Son muchas las diferencias del Vietnam actual con aquel otro de 1986 que vio nacer el Doi Moi, la política de apertura que ha favorecido el avance del sector privado y la entrada de capital extranjero.

Carlos García Lorente, socio fundador de Galo Arquitectos y visitante asiduo de la zona, se había dado cuenta del potencial del país durante sus viajes. “En un intervalo de dos años se intuía perfectamente que era un país que se estaba abriendo al exterior y la gente estaba (y sigue) deseosa de tener la oportunidad de poseer más cosas”. A pesar de que tres cuartas partes de la población aún subsisten gracias a la agricultura, la renta per cápita ha aumentado considerablemente gracias a una tasa interanual de crecimiento que se ha mantenido por encima del 8% desde 2005 hasta ahora. Un reparto bastante equitativo de la riqueza, que sitúa a Vietnam en ratios de igualdad de distribución semejantes a Europa o Canadá, parece garantizar que cada vez más personas se beneficiarán de los progresos.

Pero, de momento,  lo que llama la atención es el surgimiento de nuevos esquemas de consumo en el sector de la población más pudiente que hacen que podamos hablar ya de “un país profundamente marquista, un país donde uno quiere demostrar que su moto no es china sino japonesa. En los supermercados extranjeros los vietnamitas van huyendo de la marca blanca” según explica Isaac Martín Barbero, Consejero Económico y Comercial de España en Ciudad Ho Chi Minh hasta hace unas semanas. Esto sugiere que son los productos que llegan del exterior los que permiten satisfacer las nuevas necesidades de un público que los asocia a determinados valores de calidad y diseño. Aunque la clase media-baja también sigue esta tendencia a medida que incrementa su poder de compra, son las grandes ciudades de Hanoi y Ciudad Ho Chi Minh las que acogen a ese sector con mayor capacidad adquisitiva y gustos más sofisticados.

Hoja de ruta
Diferenciarse es, por tanto, el objetivo de las empresas que llevan sus productos a Vietnam. Es la clave del éxito en esas economías asiáticas, donde unos costes muy bajos abaratan el precio final de los productos nacionales. Es el caso de Bodegas Aragonesas, empresa que planea introducir sus vinos en el país y que tiene clara la estrategia a seguir. David Gimeno, area manager de Exportación, afirma que “el vietnamita no es un mercado para competir por volumen, sino por calidad. Seguramente no venderemos tanto como, por ejemplo, en el Reino Unido, pero sí podemos  conseguir altos rendimientos”.

Los bienes de consumo se ven afectados, porque los mecanismos para la protección de la propiedad intelectual aún no están perfeccionados y las copias y falsificaciones proliferan en los numerosos mercadillos del país. Frente a estas últimas, los productos extranjeros se ven encarecidos por aranceles, tasas y otros impuestos que desaniman a esa mayoría de consumidores aún sensible al precio, aunque el cumplimiento de los compromisos derivados de la entrada en la OMC en 2007 ya ha comenzado a introducir cambios importantes en todos estos aspectos.

Aun así, el éxito requiere todavía jugar con los valores de calidad y exclusividad y centrarse en aquellos que más los aprecian. En este sentido, como dice Isaac Martín, España “es una realidad distante pero muy potente y atractiva en esos elementos que se conocen”. Aunque la relación con los toros y el flamenco puede no ser muy útil a la hora de vender energías renovables o tecnología, podríamos beneficiarnos de la asociación al resto de países europeos y al know how occidental tan apreciado para el desarrollo de proyectos de infraestructuras y urbanísticos destinados a modernizar el país. Los vietnamitas “tienen claros los conceptos. Saben que un edificio debe estar protegido contra incendios, pero no saben cómo hacerlo y te piden que tú lo propongas. En Vietnam te permiten que pongas tú en la balanza la arquitectura y la normativa, siempre y cuando sea coherente”, afirma Carlos García Lorente. Pero esta confianza debe lograrse dejando siempre claros los estándares de calidad que constituyen el valor añadido que ofrece la empresa.

