|
>> Exportar
el "saber hacer"
MAPFRE América es la compañía del Sistema
MAPFRE (tal como se autodenomina este grupo empresarial español) orientada
exclusivamente a los seguros directos (excepto Vida) en los países de
América.
La compleja estructura del grupo se ha ido transformando conforme se ha
consolidado su actividad. MAPFRE tiene su origen en una mutualidad creada
en 1933 por un grupo de agricultores que quería asegurar sus riesgos en
régimen mutualista. Posteriormente, y tras una etapa de crisis, un inspector
de Hacienda, Ignacio Hernando de Larramendi, tomó las riendas de la Mutualidad,
impulsó su diversificación, en una primera etapa hacia el seguro de automóviles,
y configuró lo que llegaría a ser el actual Sistema MAPFRE, hoy
presidido por Julio Castelo Matrán. En la actualidad, el Sistema
está organizado en unidades operativas que cuentan con una amplia autonomía.
Dentro de la Unidad Internacional, existen a partir de abril de 1988 dos
sociedades holding; una de ellas es MAPFRE América y la otra pasó
a denominarse MAPFRE América Vida. Estas denominaciones corresponden a
las respectivas especializaciones y al hecho de que la presencia internacional
del grupo en seguros directos tiene como espacio fundamental América Latina,
aunque también existe presencia de MAPFRE en este campo en Filipinas,
Túnez y, muy especialmente, en Portugal. No obstante, en otros campos
de la actividad aseguradora como reaseguros, mediante MAPFRE Re que acaba
de crear una filial en Estados Unidos, o como asistencia en viaje, con
MAPFRE Asistencia -la 3ª ó 4ª empresa por importancia en el mercado mundial-,
la presencia internacional del Grupo es importante. En conjunto, el Sistema
cuenta con 170 sociedades mercantiles controladas directa o indirectamente,
de las que un tercio están domiciliadas en España y el resto en otros
países.
MAPFRE América recoge hoy la siembra que en los años ochenta realizó Ignacio
Hernando de Larramendi en América Latina. Parece lógico que la internacionalización
de un grupo de la envergadura de MAPFRE ha de responder desde sus inicios
a una planificación estratégica muy sofisticada. No es éste el caso.
 |
Ricardo Blanco,
director general de la sociedad, cuenta como Ignacio Hernando de Larramendi
conoció las posibilidades de los países americanos en sus visitas
para dar conferencias. Posteriormente, MAPFRE comenzó a distribuir
sus publicaciones "y esto fue muy importante porque nuestra editorial
ha sido la única que ha publicado libros especializados en temas de
seguros. Muchos directivos de empresas latinoamericanas estudiaron
con esos libros e, incluso, pasaron por aquí en período de formación". |
Este fue el germen y
después de una forma natural, por las afinidades culturales e idiomáticas
se fue haciendo el resto. "En principio -dice Ricardo Blanco- se tomaron
participaciones en contratos de reaseguros de empresas aseguradoras americanas
y se hizo de una forma un tanto especial en relación a como es habitual;
normalmente se hace a través de corredores y brokers de reaseguros.
MAPFRE siempre se planteó un contrato muy directo con los asegurados".
Fruto de las actividades de la editorial y de los reaseguros fue un buen
conocimiento del mercado y el contacto con muchos amigos. "Cuando MAPFRE
entró en los seguros directos en todos los países se abrieron las puertas;
no tuvimos que recurrir a bancos de negocios para situarnos en esos mercados,
incluso pudimos elegir entre varias opciones para asociarnos".
"Comenzamos tomando posiciones minoritarias, pero pronto nos dimos cuenta
de que si se quería realmente influir, hacer una transferencia tecnológica
importante, era conveniente participar mayoritariamente".
Sin duda, estas experiencias abrieron el camino a una planificación estratégica
más elaborada. "Desde el año 90 hasta ahora la política de MAPFRE ha sido
tener participaciones mayoritarias", filosofía que fue acompañada por
la orientación de implantarse en el mayor número de países latinoamericanos.
Las razones de esta decisión las sintetiza el director general de MAPFRE
América en el hecho de que la inversión necesaria para hacer la internacionalización
en Europa hubiera sido mucho más elevada, y sólo a cambio de conseguir
participaciones minoritarias, mientras que en América se tomaban participaciones
mayoritarias que, aunque lo eran en empresas más pequeñas, conducían a
un buen posicionamiento en el mercado.
|