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Sin despreciar esa minuciosidad y paciencia que ha caracterizado a los polacos durante generaciones, Polonia ha emprendido un viaje sin billete de vuelta. La fecha de salida podría buscarse en 1980, con la creación del sindicato Solidaridad, o en 1989, con las primeras elecciones parlamentarias. Sin embargo, el día en que Polonia suelta definitivamente las amarras es el 1 de mayo de 2004, fecha de entrada en la UE.

Europa, Europa
Desde la entrada en la UE el PIB polaco ha crecido de manera sostenida alcanzando su mejor registro durante 2006 con un 6,1% y las perspectivas para este año son, incluso, más optimistas. De hecho, el consumo individual ha aumentado de manera espectacular durante los seis primeros meses y el ritmo de crecimiento del PIB llegó al 6,7% en el segundo trimestre. Si estas cifras las enmarcamos en un contexto de descenso acelerado de la tasa de desempleo y una inflación severamente contenida a apenas un 1%, se puede afirmar que la economía polaca marcha por la buena senda. Sin embargo, desde la propia Agencia de Inversiones Polaca (PAIiIZ) se cuidan de lanzar las campanas al vuelo.
A pesar de haber reducido el déficit público al 3,4%, los esfuerzos de las autoridades polacas parecen insuficientes. José Jaime Bernárdez, consejero jefe de la Oficina Económica y Comercial (Ofecomes) de la Embajada de España en Varsovia, considera que “la corrección del déficit implica una reforma completa del sistema fiscal y de la seguridad social, ya que, en estos momentos, el mercado laboral polaco soporta una cantidad de cotizaciones muy alta tanto para empleador como empleado”.
La otra gran incógnita es, al mismo tiempo, la gran oportunidad para la economía polaca. Las enormes esperanzas levantadas por la entrada masiva de los fondos de la UE generan, a su vez, serias dudas y controversias sobre la habilidad de las autoridades para gestionar los 85.400 millones de euros. Si bien existe un consenso general sobre cuáles han de ser los destinos de esos fondos, una legislación anticuada y unos procedimientos lentos retrasan, en muchos casos, la puesta en marcha de muchos proyectos.
Sin embargo, las autoridades polacas, conscientes de estos desajustes, buscan soluciones. Un buen ejemplo es la adopción este pasado verano de un anteproyecto de ley que simplifica y mejora los procedimientos de colaboración público-privada (PPP). La propuesta esconde un detalle revelador: han sido las propias ciudades de Varsovia, Cracovia, Poznan, Wroclaw y Gdansk, todas ellas co-organizadoras de la Eurocopa, las que han presionado para la reforma de esta ley.
 Los puntos en el mapa
Polonia es un país fuertemente especializado regionalmente. La proliferación de clusters industriales ha favorecido particularmente la atracción de inversión extranjera directa (IED) en los últimos años. Según el Banco Nacional de Polonia durante 2006 el flujo de IED alcanzó los 11.093 millones de euros, un 44% más que en el año anterior. Al margen de un crecimiento significativo de las inversiones procedentes de Japón, el 82,7% del total proviene de países de la UE. España, ocupando el puesto decimotercero en la clasificación de posición inversora. Sin embargo, como señala Wojciechowski, presidente de la Agencia de Inversiones Polaca (PAIiIZ), “la actividad en el sector agroalimentario o en infraestructuras sigue siendo muy intensa, por lo que creemos que todavía queda un importante trecho para que las empresas españolas puedan recuperar el tiempo perdido”. Asimismo, para apoyar la atracción de IED, existen también las llamadas 14 Zonas Económicas Especiales, las cuales, repartidas por toda la geografía polaca, ofrecen precios especiales en los terrenos y ventajas fiscales para el inversor.
No obstante, no es lo mismo la teoría que la práctica. El exceso de burocracia, lastre de la Administración polaca que se resiste a caer, no facilita, en algunos casos, la inversión en el país. Sin embargo, entre las experiencias más recientes se empiezan a respirar nuevos aires que certifican una mejora en este punto.
En la decisión de realizar una inversión productiva en Polonia se debe estudiar detenidamente la cobertura geográfica que se desea alcanzar. “En un radio de 800 km alrededor de Varsovia se encuentran once países diferentes. No cabe duda de que Polonia puede servir de plataforma para trabajar estos mercados”, explica Jaime Sánchez, agregado comercial de la Ofecomes de Varsovia. Tanto si se pretende acceder a otro país como si se prefiere centrase en el mercado polaco, cada empresa ha de analizar sus necesidades logísticas. Si bien la entrada de fondos europeos está sirviendo para renovar drásticamente las infraestructuras de transporte -se prevé la construcción de varias autopistas así como una profunda regeneración de la red ferroviaria- y los progresos son visibles en buena parte del país, todavía queda mucho camino por recorrer.
La piedra dura
La imagen del trabajador polaco, barato, cualificado y altamente eficiente es uno de los principales atractivos de Polonia. Sin embargo, desde la entrada en la UE, a la vez que aumentaba el número de empresas extranjeras establecidas en suelo polaco, también se multiplicaba el flujo de emigrantes polacos que, con las fronteras europeas abiertas, buscaban salarios más altos en países como Reino Unido o Irlanda, principalmente. “La tasa de desempleo todavía es alta, por lo que no se puede considerar que hay escasez de trabajadores. Aquellas compañías que apuesten por Polonia a causa, exclusivamente, del coste de la mano de obra, han de tener en cuenta que, en algunos sectores y regiones donde se ha creado mucho empleo últimamente, sí que la tasa de paro es más baja y, por lo tanto, las expectativas salariales más altas”, avisa Pawel Wojciechowski.
En todo caso, la dificultad para encontrar mano de obra adecuada se centra, sobre todo, en la búsqueda de profesionales cualificados, dado que son, al mismo tiempo, los más demandados por las empresas instaladas en Polonia y a los que les espera un futuro más halagüeño si emigran. “La estabilidad de los recursos humanos es mínima ya que muchos trabajadores cambian de trabajo continuamente”, explica Manuel Lizaga, adjunto a dirección de la empresa Lizaga-Ubalde.
En definitiva, la complejidad del mercado laboral polaco exige del inversor una evaluación muy precisa de sus necesidades en materia de recursos humanos y, para ello, como indica José Jaime Bernárdez, consejero jefe de la Ofecomes de Varsovia, “lo recomendable para un potencial inversor es tomar el pulso sobre el terreno, analizar las circunstancias y no tomar como referencia los datos estadísticos sobre salarios medios pagados”.
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