A toda velocidad
Si combinamos esta demanda de buenos profesionales que aporten soluciones con el carácter abierto y dispuesto a la colaboración de los vietnamitas, surge la duda de por qué son tan pocos los empresarios españoles que se han animado a entrar en este mercado, sobre todo cuando Vietnam cuenta con la ventaja de ser un “país en proceso de industrialización” como lo describe Manuel Valencia, vicepresidente de Técnicas Reunidas Internacional.

Además del energético, existen planes nacionales de desarrollo en todos los sectores y una serie de proyectos emprendidos gracias a que “en los últimos años han aparecido numerosas entidades financieras ofreciendo productos y servicios para cubrir las necesidades tanto de particulares como de la propia industria” afirma Alfonso Perea, director general de Fritta Vietnam, empresa española implantada en el país.

El objetivo gubernamental es que Vietnam sea una economía de renta media en 2012 y un país industrializado en 2020. Las mejoras de infraestructuras son un elemento fundamental para impulsar las comunicaciones y extender un desarrollo aún muy centrado en las ciudades a todo el territorio, así como favorecer el turismo. El establecimiento de líneas aéreas regionales de bajo coste ha contribuido a que, en 2007, el número de visitantes haya aumentado un 18% respecto al año anterior.

Alcanzar el ritmo
Sin embargo, el balance actual no es muy positivo para España: 5 inversiones productivas y 8 oficinas de representación en el país asiático y unas exportaciones de 97 millones de euros en 2007, cifra muy alejada de los 830 que alcanzaron nuestras importaciones.

Sin duda, la lejanía geográfica juega aquí un papel fundamental: “Las dificultades y los costes que impone la distancia entre España y Vietnam pueden suponer un problema para las empresas españolas, especialmente teniendo en cuenta el tamaño pequeño y medio que caracteriza a la mayoría de ellas” explica Isaac Martín.

Además, el empresario vietnamita valora la presencia continua en el país y proporcionar ese servicio de calidad supone gastos derivados de viajes constantes o desplazamiento de personal. Hasta hace poco, era necesario contar con un socio local para poder acceder al mercado y las empresas extranjeras que proporcionaban servicios allí veían limitada su actividad a ciertos campos.

Pero los nuevos requisitos de la OMC están relajando los reductos del proteccionismo, lo que no solo supone supresión de aranceles sino la eliminación de todas estas restricciones antes de enero de 2009. Como anticipo a la apertura de la distribución comercial a empresas con capital 100% extranjero, el año 2007 vio nacer la ley que regula el establecimiento de franquicias y 2006 la Ley de Inversiones que introdujo medidas de garantía para los flujos de capital foráneo (Ver El Exportador, nº 98). A pesar de esto, barreras de otro tipo hacen que todavía haya muchos que opten por buscarse un aliado nacional para penetrar en el mercado, por el conocimiento y los contactos que puede aportar. “En algunas ocasiones es necesaria la adaptación. Estamos hablando de un país asiático, con una cultura diferente a la europea, acostumbrado a formas de trabajo más convencionales y con un idioma complicado de entender, hablar y escribir” dice Alfonso Perea.

A pesar de las oportunidades que ofrece el sector público o el impulso que se pretende dar a las privatizaciones, el sistema aún adolece de cierta falta de transparencia a la hora de otorgar licitaciones o fijar impuestos, así como cierta complicación en algunos trámites administrativos o en aspectos legales como la protección de la propiedad intelectual. Pero las cosas han mejorado mucho y los compromisos internacionales muestran que las intenciones son más que buenas, lo que ha llevado a la OCDE a recalificar a Vietnam con un índice de riesgo 4 en lugar del 5 anterior.

