El avance de la “terciarización” -un término que habrá que acabar aceptando- parece imparable, sobre todo en las economías más desarrolladas, pero no solo en ellas, como pone de manifiesto el caso quizá más paradigmático en la actualidad, la India. Para muchos, la industrialización ya no es sinónimo de desarrollo, y la afirmación de que los países industrializados conforman el grupo de los países ricos empieza ya a no ser válida. Algunos van incluso más lejos. El experto en comercio internacional del portal español de internacionalización Iberglobal Roque San Severino, considera que “la producción industrial tecnológicamente avanzada ya no es un valor final de mercado sino un insumo, fundamentalmente, para el moderno sector de servicios”.

De qué estamos hablando
El macrosector de servicios es difícil de definir. Aparte de su amplitud, resulta muy heterogéneo, ya que engloba una gran cantidad de sectores con características en ocasiones muy específicas. Una posible definición podría desarrollarse a partir de la antítesis del concepto físico de producto. Aún permanece una cierta indefinición de la frontera entre productos y servicios, provocada por la “servicialización” de las industrias tradicionales, ya que se considera que del precio final de un bien, el 75% equivaldría a prestación de servicios.
De los bienes a los servicios
Varias son las causas del desarrollo del sector terciario, pero dos destacan sobre las demás:
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la fuerte especialización productiva, que ha llevado a la externalización de muchas actividades, especialmente los servicios.
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el proceso de deslocalización de las industrias de muchos países avanzados, cuyas economías se vieron en la necesidad de desarrollar los servicios como fuente de riqueza alternativa.
Además, los servicios a la producción otorgan a los productos un alto valor añadido, que los hace más atractivos a los consumidores.
El comercio internacional, dominado hasta época reciente por los intercambios de bienes, ha visto cómo el comercio de servicios ha ido adquiriendo un papel cada vez más relevante. Este nuevo papel se debe a la revolución de las telecomunicaciones, los avances tecnológicos, especialmente en los sectores en red, y los procesos de privatización y liberalización llevados a cabo en un buen número de países
Cabe decir, por tanto, que, en la actualidad, las sociedades más avanzadas son aquellas que disponen de los sectores de servicios más desarrollados.
Las cifras cantan
La importancia de los servicios en el ámbito internacional se refleja en su crecimiento. En el último año del que se dispone de datos, 2005, crecieron un 11% en términos nominales, suponiendo ya prácticamente el 20% de los intercambios comerciales globales.
En nuestro país, la aportación de este sector al PIB resulta apabullante. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), representa el 67,2% del valor añadido bruto (datos de 2005), y proporciona empleo al 65% de la población activa. Más de dos millones de empresas se dedican a él, generando un volumen de negocio superior al billón de euros.
Los ingresos por turismo (un 48,2% del total) crecen un 5,6%, pero los ingresos por el resto de servicios muestran un avance muy superior, nada menos que el 16,1 %.
No solo es cantidad
Desde un punto de vista cualitativo, otros aspectos subrayan su importancia, como por ejemplo:
- su capacidad de arrastre o de generación de exportaciones inducidas. La consultoría y la distribución comercial son ejemplos de sectores que tienen una clara incidencia en las exportaciones de otras áreas
- su capacidad de generación de imagen país. Pueden potenciar la imagen país en el exterior, entre los que cabría destacar la arquitectura, la ingeniería, las industrias culturales…
- su alto nivel tecnológico. La actividad de un buen número de empresas españolas punteras, que ha permitido su reconocimiento en el exterior y en consecuencia el de nuestra industria en su conjunto
La implantación en los mercados exteriores de las grandes empresas españolas, la mayoría de servicios, ha supuesto arrastrar consigo a muchos proveedores de servicios y productos. Dentro de estas grandes empresas, cabe destacar por sectores a la banca (BBVA, BSCH), seguros (Mapfre), telecomunicaciones (Telefónica, Indra), energía (Repsol, Endesa, Agbar) construcción (FCC, ACS, Ferrovial), inmobiliario (Fadesa, Metrovacesa, Acciona), arquitectura (Calatrava), hoteles (Barceló, Meliá, Riu), consultoría (Soluziona), seguridad (Prosegur, Eulen), editorial (Planeta, Santillana, SM), etc.
Sin embargo, un estudio muy reciente de la Fundación Alternativas señala que, pese a los avances liberalizadores de los últimos años, España mantiene una tendencia a la baja en el sector teóricamente más competitivo en las economías desarrolladas, sobre todo si se compara con EEUU. Una de las principales explicaciones de esta situación se encontraría, según el informe, en los niveles de productividad, que han retrocedido en nuestro país en el último decenio.
Barreras en Europa
También existen barreras sin salir de Europa, o más concretamente sin salir del tan ansiado mercado único. Otro estudio, esta vez de la OCDE, titulado Economía en la Unión Europea, subraya las dificultades para alcanzar un auténtico mercado europeo de servicios, debido a las diferentes normativas de cada Estado miembro, que complican la prestación de servicios fuera de cada país, y ello a pesar de que el desarrollo de Internet y el abaratamiento de los costes de las comunicaciones y de los viajes compensen en parte esta situación.
Aunque en Europa los servicios emplean a más dos tercios de la población activa, los intercambios intraeuropeos tan solo representan el 5% del PIB continental, y más de la mitad se atribuyen al transporte y al turismo.
En diciembre del año pasado, el Consejo y el Parlamento Europeo adoptaron una directiva sobre servicios que deberá entrar en vigor antes de 2009.
Queda un largo trecho por recorrer aún para contemplar una verdadera liberalización de los servicios, tanto en Europa como en el resto del mundo, pero las nuevas tecnologías en la era digital harán saltar sin duda muchas de estas barreras, hasta que el enorme peso actual de los servicios en las economías de los diferentes países tenga un reflejo a su vez en el desarrollo de un mercado de servicios auténticamente globalizado.
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