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Ignacio
Echevarría, trabaja en la división
internacional de Cajamadrid, becario en la Oficina de representación
del Banco Santander en México en 1991. En ese año
las relaciones económicas hispano-mexicanas registraron
mucha actividad
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Debido a la celebración de la Expotecnia en
ese país y a la firma de un protocolo financiero
entre ambas naciones el año anterior. |
. El resultado fue "una avalancha de
misiones comerciales españolas, favorecidas por la
apertura de la economía mexicana, que provocó
que todos los becarios que estuvimos allí ese año
trabajáramos a destajo, teniendo que tomar decisiones
por nosotros mismos casi a diario".
Ángela
Escudero, técnico de formación
y promoción de la Junta de Extremadura, becaria en
Berlín en 1995. "Al principio partía
con más ilusión y predisposición que
con una vocación definida por el comercio exterior,
pero mi experiencia fue finalmente muy enriquecedora, ya
que sin olvidar el trabajo en la Oficina Comercial, Berlín
me ofreció un año inolvidable".
Manuel
Ferrer, managing director de Eagle Pacific Ltd.
Vietnam, becario en Singapur en 1993. "Gracias a esta
beca aprendí cómo está organizada una
Oficina Comercial y donde se podía obtener información
para los exportadores. Además, al permitirme estar
un tiempo en Asia, fue una gran oportunidad para optar a
encontrar un trabajo en la zona".
Ignacio
García Llacer, se ocupa de la gestión
de cartera de clientela privada del BNP París, becario en
COFIDES en 1995. Una de las ventajas de la beca es que el
contenido de las funciones que le asignaron era muy amplio,
mientras entre sus críticas destaca las pocas posibilidades
de evolución en su puesto.
Alejandro
Gómez Gil, director de Software Factory
Deusto do Brasil, becario en Brasilia en 1999. Solicitó,
por su formación, las becas de informática
y sus funciones
eran distintas
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Además de velar por el buen funcionamiento
del equipo informático, tenía que dar
soporte a los trabajadores de la Oficina y crear la
home page de su Ofcomes en Intranet. |
a las de los otros becarios de la Oficina.
Mientras duró la beca, fue consciente de que estaba
viviendo una etapa muy importante que le sería muy
útil en el futuro por el hecho de vivir fuera de
su ambiente, "lo que obliga a abrirse a otras culturas.
Precisamente ahí es donde radica el valor de la beca,
además de estar trabajando para el Gobierno y tener
suficiente dinero para vivir sin preocuparte de su carencia".
Javier
Laforgue, director de márketing de Renfe Talgo
of America, becario en Washington en 1994. "Adquirí muchos
conocimientos prácticos sobre el funcionamiento y la organización
de los organismos multilaterales de desarrollo con sede
en Washington y sobre las oportunidades de negocio para
las empresas en proyectos financiados por estas organizaciones.
El trabajo que desarrollé fue eminentemente práctico, en
contacto continuo con las empresas españolas y posteriormente
he tenido la oportunidad de aplicar muchos de los conocimientos
adquiridos".
María
Eugenia Martín Fernández, trabaja
en La Caixa, becaria en Estocolmo en 1999/2000. Opina que
las funciones y responsabilidades de cada becario al final
dependen mucho de la situación en la Ofcomes. "Por
las circunstancias concretas que había en mi Oficina
me sentí en muchos momentos con bastantes responsabilidades,
en ocasiones superiores a lo que yo hubiera esperado de
la figura de un becario".
Gonzalo
Martínez Olea, director asociado de Andersen
Consulting, becario en Los Ángeles en 1985. A pesar del
tiempo, sigue pensando que pedir esta beca fue una de las
decisiones más acertadas que ha tomado, ya que las enseñanzas
profesionales que adquirió durante su año en Los Ángeles
le ayudaron a madurar y fueron de mucha utilidad en su carrera
posterior. "Es un trabajo fuera de lo habitual, objeto de
interés cuando alguien escudriña tu currículum".
Myriam
Menchén, analista de mercados en la Ofcomes
en Lagos, becaria en Manila en 1997. A pesar de que el balance
de la beca es muy positivo, echó en falta un programa de
formación y de trabajo concreto, sobre todo por parte de
las empresas receptoras de becarios, y en alguna ocasión
un mejor seguimiento de su actividad por parte de la Ofcomes.
Fernando
Pablo Morillo, presidente de Golf Bricolaje,
becario del Ministerio de Comercio en Kuwait en 1975 y en
Bélgica en 1976. Su experiencia fue muy positiva: "Me sirvió
para conocer bien la Administración y el funcionamiento
de las empresas en el exterior. También para saber qué espera
la empresa privada de la Administración y darme cuenta del
potencial de ésta para ayudar tanto a las grandes empresas
como a las pequeñas, sin ánimos de intervencionismo".
Antonio Oporto,
presidente de Alstom, becario en Johannesburgo en 1981.
Aterrizó en Johannesburgo en un buen momento, ya que en
ese año Sudáfrica se benefició de la subida astronómica
del precio del oro subsiguiente a la segunda crisis de petróleo
de 1979. "Esto se tradujo en un gran interés de los exportadores
españoles por aquel mercado y ayudó a que la actividad en
la Oficina Comercial fuera febril". La beca le permitió
ahorrar el dinero suficiente para preparar la oposición
de Técnico Comercial del Estado, cuerpo en el que ingresó
en 1984.
Almudena
Polanco, departamento de compras de Enaco, becaria
en Caracas en 1997/98. "Globalmente la experiencia fue positiva,
pero había tanto trabajo con la demanda de información de
las empresas que no había tiempo para formarse en otras
temas tan importantes como financiación o garantías".
Inés
Queipo de Llano, responsable de logística de
Fun & Basics, becaria en Santiago de Chile en 1997/98. La
experiencia fue muy buena: "Desde el principio intentaron
especializarnos en lo que más nos gustaba para que luego
pudiésemos orientar mejor nuestra carrera". La posterior
estancia en la empresa no fue tan agradable, pero cuando
surgieron los problemas acudió al ICEX y "desde el departamento
de becas siempre me ayudaron en lo que podían hacer".
Enrique
Sánchez, director de la delegación de
Campofrío en Moscú, becario en Moscú en 1992. Su balance
en la Ofcomes fue muy positivo porque en la medida de lo
posible, intentó "realizar trabajos que implicasen algo
de creatividad y obligasen a estar en contacto con la gente
del país. Si no se busca esto, normalmente se desarrolla
un trabajo más administrativo y se puede perder la oportunidad
de adquirir una experiencia irrepetible".
Alfonso
Serrano, gerente de inversiones internacionales
de Unión Fenosa, becario en Washington en 1992. La beca
le sirvió "fundamentalmente para conocer el entramado existente
en torno a los bancos multilaterales de desarrollo: sus
procedimientos, peculiaridades y qué se puede obtener de
ellos".
Pilar
Zugaza, directora general de la Fundación Euroamérica,
becaria de la Cámara de Madrid en Buenos Aires y en Atenas
en 1976 y 1977. "Desde que terminé la beca hasta 1994 estuve
en Fomento de Comercio Exterior (Focoex) y después tampoco
me he apartado del sector". La beca fue un magnífico principio
para iniciarse en el comercio exterior y su balance personal
es muy positivo: "te da soltura para conocer países, gentes
y culturas diferentes".
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