Son ya 3.000 las empresas vinculadas al PIPE 2000 en sus
dos fases:
-
la primera, en el período 1997-2000, y
- la segunda, en pleno desarrollo actualmente, que abarca desde 2001
a 2006.

Como se recordará,
el Plan
de Iniciación a la Promoción
Exterior (PIPE) se
inició en julio de 1997 mediante un acuerdo entre el Consejo
Superior de Cámaras (CSC), las
Cámaras de Comercio, las Comunidades Autónomas y
el Instituto Español de Comercio Exterior con la intención
redonda de lograr 2.000 pymes exportadoras estables para el año
2000. De ahí la denominación PIPE 2000.
Ya en 1998, Mar Castro,
directora de la División de Programación
y Análisis, de la que depende en lo que al ICEX respecta
el PIPE, en una entrevista con El Exportador destacaba cómo
tras la experiencia exitosa del primer año de funcionamiento
las instituciones participantes en el PIPE 2000 habían expresado
su deseo de que la barrera del 2000, tanto en el número
de empresas como en fechas, fuera superada por la realidad.
Y así ha sido. En julio de 2001 se firmó el
acuerdo marco por el que las instituciones involucradas reiteraban
su voluntad
de continuar desarrollando el programa y lograr 3.000 nuevas
empresas exportadoras estables.
Durante 2001 y 2002
se han ido firmando los nuevos acuerdos, tanto del PIPE como
del Plan de Seguimiento, en las diferentes Comunidades
Autónomas.
Tres fases, tres figuras
En la primera
fase, en la que se elabora un autodiagnóstico pormenorizado
de la empresa y de sus posibilidades en los mercados exteriores,
la figura que acompaña a la empresa es el tutor,
vinculado a alguna de las instituciones que copatrocinan el PIPE.
Actualmente, el programa cuenta con un centenar de tutores.
Jimena Martínez de la Riva considera que “el tutor
permite a la empresa el manejo de una metodología de análisis
que generalmente ésta desconoce. Eso conduce a la realización
de un esquema de cuestiones prioritarias, tanto de gestión
interna, como de factores competitivos externos y situación
del mercado, y plasmarlas en un papel. Además, como el tutor
suele trabajar con uno o dos interlocutores dentro de la empresa,
el elaborar un documento escrito sirve para que las conclusiones
obtenidas se transmitan al resto de la organización.”
Juan José González Vallejuelo, también tutor
del programa, opina que esta metodología “debería
ponerse a disposición de todas las pymes, se internacionalicen
o no… Es una herramienta que permite conocer la realidad
de la empresa y sus posibilidades de desarrollo”.
Teresa Vigón, otra tutora PIPE 2000, considera que “este
análisis impide que el empresario magnifique o minimice
las cosas, haciendo que las vea como son en realidad, sin engaños.
Así, la empresa descubre que además de la intuición,
está el método”.
Tal como dice Adela
Giménez, jefe del Departamento de Nuevos
Proyectos, que gestiona el PIPE en el ICEX, “teniendo en
cuenta la creciente importancia que cobran las empresas de servicios
en la economía española y el cada vez mayor número
de incorporaciones al PIPE 2000 de empresas de este sector, se ha impulsado el desarrollo de una metodología específica
para ellas”.
El plan de internacionalización
Una vez que el análisis previo permite plantearse con rigor
la internacionalización, comienza la realización
de un plan director que dirija esta salida al exterior.
En esta labor,
el PIPE 2000 facilita a la empresa un especialista con más
de diez años de experiencia en trabajo relacionado con pymes
y más de tres años en comercio exterior, que recibe,
además, una formación específica en la metodología
del programa. Se trata del promotor.
Varios promotores señalan
para nosotros algunos aspectos sobre su labor:
- “Una de las claves de mi trabajo como promotora” dice
Valle García de Novales “es adaptarme a las peculiaridades
de cada empresa, a sus tiempos, y a los recursos con que cuenta para
alcanzar los objetivos marcados”.
-
Gonzalo Mijangos afirma: “Pretendo que nos perciban como
expertos procedentes del campo de batalla.”
-
Fernando Lumbreras insiste en la idea de que hay que ayudar, sobre
todo, a superar la falta de planificación y la ausencia
de seguimiento.
-
Por su parte, Carlos Pascual destaca que el trabajo del promotor
permite “mantener una disciplina en el tiempo que transcurre
hasta obtener resultados; hay que mantener la moral a través
de un sistema de trabajo.”
-
Miguel Morán estima que “sin la guía que supone
el programa y los promotores, lo más probable es que la
empresa diera muchas más vueltas para llegar a los mismos
resultados, con el consiguiente derroche de recursos que esto supondría”.
Tirarse a la piscina
Con el plan de
internacionalización en marcha, hay que salir al mercado
exterior. El PIPE 2000 cuenta con todo el apoyo de las Ofecomes
y, en los mercados que, en principio, pudieran resultar más
atractivos para las pymes que se inician en una actividad de exportación
sistemática y regular, incluso con analistas
de mercado especializados en el apoyo a las empresas
del programa.
Seis analistas PIPE 2000 y diecisiete becarios repartidos en diferentes Ofecomes,
se dedican básicamente a esta tarea.
En las diferentes evaluaciones
que se han hecho del programa, se ha constatado que el trabajo
de los analistas en el
exterior es el más utilizado y a su vez el mejor valorado
por las empresas PIPE.
La labor de los analistas
PIPE 2000 es, en primer lugar, proveer a la empresa de toda la
información necesaria para que defina
el posicionamiento correcto de su producto.
Posteriormente, y una
vez conocido el segmento al que se dirige la empresa, es fundamental
orientarla a los canales de distribución
correctos. Y es en una última fase cuando se le ofrecen
los contactos precisos y adecuados.
Como afirma
Delia Aurrebarrena, analista PIPE en la Ofecomes
de París, a menudo las empresas, en un principio, sólo
“desean obtener listados de potenciales clientes a los que
poder dirigirse a través de un mailing. Nuestra experiencia
nos dice que, en un mercado maduro y competitivo como éste,
no es posible exportar a través del correo electrónico
o del fax, sino que es necesario desarrollar una estrategia que
permita conocer el mercado
así como las formas de acceso al mismo”.
Beatriz Blázquez,
analista PIPE en la Ofecomes
de Londres, y Virginia Robledo,
que realiza el
mismo trabajo en Milán, también coinciden en que,
no obstante, con el aumento de la experiencia exportadora y del
conocimiento del mercado, se incrementa la demanda de servicios
de mayor valor añadido: informes comerciales, contactos,
estadísticas, formas de acceso al mercado, ferias, etc.
Mercados como
el francés, el inglés o el italiano pueden resultar
complejos para las empresas españolas. Por ello, Delia Aurrebarrena
recomienda desde París que “una vez que se ha trabajado
con la información que la Ofecomes ha facilitado, se lleve
a cabo preferentemente in situ su labor comercial de prospección
y venta. Si la empresa no puede hacerlo directamente, en muchos
casos se impone la intervención de un agente comercial”.
Virginia Robledo
desde Milán considera que la información sobre el
funcionamiento de la distribución en cada país es
fundamental, y permite a la empresa exportadora adecuar su esfuerzo
de marketing en función de ello.
Por su parte, Beatriz
Blázquez señala también
la dificultad para encontrar un buen agente, principalmente.
|