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La asociación
internacional Slow
Food ha iniciado una revolución silenciosa para que “productos
gourmet de elaboración tradicional no sólo
no desaparezcan sino que tengan viabilidad económica y, de
paso, eviten la despoblación rural originada de la falta
rentabilidad de actividades inherentes a él y mantener, así,
culturas milenarias”, apunta orgulloso el vicepresidente de
Slow Food Italia,
Roberto Burdese.

Gourmets
de todo el mundo pueden degustar exquisiteces gastronómicas
de cualquier rincón del planeta gracias a una red de distribución,
originada por la actividad de Slow Food, cuyos fundamentos son,
a partes iguales:
- la defensa
del patrimonio cultural de la humanidad,
- el equilibrio
alimentario,
- la defensa
de una explotación sostenida de la naturaleza,
- la viabilidad
económica de las pequeñas producciones agrícolas
y ganaderas.
Génesis de una revolución
Era el año 1986. Si en España años antes estalló
el escándalo de la intoxicación por aceite de oliva
adulterado, en Italia se producía uno parecido en torno a
la elaboración del vino de mesa.
“Fue un
hecho más de muchos que llevó a un grupo de amantes
de la gastronomía” explica Roberto Burdese “a
crear Arcigola,
una asociación sin ánimo de lucro y cuyo fin era luchar
por una alimentación de calidad”.
Tres años
después Slow Food obtuvo su definitiva acta de nacimiento
en París.
En la actualidad,
se ha convertido en un movimiento presente en 47 países,
algunos con un mercado gourmet tan importante como EEUU, Alemania,
Francia, Italia o Japón.
De hecho, uno
de los países en los que más crecimiento está
experimentando Slow Food es EEUU. En concreto, en California se
concentra la mayor cantidad de convivia
estadounidenses.
Uno de los principales
motivos de este éxito es, según palabras de Burdese,
“el creciente estado de opinión estadounidense contrario
al fast food y que está provocando un deseo de volver
a la alimentación tradicional”.
Si a todo esto
unimos la enorme importancia del sector gourmet estadounidense
no es de extrañar que el vicepresidente de Slow Food Italia
explique que “es un mercado muy prometedor para los productores
que siguen la estela de Slow Food”.
Tradición y viabilidad
En una hermosa cascina de la pequeña ciudad piamontesa
de Bra, tienen su sede las oficinas de Slow Food Internacional.
Y es en los
viñedos de Bra donde se ha gestado uno de los muchos ejemplos
de esta revolución silenciosa: “Hace 20 años
la mayoría de propietarios de viñedos vendían
sus productos para las grandes bodegas de vino Barolo
hoy, debido en parte al estado de opinión creado por la organización,
hemos conseguido que se multipliquen las firmas de vino de calidad
y que aquí se deje de envasar vino barato”.
Salón del Gusto
Entre las actividades que organizan las convivia de Slow
Food, la que tiene más eco entre los productores, distribuidores,
restauradores y consumidores finales es el Salón
del Gusto, certamen bienal celebrado en Turín.
El Salón
contó en su pasada edición con cerca
de 170.000 visitantes. En ella estuvieron presentes algunos productos
españoles como el jamón ibérico, representado
por el consorcio Real
Ibérico, y una cadena de restauración con un prestigio
tan reconocido como Sagardi.
Para la próxima
edición se esperan mayores cifras de afluencia
y una mayor participación española, gracias al crecimiento
de Slow Food España y a la estrecha relación de Slow
Food con importantes chefs de nuestro país.
Roberto Burdese
considera “ejemplar la labor realizada por jóvenes
cocineros españoles como Ferrán Adrià, Sergi
Arola o Isaac Salaberria” que están desempeñando
un papel muy activo. Y es que gracias a ellos se está constituyendo
la conocida como Nueva Cocina Española, aclamada no sólo
en el Viejo Continente, sino en EEUU, donde recientemente se publicó
un extenso reportaje acerca del tema en The
New York Times Magazine en agosto de 2003.
El gerente de Real Ibérico,
Miguel Ullibarri, señaló que “la filosofía
de Slow Food y el Salón del Gusto entronca con nuestra estrategia
de marketing. Es importantísimo que los socios y simpatizantes
de Slow Food nos reconozcan como un producto de primera calidad
para conseguir avanzar en nuestra estrategia de ser un producto
gourmet más y no competir por precio. En este sentido,
considero que nuestra participación en el Salón de
2002 fue un éxito, aunque no se puede mirar al corto plazo”.
No obstante, preguntamos
a Slow Food Internacional sobre la presencia española y observaron
aspectos a mejorar: “Los productores españoles tienen
todavía la asignatura pendiente de saber comunicar bien el
excelente trabajo que están llevando a cabo, la presentación
de sus productos y saber cómo dirigirse a los consumidores
del sector gourmet. Tengo la impresión de que tienen el mismo
lenguaje tanto para un mayorista de grandes superficies, como para
consumidores y pequeños distribuidores que priman la calidad
por encima del precio”, apunta Burdese.
Junto al Salón
del Gusto hay otros certámenes importantes:
- la feria
bienal Cheese, constituida en defensa de los distintos tipos
de queso que cuentan con la Denominación de Origen Protegida
(DOP). La última edición se celebró entre
los pasados 19 y 22 de septiembre en Bra;
- la Jornada
Internacional de la Garnacha, certamen anual dedicado a esta variedad
de uva mediterránea y cuya última edición
fue organizada por las condotte de Francia y España
el pasado 7 de abril en Tarragona.
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