CAMBIOS A LA VISTA
Hacia un comercio más justo


El comercio mundial no ha parado de crecer en los últimos 50 años. Y lo ha hecho además a un ritmo espectacular que dobla al del crecimiento del PIB.

Este desarrollo tiene su origen no sólo en la mejora de las comunicaciones y los transportes, o en el intenso proceso de desregulación económica en todo el mundo. Se debe también a la existencia de un sistema multilateral de comercio: una suerte de reglas y normas comunes que regulan los intercambios entre países a escala mundial.

Y, aunque las perspectivas de crecimiento del comercio para este año siguen la tendencia de años anteriores, hay factores que pueden modificar los flujos comerciales.

Los defensores del libre comercio argumentan que las economías abiertas potencian el desarrollo de los países y su crecimiento económico. No obstante, la experiencia nos muestra que no todos los países se han beneficiado de la misma manera al abrir sus fronteras. Los desequilibrios de partida o la liberalización asimétrica explican estas diferencias.

De hecho, cuando nos referimos a comercio mundial, estamos hablando principalmente de comercio entre países ricos. Los países en desarrollo hacen frente a aranceles medios cuatro veces más altos que los países industrializados, aunque la mayoría de los aranceles que pagan lo hacen a otros países en desarrollo. Sus productos agrícolas, además, se ven desplazados por los de los países ricos, artificialmente competitivos al estar fuertemente subvencionados.

Pero el peso creciente de nuevos actores como China, la India o Brasil está provocando cambios importantes en el escenario de las relaciones internacionales. Los países en desarrollo exigen una revisión profunda de las normas que regulan los intercambios comerciales en el mundo.

La Ronda de Doha
La Ronda del Desarrollo, cuyo propósito es establecer un comercio mundial más justo, se encuentra en tiempo muerto. Doha supone una oportunidad única de reformar el sistema global de comercio a favor de los países en desarrollo.

En palabras de Pascal Lamy, director general de la OMC, “se pide a los países desarrollados que reduzcan las subvenciones a la agricultura y abran sus mercados a las exportaciones de otros países, y a algunos países en desarrollo que reduzcan sus aranceles de importación sobre los productos industriales procedentes de los países desarrollados y de otros países en desarrollo”. Pero la defensa a ultranza de los intereses nacionales ha dado al traste con las negociaciones.

Desde el revés de julio, los protagonistas están intentando reanudar esta Ronda. La Unión Europea se ha comprometido a alcanzar los objetivos sugeridos por el G-20 (ver glosario) de recortar a la mitad los aranceles para los productos agrícolas. Este compromiso es asumido por España.

Íñigo Febrel, subdirector general de Política Comercial de la UE en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio considera que las diferencias no son tan grandes como parece. “Es una cuestión de voluntad política”, señala. De todas formas, la Ronda no se reanudará hasta que EEUU lleve a cabo modificaciones en su política agrícola, para reducir las subvenciones a sus agricultores. Y esto, si es que sucede, no será hasta la primavera de 2007.

Multilateralismo vs. bilateralismo
No concluir la Ronda de Doha significaría una mala noticia para los países en desarrollo, ya que la alternativa al esquema multilateral de la OMC es la proliferación de acuerdos bilaterales de libre comercio, que algunos expertos consideran menos democráticos.

La negociación multilateral es la fórmula preferida por el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson. A su juicio, las negociaciones en el seno de la OMC suponen “una oportunidad única para multiplicar la apertura de mercados, más de lo que ofrecen los acuerdos bilaterales, ya que solo esta vía hace posible el refuerzo de las reglas internacionales y la reestructuración, de forma equilibrada, de las políticas agrícolas”.

No obstante, en los últimos años, se ha producido una tendencia al bilateralismo. De hecho, para algunos expertos, la combinación multilateralismo-bilateralismo ha sido bastante positiva desde el punto de vista comercial y es muy probable continúe en el futuro.

Consecuencias de la Ronda de Doha para los exportadores españoles
El futuro éxito o fracaso de la Ronda de Doha tendrá consecuencias en toda la comunidad empresarial, incluida la española.

  • Agricultura. La Política Agraria Común (PAC) fue establecida en 1957 para garantizar la autosuficiencia alimentaria de Europa, y hoy por hoy ha perdido su misión inicial. Aunque la agricultura supone tan solo el 3% del PIB europeo, la PAC se lleva el 42,2% del presupuesto comunitario, siendo España el segundo país receptor de estas ayudas. No obstante, si las negociaciones progresan, a partir de 2013 los agricultores españoles tendrán que exportar sin la ayuda de las subvenciones europeas. Para Rafael Pampillón, la Ronda de Doha afectaría a la agricultura española en una doble vía: “Los ciudadanos nos beneficiaríamos de una rebaja importante del precio de los alimentos. Además, supondría un menor gasto del presupuesto europeo. Podríamos destinar este gasto, que actualmente se dedica a subvencionar los productos agrarios, a otros objetivos más importantes”.

    Íñigo Febrel, Subdirector General de Política Comercial de la UE, considera que solo los sectores menos competitivos sufrirán. “La idea es que los países se vayan especializando en aquello que producen más eficientemente. Si a Europa le sobra mantequilla, pues no subvencionemos la exportación y dejemos que produzcan más otros que lo hacen mejor y más barato, como Argentina o Uruguay”.

  • Productos industriales y de consumo. Si finalmente se acuerda la rebaja de los aranceles más altos, saldrán beneficiados sobre todo los sectores exportadores que soportan picos arancelarios como son los textiles de algodón, el cuero, el calzado de cuero y los productos cerámicos. Santiago Revert, director de exportación de Gandía Blasco, una empresa valenciana del sector del mueble exterior, afirma que la liberalización comercial es tremendamente positiva, ya que abre puertas y reduce costes.

