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"¡Y aún no has visto nada de la producción!", repite Josep Lagares, su director general, mientras me guía a través del cerebro de Metalquimia. El edificio donde nos encontramos es el corazón de su valor añadido, de su know-how, en Gerona. La planta de ensamblaje se encuentra en la vecina localidad de Pla de l´Estany, a seis kilómetros. "Separar la producción de la materia gris ha sido un éxito. Hacer este cambio daba mucho miedo. Pero es el mejor acierto que hemos tenido", me dice. Aquí sólo se investiga, se diseña, se prueba, se construyen prototipos, se gestiona. Orgulloso como un padre que muestra las notas de su hijo, Josep se detiene ante la estantería que atesora los galardones a la innovación y a la exportación concedidos a la empresa. Dejamos atrás el departamento de ingeniería, la extensa biblioteca, el laboratorio, desafiamos al frío en la cámara frigorífica de la planta piloto.
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Josep Lagares |
Ya al aire libre, observamos el taller de prototipos, cerrado a cal y canto. Antes se construían en la planta ensambladora; pero como para muchos de los proyectos en desarrollo aún no se habían cursado las patentes, se habilitó un espacio propio anexo a la sede principal. El día de su inauguración -escucho-, hubo ocasión de degustar uno de los más finos jamones cocidos. Y no es de extrañar, porque de jamón cocido en Metalquimia saben un rato. El año del Apollo XV, 1971, Narcís Lagares padre ponía en marcha esta compañía, volcada en el diseño y la fabricación de equipamiento para la producción de productos cárnicos cocidos y marinados, como sistemas y accesorios de corte, cocción, embutición o masaje, entre otros equipos. La apuesta empresarial la continúan decididos sus hijos Josep y Narcís, con ánimos de que las generaciones venideras continúen andando el camino.
A la vista de la imponente catedral de Gerona, Metalquimia ha desarrollado en los últimos tres años un total de 25 nuevos productos; 22 de ellos están en fase de comercialización. Josep Lagares, que conversa con rapidez y seguridad, defiende este logro como un gran triunfo: "El promedio de éxito de lanzamiento de la mayoría de fabricantes de bienes de equipo está en torno al 40%". Más números: la empresa extrae el 70% de su facturación de productos que han desarrollado este último lustro, lo que indica que la innovación cobra cada vez más peso en su actividad. Anualmente, entre el 10% y el 15% de su facturación va a parar a I+D+i. A fin de apuntalar aún más firmemente su escalada tecnológica, han puesto en marcha varias alianzas estratégicas: con firmas de ingeniería y diseño industrial, para refinar sus técnicas en dichos campos, y con algunos de sus clientes, para desarrollar nuevos productos. Asimismo, han firmado un acuerdo de cooperación tecnológica con el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) para el desarrollo conjunto de tecnología y la formación de especialistas. También cabe mencionar, aunque ya dentro del campo de la modernización de los procesos de gestión, su participación con otras empresas de la zona en una experiencia de benchmarking para, basándose en la comparación, dar con las prácticas de gestión más eficientes e incorporarlas a sus respectivos negocios.
Metalquimia, dígame
No es de extrañar que la tecnología vuele tan alto en su estrategia de negocio: ha sido el factor responsable de la evolución del sector a escala global y de dibujar la raya que separa a unos competidores de otros. Los rivales han crecido y evolucionado casi de la mano, acompasados al tic tac de la ciencia y la técnica. Sin embargo, "el pez rápido se come al lento", distingue Lagares mientras describe a su competencia, estadounidense y holandesa. La mayor dimensión empresarial de sus contrincantes, explica, les resta flexibilidad ante los cambios y oportunidades del sector.
Presteza y vanguardia son, precisamente, los factores que llevan a este empresario gerundense a mantener una atención constante sobre el mercado estadounidense. A pesar de que la facturación del mercado europeo es mayor, es desde el otro lado del charco desde donde se bombea la sangre a la industria cárnica de todo el globo. ¿Razones? Su atención continua a las innovaciones tecnológicas allá donde se produzcan, su posterior adquisición y su efecto de irradiación a los demás mercados.
Acto seguido, Josep Lagares reconoce honestamente que sus máquinas son las más caras, pero defiende su tecnología, durabilidad y el servicio que ofrece la empresa. Porque, ¡no sólo de innovación vive el hombre! Junto a I+D+i, otro de los elementos que aporta valor añadido en el sector de bienes de equipo es la atención al cliente. Un factor de competitividad clave (ver El Exportador Digital, nº 84), en el que la empresa española, en general, aún no ha alcanzado el nivel que sería deseable.
"Por cada máquina vendida tenemos el equivalente a un historial médico. En muchos casos, la solución técnica la puede aplicar el cliente, ya que al ser en su mayoría grandes fabricantes, casi todos tienen servicio de mantenimiento propio. De cualquier forma, tenemos cuatro personas listas para coger el avión; es más, para prestar servicio en Europa nos han venido muy bien las aerolíneas de bajo coste. En lugares más alejados, nuestros distribuidores tienen técnicos especializados en nuestra tecnología". Con respecto a la solicitud de recambios, Lagares apunta que “el 85% se resuelve en 24 horas”.
También es frecuente que un cliente les pida dar una nueva vuelta de tuerca a un producto ya existente, para adecuarlo a su actividad o dotarlo de una determinada innovación. Ante esta situación, corresponde al departamento de ingeniería investigar el cómo y plasmarlo sobre el papel, y en digital. Después se construye el prototipo y se prueba su funcionamiento con la misma carne que empleará el cliente para la fabricación del producto final
Otra de sus líneas de negocio, muy importante a efectos de facturación y que ha de ajustarse perfectamente a los requerimientos del cliente, es el diseño y la puesta en marcha de plantas llave en mano. El proceso, que abarca de seis meses a un año, comienza con un diseño preliminar que maximice la eficiencia productiva de la planta en función de la superficie disponible. Tras las pertinentes modificaciones que permitan definir un proyecto final satisfactorio, técnicos y expertos en tecnología de la carne como veterinarios, biólogos o químicos se desplazan al lugar para materializar lo soñado por los ingenieros y el cliente.
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