Además, la existencia de ciertos inconvenientes no parece un motivo suficiente para despreciar un mercado tan prometedor; tan solo hay que buscar la ayuda adecuada: “Toda implantación en un nuevo país requiere su tiempo e implica dificultades y, por supuesto, nosotros encontramos problemas burocráticos y legales, pero Fritta contó con los servicios de un gabinete jurídico y fiscal para realizar todos los trámites legales hasta la implantación total del proyecto”, explica su director general, Alfonso Perea.

La Administración española lleva tiempo intentando promover las relaciones comerciales con Vietnam. Varias visitas de carácter diplomático han cristalizado en tres Programas de Cooperación Financiera, un Acuerdo de Cooperación Turística, un Acuerdo para Evitar la Doble Imposición, y uno para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones. El ICEX organizó en 2007 10 misiones directas y una inversa y llevó a cabo 4 acciones indirectas, además de otorgar ayudas a las empresas que decidieron comenzar la actividad exportadora. Entre los últimos eventos cabe citar un Foro de Inversiones, unas Jornadas Técnicas de Arquitectura y un Encuentro del Vino Español, todos ellos enmarcados en esta política destinada a promover el conocimiento de este atractivo destino para los negocios dentro de nuestras fronteras.

Imprevistos en el camino
Pero, como no todo pueden ser luces, el aumento del consumo y las nuevas demandas tienen también sus peligros y, en los últimos meses, la economía vietnamita ha comenzado a sobrecalentarse. La inflación alcanzó en el mes de julio el 27%, la más elevada de Asia, impulsada por el aumento del precio de la energía y los alimentos, y el déficit comercial se incrementó hasta los 15.000 millones de dólares en el período enero-julio, al aumentar las importaciones en más de un 50%.

De hecho, la mayor inestabilidad macroeconómica de los últimos meses y un patrón de desarrollo con frecuentes altibajos, que dificulta un avance lineal, son algunos de los aspectos negativos de este país. Fernando Navarro, director general de Icona Café, destaca que “se está comenzando a vivir un momento difícil que seguramente es la consecuencia de un crecimiento muy acelerado en los últimos años y por supuesto, como todo el mundo, los vietnamitas están sufriendo la crisis del petróleo. Creo que a corto plazo deberán ocuparse de consolidar su economía controlando inflación y moneda para conseguir que los inversores no pierdan la confianza”. Esta es también la opinión de organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial que, en junio, destacaron la necesidad de detener este proceso inflacionista, toque de atención que el Gobierno tuvo en cuenta al introducir medidas como el control del gasto público, la aplicación de un tipo de cambio más flexible y una nueva subida de los tipos de interés, la tercera en lo que va de año. Estas iniciativas implican reducir el crecimiento previsto del 8,5% al 7% (el Banco Asiático de Desarrollo (BAsD)), una tasa positiva en toco caso si se alcanza de forma simultánea a la estabilidad.

Por lo demás, la deslocalización de las industrias de países vecinos a Vietnam o los grandes proyectos emprendidos por empresas extranjeras durante 2007 parecen un síntoma de que el camino hacia el progreso iniciado hace poco más de 20 años va a tener continuidad. Los que ya están allí lo tienen tan claro como Bernardo C. de Pablo, de Galo Arquitectos: “lo que va a pasar es que Vietnam, junto con Camboya, va a ser el próximo país emergente después de China y la India. El hecho de que la situación política de Vietnam haya sido la que era y ahora haya cambiado sobre todo desde el punto de vista económico, ayuda mucho porque hay gente en el país que está ávida de colaborar con gente de fuera”. Un factor fundamental que anima a marchar a la par que este nuevo tigre asiático.

Vietnam en cifras

Documentación
Country Profile: Vietnam
The Economist Intelligence Unit (EIU), 2007, 49 págs.: en inglés.

Country Profile: Vietnam
The Economist Intelligence Unit (EIU), abril 2008, 20 págs.: en ingles.

Ficha País: Vietnam
Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), febrero 2008, 4 págs.