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Naranjas y azulejos. En las comarcas castellonenses de la Plana Alta y la Plana Baja, donde se encuentra Villarreal, huertas de naranjos se extienden hasta el horizonte, solo roto aquí y allá por la silueta de los silos de las azulejeras. Dos industrias que han esculpido el paisaje a su alrededor y que han perfilado el carácter de los habitantes de toda la cuenca baja del río Mijares. Al acercarse a Villarreal, las fábricas azulejeras se alinean sin descanso: Porcelanosa, Karimex, Navarti Cerámica, Togama… Tras un recodo de la carretera se está empezando a levantar lo que parece, efectivamente, una vez más, una fábrica de azulejos.
“En esta zona hay muy buenas arcillas”, responde Joaquín Font de Mora, gerente de Vidres, a la cuestión de los orígenes del azulejo en Castellón. Y hay buenas pruebas de ello. En el área delimitada al norte por Alcora y Borriol, al oeste por Onda, al sur por Nules y al este por Castellón de la Plana se origina el 90% de la producción española de cerámica y, además, la provincia da cobijo al 81% de las empresas del ramo. Villa-real es la punta de lanza de un sector que da empleo de forma directa a más de 25.500 personas y que cuenta con unas ventas totales estimadas en 4.200 millones de euros.
Y donde hay azulejeras, hacen falta esmalteras. Vidres es hija de un holding familiar del que formaba parte la empresa cerámica Azulejera La Plana, que detectó la oportunidad que suponía contar con una empresa proveedora de una de sus materias primas, en este caso fritas y esmaltes cerámicos. En 1997, el holding se deshace y cada rama de la familia mantiene el control de una de las empresas. “Fue una transición muy bien llevada y una decisión acertada por ambas partes”, valora este empresario. A partir de ese momento, Vidres ya puede volar sola.
Joaquín Font de Mora ha sido testigo y, en muchas ocasiones, actor de todo este proceso, desde que en 1981 se incorporara a una empresa familiar estrechamente vinculada a la ciudad. Como prueba, por ejemplo, está el caso de Pascual Font de Mora, padre del actual gerente de Vidres y ex-presidente del Villarreal C.F. Seguramente por ello, otorgó a su hijo una formación muy definida desde el principio: educación técnica por la Escuela Superior de Cerámica de Manises (ESCM), amplió estudios con distintos cursos de postgrado, entre ellos un máster en dirección de empresas. A este negocio le ha dedicado media vida, como su padre antes que él.
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Joaquín Font de Mora (Gerente de VIDRES) |
Un sector con brillo
“Cuando la empresa nace en 1975, había pocos productores de esmalte en la zona y todo se importaba de Italia”, recuerda Font de Mora; “casi todas las empresas ubicadas aquí eran extranjeras”. La situación ahora es radicalmente distinta. La industria española de esmaltes y fritas es líder mundial y sus exportaciones superan al total de los seis siguientes países que le siguen en la clasificación. “Si Italia es el número uno en cerámica, España es el número uno en esmaltes. En España se ha vivido una revolución en el mundo del azulejo provocada por una fábrica de esmaltes”, asegura Font de Mora.
Una esmaltera funciona básicamente para proveer a la fábrica de azulejos con uno de sus dos productos principales, el esmalte (el otro componente básico es la tierra). “Aunque hoy en día lo que vendemos al cliente es sobre todo la transferencia de tecnología”, precisa el responsable de la empresa. La arcilla llega hasta unos silos que la conducen a las prensas, donde se comprime para darle resistencia, quitarle algo de humedad y definir el tamaño del azulejo. Una vez prensada la arcilla se forma el ‘bizcocho’, el cual se pasa a la línea de esmaltado. Allí se le aplica el esmalte, por medio de varios tipos de aplicaciones: de campana, de disco, con vela, con rodillos, que otorga al azulejo sus características técnicas y estéticas. Una vez acabado este proceso, se lleva al horno, donde sufre un proceso de cocción con unas temperaturas de entre 950º y 1230-50 ºC, dependiendo del tipo de producto.