  • Servicios. Esta actividad por el momento solo representa el 20% del comercio internacional. Si se consigue un acuerdo ambicioso para la liberalización del sector, su peso en el comercio mundial crecería enormemente. Una mayor apertura al exterior puede beneficiar enormemente a España, ya que una gran parte de las empresas nacionales que se han internacionalizado pertenece a este sector.

 

CAMBIOS A LA VISTA
Sectores descontentos


La liberalización del comercio tiene costes a corto plazo. No es lo mismo estar arropado por subvenciones y protegido tras altos aranceles que competir en igualdad de condiciones con los productos de otros países.

Las primeras quejas al respecto surgieron por parte de la industria textil. Hasta 2005 no se le aplicaron plenamente las reglas de libertad de comercio, pero desde entonces, el incremento de las importaciones de textiles procedentes de varios países, y muy en especial de China, no ha cesado. La industria textil exige reciprocidad comercial.

En palabras de Víctor Fabregat, director del Centro de Información Textil y de la Confección “no puede ser que países con un gran potencial textil mantengan sus fronteras cerradas mientras se benefician de la apertura del mercado europeo”.

A esta reivindicación se han sumado otros sectores industriales europeos como automoción, química, electrónica, papel o metales no ferrosos.

Para afrontar la competencia de economías emergentes, los países desarrollados deben replantearse qué tipo de productos quieren exportar. En los productos de bajo valor es donde va a ser imposible competir con países donde los costes laborales son muy inferiores a los europeos. Sin embargo, pueden ofrecer calidad, innovación, diseño, marca, rapidez de suministro, etc.

Incertidumbres y amenazas
Según Pascal Lamy, director general de la OMC, “el sistema mundial de comercio se encuentra en una etapa de transición”.

Y, aunque se espera que el comercio mundial crezca en un 7% durante este año, hay nubarrones en el horizonte que pueden dar al traste con las previsiones. Algunas de las grandes incertidumbres son el precio del petróleo, las tendencias proteccionistas de algunos países y el posible fracaso definitivo de la Ronda de Doha:

  • Petróleo. Su precio ha sido el punto focal de los temores sobre una eventual crisis mundial. Según Rafael Pampillón, director del Área de Entorno Económico del Instituto de Empresa “un alza de los precios repercute en la capacidad de compra de los actores económicos y eso repercute en el comercio mundial”.

    Sin embargo, su repercusión en el crecimiento del comercio y en la actividad económica ha sido por el momento escasa. ¿Por qué? En palabras de Paul Isbell, investigador principal de Economía Internacional del Real Instituto Elcano “todo el mundo ha rebajado su uso del petróleo con respecto a su PIB”.

    Para Rafael Pampillón, la subida del petróleo tiene también efectos beneficiosos. “Los gobiernos y las empresas buscan alternativas que no sean tan caras. Eso es bueno porque diversificamos y no dependemos tanto de países convulsos de Oriente Medio.”

  • Tendencias proteccionistas. En un reciente informe del FMI sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, la organización advierte: “Desde el punto de vista multilateral, lo más importante es frenar las presiones proteccionistas que han aumentado en varios países”.

    Según Rafael Pampillón el intervencionismo económico debería tener en cuenta la “evidencia empírica de que los países más cerrados al exterior tienden a ofrecer niveles de vida mucho más bajos, a tener un mayor porcentaje de su población por debajo de la línea de pobreza y a disfrutar de menores libertades democráticas”.

  • Tardanza en relanzar la Ronda de Doha. El éxito de esta Ronda es muy importante para el crecimiento de la economía mundial y para la contribución al desarrollo y a la
    reducción de la pobreza.

    Sin embargo, a partir de 2007 las negociaciones serán más difíciles ya que finaliza el fast-track (ver glosario).

    El fracaso definitivo de la Ronda sería una mala noticia para la credibilidad de la OMC y del sistema multilateral de comercio, pero no tiene por qué suponer la fragmentación de la economía mundial. Eso sí, a falta de unas reglas comunes, los flujos comerciales se establecerían en base a acuerdos regionales, donde es más fácil que los países desarrollados impongan sus condiciones e intereses económicos al resto del mundo.

Quién es quién en el comercio mundial
La época en la que los intereses de las grandes potencias económicas mundiales marcaban la dirección de las negociaciones comerciales puede haber llegado a su fin y el peso del mundo en desarrollo es cada vez mayor. Los actores actuales en el comercio mundial están agrupados:

  • Países desarrollados: Unión Europea, EEUU y Japón. Son las grandes potencias comerciales y durante décadas han sido los líderes absolutos de las negociaciones. No obstante, el peso creciente de otros países está llevando a una nueva definición de su papel en el contexto mundial.

  • Países en desarrollo: China, la India, América Latina, Brasil, G-20 y G-90 (ver glosario). Son las tres cuartas partes de la OMC y sus reivindicaciones tienen cada vez más peso en el seno de la organización. De todos modos, no se trata de un grupo homogéneo, ya que engloba a países con muy diferentes grados de desarrollo. La OMC tiene identificados hasta 13 grupos de países que se han formado por intereses muy diversos, que les unen en ciertos capítulos de la negociación y les enfrentan en otros.

(La información presentada se ha extraído de un artículo elaborado por Celia Hernando Benito en el marco del curso de formación para becarios en periodismo especializado en internacionalización de la economía española del ICEX 2006-2007 y se puede consultar, en su versión íntegra, en la edición en papel de El Exportador.)

Documentación
From Seattle to Hong Kong. Are we getting anywhere?
Bhagwati Jagdish, 2005; en inglés.

El comercio mundial en 2005 y perspectivas para 2006
OMC, abril de 2006.

Perspectiva de la economía mundial
FMI, abril de 2006.