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Lo
puso en solfa el maestro Jacinto Guerrero: “La rosa del azafrán
es una flor arrogante que brota al salir el sol y muere al caer
la tarde”. Con esta seguidilla, que forma parte de la zarzuela
La Rosa del Azafrán, nadie como él ha sabido expresar
con tanta gracia y precisión la esencia de esta planta eminentemente
manchega. Y aunque la copla continúa asegurando que “se
quiere al atardecer y a media noche se olvida”, lo cierto
es que esta flor efímera ha sido el detonante de una empresa
duradera, con más de 100 años de historia a sus pies,
Verdú-Cantó Saffron Spain, siempre vinculada al comercio
de una especia tan preciada como el azafrán.
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Blas
Herrero (en primer término), gerente y Patrick
de la Cueva, director de Marketing y Ventas |
“Tanto el cultivo como la comercialización del azafrán
tiene un componente sentimental del que resulta muy difícil
desligarse. Por eso, generación tras generación,
en Verdú-Cantó Saffron Spain se ha procurado profundizar
en el negocio de esta planta y extender el placer de su consumo
más allá de la Península Ibérica, mediante
la divulgación de la gastronomía española,
sobre todo de aquellos guisos en los que su aportación es
fundamental para el sabor final: la paella, la fabada o el pote
gallego, sin dejar de lado los nuevos platos de la cocina imaginativa
mediterránea, donde es un condimento esencial”, explica
su gerente Blas Herrero, quien asegura a su vez que “tal
vez por ser una empresa que no está ubicada en La Mancha,
su celo por el mantenimiento de su cultivo tradicional y el respeto
por el peso que tiene el azafrán en la cultura gastronómica
española es aún mayor que la media si cabe”.
Y es que esta empresa
dedicada al 100% al negocio del azafrán
es una empresa alicantina, de Novelda concretamente. Si bien en
la actualidad cuenta con plantaciones en La Mancha, que producen
azafrán con Denominación de Origen (DO) Azafrán
de La Mancha, durante muchos años se ha dedicado únicamente
a comercializarlo. ¿Cómo se ha producido este paso
fundamental en el devenir de Verdú-Cantó Saffron
Spain? “De forma pausada pero firme, gracias a la experiencia
en la selección, envasado y comercialización del
azafrán, acumulada a lo largo de 113 años de vida
de la compañía”.
Selección
personalizada
Los
orígenes de Verdú-Cantó Saffron Spain
se remontan a 1890 cuando José Verdú Cantó emprende
su primer viaje a caballo a La Mancha para seleccionar de entre
todos los cultivos las mejores partidas de azafrán y venderlas
por todas las localidades que iba pasando en su viaje de vuelta.
Envasado por él mismo en pequeños sobres de papel
para el consumo más inmediato y en cajitas de metal para
una mejor conservación de la especia cuando se solicitaban
grandes cantidades, la garantía del producto era su persona,
la confianza que en su capacidad de selección habían
depositado las gentes de los pueblos recorridos, que esperaban
sus visitas periódicas.
Por aquel entonces
la zona donde está ubicada Novelda era
una comarca pobre, por lo que sus habitantes se veían obligados
a buscarse la vida fuera de la región. Por imitación
unos de otros, muchos novelderos se centraron en la comercialización
de especias, persistiendo hoy en día alguno de esos incipientes
negocios de entonces (ver El Exportador nº 54).
La proliferación de novelderos en peregrinación
a La Mancha en busca del preciado azafrán, agudiza el instinto
comercial de Olegario y Antonio Verdú, los herederos del
negocio emprendido por su padre, quienes toman dos importantes
decisiones allá por 1920: resuelven dar un nombre comercial
a su negocio, Hijos de José Verdú Cantó, y
se aventuran a vender azafrán fuera de España.
“La intensa actividad del puerto de Alicante les puso sobre
aviso de la existencia de una creciente demanda de azafrán
en otros países y posiblemente trajera a algún comerciante
indio en busca de especias con las que poder suplir la insuficiente
producción de su país. Lo cierto es que es en estos
años cuando se establece una delegación comercial
en la India, concretamente en Bombay, gracias a un acuerdo firmado
con el señor Khutaw Ladha. Allí, después de
un largo viaje, llegan grandes recipientes de azafrán para
que el socio indio lo envase y distribuya localmente. Por otra
parte, también tenemos constancia de envíos a Japón,
Suecia o Canadá por esos años”, cuenta Blas
Herrero.
De hecho, el
negocio va cogiendo una dimensión cada vez
más exportadora hasta que la Guerra Civil trae consigo el
cese de las actividades de la empresa, que no se reanudarán
hasta 1940. Año en el que Jaime Verdú, con sólo
17 años, se pone al frente de la empresa junto a su primo
Antonio Verdú Payá.
