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Imagina telas |
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Ciento veinte años después, en 2001, esta empresa que fabrica y comercializa tejidos para la decoración, pilotada por la sexta generación que encabeza Vicente Aznar Orobal, ha vendido 15 millones de metros cuadrados y facturado 19,3 millones de euros (más de 3.200 millones de pesetas) en el último ejercicio fiscal. En parte es lógico, porque desde aquella fecha hasta hoy se han producido tantos y tan diversos cambios que la empresa se ha instalado definitivamente en ellos. “Hemos asumido el cambio como un valor constante y nos sentimos cómodos en él”, nos dice Vicente Aznar, director general, el alma del negocio, con 40 años al pie del cañón. De ahí no es de extrañar que el eslogan sea “el cambio como un valor permanente”. Cambio que, sin duda, ha sido favorable para esta empresa, cuya sede corporativa está, desde 1985, en Paterna (Valencia), a juzgar por la evolución de la plantilla en los últimos 20 años, que ha pasado en este período de 7 a 161 personas. Esta irresistible ascensión ha tenido como pivotes la innovación y el diseño “llenamos de ideas y color los espacios vacíos”. Pero quizás el sustrato radique en su política de reinvertir los beneficios, “invertimos en tecnología –adoptamos la normativa internacional ISO- e investigamos continuamente para mejorar nuestros productos”. Otro elemento que ha reforzado el dinamismo de la empresa es la reciente incorporación de la séptima generación, empezando por sus hijas Marisol (en 1997 en ventas) y Ana (en 1999 en diseño y comunicación) así como su hijo menor, Eduardo, en labores de marketing, que está trabajando para reunir los 4 años de experiencia que le piden para hacer el master en MBA en el Insead de Fontainebleau (Francia), la primera escuela de negocios europea.
Ya en 1998 se inauguraba la planta de tejeduría de jacquard (es un tejido más complejo, no liso, con ligamentos) en Bocairente, también en la provincia de Valencia, y se alcanzaba la certificación de la empresa de acuerdo con las normas ISO 9001 e ISO 14001. Estas acreditaciones eran una buena base para el V Plan de Internacionalización de Aznar Textil. En este mismo año, se levantaba un almacén inteligente en Paterna, contiguo a la central, de 7.000 metros cuadrados. Ya en el nuevo milenio, se procedía a la remodelación de las oficinas generales en Paterna donde se habilitaban 1.000 metros cuadrados en salas de exposición, unos llamativos show rooms; se creaba una identidad corporativa “sólo hemos necesitado dos letras para identificarnos -ZN-, igual que al tejido le basta la trama y la urdimbre para convertirse en una consistente realidad”, dice Vicente; se actualizaba la marca Bon Drap y se concebía una nueva marca, Enza, de visillos definida como “tela de luz”. “Desde los ochenta, Bon Drap ha firmado miles de colecciones de textiles para la decoración y cientos de productos confeccionados -fundas nórdicas, sábanas, colchas, edredones”-, nos explica con orgullo Vicente Aznar. Es una marca claramente posicionada en el mercado que está ya definitivamente asociada al diseño y la moda, tanto en las colecciones permanentemente renovadas, como en las novedosas lecturas de prendas clásicas: el bondraletto o la nórdica de jacquard”. Por otra parte, “Enza es una marca joven, que ha nacido para ofrecer al mercado colecciones exclusivas con referencias muy cosmopolitas. Quiere ser la marca de los gustos más exigentes y las sensibilidades más expertas”, añade.
La planta de tejeduría de Bocairente, inaugurada el 13 de mayo de 1999, fabrica más de doce millones de metros cuadrados de jacquard al año, lo que se traduce en más de 3.000 referencias de tejidos. Según Vicente Aznar, “la inversión realizada en tecnología punta -más de 2.000 millones de pesetas en los últimos cinco años- nos ha permitido situar a nuestras plantas entre las líderes europeas, tanto en los niveles de producción como de calidad conseguidos”. El trabajo se organiza en cinco turnos y el proceso productivo está gestionado por un sistema informático central que permite la máxima rapidez en los cambios de artículos para garantizar los plazos de entrega acordados. Los productos terminados -edredones, fundas nórdicas y sábanas- se confeccionan en la fábrica de Vallbona. Aquí están sus orígenes y, también, algunas de sus apuestas de futuro. Según Vicente, “los profesionales que trabajan allí se distinguen por el rigor con el que confeccionan cada prenda y el esmero con el que rematan cada detalle. Así ha sido posible presentar al mercado un acolchado fino que ha conseguido el éxito rápidamente”.
Una de las características de esta empresa es que está presente en las principales ferias internacionales del sector, una docena, empezando por la principal, la de Fráncfort (Heimtextil) y terminando por la de Shanghai. Complementando esta promoción, tiene un buen presupuesto de publicidad, que suele hacer en seis idiomas (entre ellos árabe, japonés y ruso). Precisamente, en los primeros días de octubre, cuando estuvimos en Paterna estaban exponiendo en la feria Index de Dubai (Emiratos Árabes Unidos). Según nos explica Vicente Aznar, la empresa vende sus marcas comerciales en 70 países, que es como decir en todo el mundo. Aznar Textil distribuye el 55% de su exportación en Europa, el 15% en el continente americano, el 11% en Asia, el 8% en países árabes, el 3% en África y el 8% en el resto del mundo. En el año 2002, la distribución de la facturación en la Unión Europea por canales es la siguiente: 48% mayoristas, 26% industrial, 13% minoristas, 7% cadenas de tiendas y 6% tapicería industrial. En opinión de este empresario a quien le gusta “trabajar creando equipo” y no sólo familiar porque cree en los profesionales comprometidos y motivados, los textiles técnicos, empleados principalmente en decoración no hogareña, “constituyen una línea de negocio de creciente importancia estratégica para la empresa”. Para ello el departamento de I+D+i desarrolla diversos proyectos para nuevas aplicaciones en el recubrimiento de espacios públicos, tanto estáticos como móviles, y así, sus telas ignífugas se están instalando en numerosos edificios de los sectores hostelero y hospitalario, todas ellas certificadas por Instituto Tecnológico Textil (AITEX). Además, añade, “algunos de nuestros productos están homologados por la norma de fabricación del interior de determinados vehículos de motor para su utilización en automóviles. Dichas homologaciones están realizadas por el Instituto Universitario de Investigación del Automóvil (INSIA)”.
“Si no es porque tenemos vocación clara, si el textil-hogar español fuera multinacional, ya habría desaparecido”, concluye convencido. Hablando de este sector, también ve con preocupación la subida del precio de la energía y la incidencia de un dólar alto para vender fuera de la Unión Europea, como es el caso de su empresa que exporta más de la mitad de lo que produce. Como resumen de su filosofía empresarial, contrastada por cuarenta años de duro trabajo, para Vicente Aznar “lo decisivo es invertir en tecnología, en procesos, en calidad de producto y en investigación para mejorar, o, lo que es lo mismo, la innovación y el diseño, posibles por la inversión e investigación, y el servicio al cliente son las claves para progresar en este mercado tan competitivo”. Según nos confiesa en un momento de debilidad –ante una apetitosa paella-, su sueño secreto es poner una tienda propia en la mismísima Italia. ALFONSO TULLA
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