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El debate es amplio y está siendo objeto de continua discusión en nuestro país, tanto por causa de la implantación productiva de nuestras empresas en otros mercados como por la retirada de inversiones de empresas extranjeras instaladas en España.

Habría que comenzar por reconocer que la interdependencia económica, provocada por el aumento de los intercambios de bienes y servicios así como de los flujos internacionales de capitales, ha desembocado en un proceso de globalización mundial que hoy admite poca discusión. Países como China y la India han conseguido aumentar notablemente sus intercambios internacionales y ello ha venido acompañado por una aceleración en el crecimiento de su economía.
Sin embargo, quizás no sea tanto el intercambio de flujos comerciales como el de capitales por parte de estos países el que genere mayor debate en la actualidad. Y surge aquí una de las palabras clave de dicho debate: la relocalización (ver glosario), considerada en muchos casos como una amenaza.
Frente a los argumentos que contemplan la relocalización como un factor de riesgo, se puede considerar que este proceso tiene implicaciones positivas:
- La empresa ahorra costes.
- En el país de origen, si bien la consecuencia más inmediata es la pérdida de empleo, se gana eficiencia.
Los efectos de la relocalización son pues positivos si se adopta una visión a largo plazo.
La empresa española ante el reto de la relocalización
En el área de la inversión en el exterior, el grado de participación de la empresa española en el proceso de globalización es evidente: desde 1996 en adelante, la inversión extranjera en España se vio superada por la inversión española en el exterior, habiendo alcanzado su máximo nivel en 2004. En la última década, la inversión española neta en el exterior (ver glosario), incluyendo las Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros (ETVE) (ver glosario), se ha multiplicado por 53, pasando de 796 millones de euros en 1993 a 42.430 en 2004. Por lo que se refiere a la inversión bruta en el exterior, descontadas ETVE, los datos más recientes revelan que el pasado año creció un 52,7%, con un registro de 46.730 millones de euros.
Según datos de la UNCTAD, nuestro país es el cuarto inversor mundial y el noveno receptor de capitales extranjeros.
Estas cifras positivas de movimiento de capitales al exterior parecen una consecuencia lógica del crecimiento y modernización de España. Sin embargo, la capacidad de nuestro país para competir en precios y costes se ha reducido por varias razones, entre otras por:
- El progresivo grado de desarrollo de nuestro país y el consecuente incremento de costes de producción.
- La fijación de la paridad del euro, que ya no hace posible el recurso al tipo de cambio como instrumento para paliar la pérdida de posiciones competitivas.
- La adhesión a la Unión Europea de nuevos Estados miembros con patrones productivos similares a los nuestros.
- La aparición en el comercio internacional de competidores con costes de producción muy inferiores a los de España, como China o la India.
Ante esta nueva situación, ¿cómo pueden las empresas, y la economía española en general, hacer frente al proceso de globalización y beneficiarse de sus ventajas?
Desde la Administración comercial española, se señalan dos como los retos más importantes en el inmediato futuro:
- La necesidad de mantener un tejido empresarial competitivo, que pueda continuar compitiendo en precios mediante un incremento de la productividad basado en la utilización de las nuevas tecnologías.
- La necesidad de intensificar la presencia de empresas y actividades orientadas a mercados en los que la diferenciación de productos permita soportar mejor nuestros actuales costes y en los que la competencia se diluya más con base en otras características, como la innovación, la calidad y el conocimiento.
La empresa española ha de acostumbrarse a competir no sólo en precios sino también en calidad de producto y servicio. España dedica hoy importantes recursos a potenciar la tecnología y la I+D+i, pero aún debe realizar un gran esfuerzo inversor para alcanzar a los países más desarrollados en este ámbito (ver El Exportador Digital, nº 84).
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