Dar
nombre al azafrán
Ante
la abundancia de negocios dedicados al comercio de especias
que reanudan su actividad en Novelda y
ante la imposibilidad de mantener relaciones comerciales con
otros países, los empresarios novelderos del sector
toman una decisión eminentemente práctica: repartirse
el mercado nacional. De esta manera, se anularía la
competencia y podrían sobrevivir todas las compañías.
Dicho y hecho, a Hijos de José Verdú Cantó les
queda asignado el comercio del azafrán y otras especias
en Galicia y Asturias.
Son los años en los que la venta del colorante artificial
tiene su mayor apogeo, debido al elevado precio que en la posguerra
adquiere el azafrán, y uno de los primeros objetivos que
se marca la empresa es dotar de personalidad al azafrán.
Así nace la marca Pote y posteriormente Syren. La denominación
de la primera de ellas viene determinada por las regiones donde
se va a comercializar, “se eligió un nombre fácilmente
reconocible allí y que se relacionase con la alimentación
y con el uso del producto”, apunta Blas Herrero.
Son años en los que las dificultades se tratan de solventar
como buenamente se puede: “al recuperar cierta normalidad
se piensa en recobrar la tradición exportadora de la empresa,
pero hay muchos inconvenientes, así que, según me
han contado, se opta por sacar el azafrán de forma algo
irregular por Portugal y desde allí venderlo a otros países”.
Anécdotas aparte, este tiempo de inactividad exterior lo
aprovecha Verdú-Cantó Saffron Spain para dotarse
de una marca para competir en los mercados exteriores: Syren.
Y con Syren llegan las
primeras iniciativas promocionales serias del producto. Se diseñan diferentes envases metálicos,
cuya figura emblemática es una sirena que se está atusando
sus largos cabellos dorados frente a una flor de azafrán,
sostenida con su mano derecha a modo de espejo. Por su parte, la
marca Pote queda representada por la vasija redonda donde se guisa
la especialidad culinaria del mismo nombre. Embrionarias actividades
de la mercadotecnia actual que alcanzan su culmen con la comercialización
de un recipiente de latón elaborado en cuero, imitando un
bolso femenino de mano.
El bautizo exterior
de Syren trae consigo una redefinición
de la marca. “Nos damos cuenta que en los países árabes,
el logo de la sirena no resultaba decoroso por temas religiosos,
por lo que tras probar suerte con otras marcas de fugaz duración,
optamos por eliminar la figura femenina del diseño, manteniendo
el resto de los elementos florales. Por aquel entonces ya se tuvo
la visión de lo importante que era mantener una imagen de
marca global, identificable en los mercados exteriores”,
recuerda Blas Herrero.
Momentos
de cambio
Con
la incorporación a la dirección
de Francisco Durá Beneyto y José Antonio Amorós,
en la década de 1980, se vuelve a dejar traslucir la
vocación internacional de esta compañía,
constituyendo una sociedad dedicada únicamente a la
exportación, Saffron Spain. A la vez, transforman la
empresa familiar Hijos de José Verdú Cantó en
una sociedad limitada bajo el nombre de Sucesores de J. Verdú Cantó SL,
que se concentra en el desarrollo del mercado español.
Son años en los que se van impulsando nuevas líneas
de negocio y se sientan las bases para el desarrollo posterior
de la compañía. Así, se aumenta de forma progresiva
la capacidad de compra de azafrán en cosecha, asegurándose
un suministro estable a todos los mercados a precios competitivos,
se adquiere maquinaria especializada que permite diferentes presentaciones
de envasado y se incide en el control de la calidad.
Con la convicción de haber terminado una etapa, la tercera
generación decide pasar el testigo, no sin antes hacer una
reflexión sobre el futuro de la empresa ante la sucesión
generacional. Deciden poner al frente de la empresa a un equipo
directivo de profesionales, entre los que se encuentran algunos
descendientes del fundador, empleados con una larga trayectoria
en el seno de la compañía y personal técnico
contratado para tareas específicas. El objetivo: profundizar
en el proceso de modernización y expansión iniciado
por ellos hasta llegar a convertir a Verdú-Cantó Saffron
Spain en una firma de referencia en el mercado mundial del azafrán.
Decisión que vista desde fuera puede parecer drástica
y difícil de tomar, pero como asegura su gerente, “muchas
veces de iniciativas osadas depende la supervivencia de una empresa
familiar”. Así, la renovada dirección se mete
de lleno en el diseño de un plan de desarrollo estratégico,
que rompiese con la dinámica del trabajo del día
a día que había imperado hasta ahora en la compañía.
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