El auge del sector ha sido decisivamente apoyado por la internacionalización de sus empresas, que en seguida se lanzaron al exterior para aumentar su presencia en los mercados y aumentar las ventas. Como también hizo Vidres. En 1999, cuando asciende al puesto de director comercial, Font de Mora decide crear un departamento de exportación. Como principal motivo para comenzar a internacionalizar la empresa, Font de Mora menciona la necesidad de “diversificar el riesgo de nuestro sector”, así como para “crecer”. Parece que ambos objetivos se han cumplido, ya que la aventura exterior de Vidres ha originado “un importante incremento de la cifra de negocios”. Aunque reconoce que “empezamos a exportar un poquito tarde, porque el sector ya había comenzado a internacionalizarse”, afirma que “pusimos toda la carne en el asador, dotamos al departamento de todo lo necesario y cada año la cifra de exportación ha ido aumentando. Desde hace algunos años estamos siempre en una cuota de exportación que ronda el 50% de nuestras ventas”.
Presencia en tres continentes
La primera iniciativa de entidad en el exterior estuvo a punto de acabar en fracaso, debido a los problemas derivados de la crisis económica que sufrió Brasil con la devaluación de su divisa en ese momento, el cruceiro real. Pero esta dificultad se transformó en oportunidad y sirvió para pergeñar la idea de instalar una fábrica en el país sudamericano. “Nos hizo pensar que si queríamos estar en economías que no fueran demasiado estables, lo mejor era hacer inversiones en el país”, comenta el gerente de Vidres.
Ahora la compañía cuenta en Brasil con tres unidades productivas, orientadas fundamentalmente al mercado brasileño. “Desde España sería imposible atender esta demanda, debido a las fluctuaciones en el cambio euro-real. Estar allí nos aporta tranquilidad y estabilidad, ya que somos un productor local inmerso en la dinámica del país”, reflexiona el empresario.
La India fue el siguiente paso de la empresa esmaltera en su estrategia de cubrir los principales centros productivos de cerámica del mundo. “Así seremos más competitivos”, augura Font de Mora. Aunque la empresa villarrealense exporta al país asiático desde hace una década, no fue hasta 2005 cuando se decidió a establecer un centro de distribución en la India. La empresa cuenta también con otro centro de distribución en Irán, aunque con una actividad bastante reducida.
Después de estos dos gigantes, Vidres se planteó como objetivo estar presente en Italia para convertirse en proveedor de la boyante industria azulejera italiana, cuyo epicentro se encuentra en Sassuolo, en la región de Emilia-Romagna. Italia es el tercer productor mundial de azulejos de cerámica y el primer exportador en un mercado en el que ejerce de líder del mercado gracias a su afamado diseño y calidad. Además, la inmensa mayoría de las empresas de azulejos está concentrada en un área de no más de 30 kilómetros a la redonda. El sueño de todo fabricante de esmaltes.
Al principio estaba presente de forma indirecta, sin sede, hasta que hace aproximadamente un año instaló una pequeña fábrica, también con su propio laboratorio de investigación y desarrollo. “La mayor dificultad que te encuentras es la competencia, pero si tienes un buen producto, eres bien recibido. Dado que nosotros intentamos vender algo diferente a lo que vende todo el mundo, ese acceso lo hemos tenido un poco más fácil”, afirma el gerente de la firma. También es cierto que la cercanía a los clientes italianos va a permitir a la empresa esmaltera aprender nuevas habilidades comerciales que podrá luego aplicar a sus propias operaciones. “Esperamos tener una sinergia entre nuestros productos y nuestra diferenciación y la forma de trabajar italiana”, comenta Font de Mora.
Brasil, la India, Italia… Vidres se ha expandido de forma notable en los últimos años y ahora toca consolidar las inversiones realizadas en estos países. Aunque el responsable de la empresa esmaltera también promete “continuar con el crecimiento y la inversión en aquellos países que consideremos prioritarios para Vidres”. Aunque la cerámica puede hallarse en cualquier lugar del mundo, hay pocos lugares donde se pueda producir de forma rentable. Además, apunta el empresario, “tiene que haber un mercado importante. Si hay tres fábricas de azulejos no nos sirve; tiene que haber al menos 30 para que suponga un mercado”.
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