotros. Desde el primer minuto hay que presentar algo que interese al promotor; información directa y clara que no les haga perder el tiempo”, asegura Vich que ve en la paciencia y la presencia continua en el país la clave para conseguir más contratos.

Los arquitectos del consorcio 8AC, unión de cinco estudios españoles, también han hecho de los viajes frecuentes a Vietnam una de sus armas para convencer a promotores e inversores. Las otras son la fuerza que le otorga la unión de cinco estudios diferentes: más de 60 personas trabajando en total. “En Asia la dimensión de la empresa es importante, y algún estudio puede encontrarse con que es más pequeño de lo que el cliente querría”, puntualiza Isaac Martín Barbero.

La apertura de una delegación en Ciudad Ho Chi Minh es el siguiente paso en el establecimiento de 8AC y CMV, y una condición casi imprescindible para conquistar este mercado. En una actividad en el que la competencia por precio está fuera de cuestión, el elemento distintivo es la calidad en el servicio al cliente, definida como atención personal y capacidad de respuesta.

A la hora de planificar cualquier inversión es necesario tener en cuenta que Vietnam es un país que exige pensar a largo plazo y en el que las relaciones personales son de vital importancia.

Existen otras particularidades a tener en cuenta. “En Asia no existe la misma relación entre cliente y arquitecto, aquí predomina el aspecto comercial y de negocio por encima del diseño”, detalla Levine.

Por otra parte, el ritmo de trabajo es mucho más rápido que en España y las tecnologías y los materiales disponibles son más limitados. Finalmente, la legislación vietnamita establece que el arquitecto debe trabajar en colaboración con un ingeniero.

Los honorarios de los estudios en Vietnam son más bajos que en Europa, pero igualmente lo son los costes. “Contratar aquí obviamente es más barato que en Europa, pero que nadie piense que los salarios están por los suelos”, advierte. También es necesario recordar que el cliente que tiene como prioridad el precio probablemente no recurrirá a un arquitecto extranjero.

Concursos: manual de uso
Los concursos son una recomendable vía de entrada para el arquitecto que desee implantarse en el país, puesto que permite explorar el mercado e identificar a sus principales actores. Seguir con regularidad los principales periódicos en inglés (Vietnam News y Saigon Times Daily es la mejor forma de estar al tanto de las convocatorias de concursos arquitectónicos internacionales en Vietnam.

La legislación vietnamita establece que cualquier concurso, ya sea de un inversor privado o de carácter público, debe contar con la intermediación de un organismo especialista que se encargará de todo el proceso. Este puede ser por ejemplo una asociación del sector, una facultad de arquitectura o el Centro de Investigación en Arquitectura (ARC, por sus siglas en inglés) del Departamento de Planificación y Arquitectura de Ciudad Ho Chi Minh.

El proceso puede durar entre dos y tres meses, al término de los cuales se dan a conocer los ganadores. No debe sorprender sin embargo que al término del concurso el proyecto vaya a parar a un estudio no ganador en esta fase inicial: la de negociación posterior resulta vital.

Por lo legal
Un arquitecto extranjero que desee trabajar en Vietnam debe solicitar una licencia para firmar sus proyectos, a no ser que se asocie con un profesional vietnamita que firme en su lugar. Contar con un buen apoyo legal es imprescindible en este y cualquier otro negocio en Vietnam, puesto que las leyes están en permanente evolución.

Antes de la entrada de Vietnam en la Organización Mundial del Comercio (OMC) los estudios extranjeros no estaban autorizados a trabajar para compañías vietnamitas, sino solo para aquellas de inversión extranjera. A partir del 11 de enero de 2009, cuando se cumplan dos años del ingreso en el organismo, esta prohibición se levantará y los arquitectos no vietnamitas podrán trabajar en igualdad de condiciones que sus competidores nacionales.

Aun así, la asociación con un arquitecto local es una opción muy apreciada por los arquitectos españoles en proceso de implantación en Vietnam y los profesionales vietnamitas también lo consideran muy recomendable. Ayuda a introducirse en el mercado, a comunicarse con el personal local y a sortear las barreras del idioma. En esta situación, la responsabilidad del diseño recae habitualmente sobre el arquitecto extranjero.

Que las oportunidades florezcan en Vietnam no quiere decir que establecerse con éxito en el mercado sea fácil. Existen muchos factores que desaniman al empresario español, pero el que espere a que el país termine su proceso de modernización y apertura probablemente llegará tarde: Vietnam es un socio y cliente potencial muy codiciado.

Documentación
Urban Development Strategy
Alan Coulthart, Nguyen Quang and Henry Sharpe, ed. Banco Mundial, 2006, 60 págs., en inglés

Vietnam – Country Overview
Ed. Banco Mundial, junio 2008, 6 págs., en inglés