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Tras superar con éxito la etapa de crisis que envolvió a la economía nacional durante 2002 y 2003, Brasil afronta con optimismo los próximos años. Sin embargo, para poner a punto los engranajes del país, el gobierno debe acometer reformas laborales, fiscales y sobre todo, políticas.
Brasil es sin duda un país de grandes contrastes, y tras unos excelentes resultados económicos en 2004, confía en mantenerse en la senda del crecimiento sustentable a largo plazo. Si nos fijamos en las cifras macroeconómicas, el país experimentó el pasado año un crecimiento del 4,9% en el PIB, cerrando la etapa de crisis en la que se vio envuelta la economía durante 2002 y 2003.
Además, la excepcional trayectoria de la balanza comercial ha permitido cerrar 2004 con un superávit récord de 33.693 millones de dólares. Una cifra muy por encima de las expectativas.
Tal y como señala Maurice Costin, jefe del departamento de Relaciones Internacionales del Centro das Indústrias do Estado de São Paulo (CIESP): “El año pasado, las exportaciones alcanzaron los 96.000 millones de dólares y este año se prevé que lleguen a los 110.000 millones. Además, se ha realizado un gran esfuerzo para crear una mentalidad exportadora dentro del país y para abrir mercados en el exterior”.
La sorpresa de Lula
En los años 2001 y 2002 existió un gran miedo en la esfera económica internacional ante lo que ocurriría en Brasil si una fuerza política de izquierda, el Partido dos Trabalhadores (PT), liderado por Luiz Inácio Lula da Silva, llegaba al gobierno. Pero, una vez en el poder, su actuación económica ha sorprendido a más de uno.
“Lula mostró una imagen rupturista antes de llegar al gobierno. En la práctica, ha sido muy ortodoxo”, señala Francisco Corrales, consejero jefe de la Oficina Económica y Comercial de España (Ofecomes) en São Paulo.
No obstante, es improbable que Lula consiga cumplir su deseo de erradicar las dolorosas desigualdades sociales de un país con el dudoso honor de poseer la segunda renta peor distribuida del mundo. Sin embargo, su actuación económica, regida por el rigor fiscal y monetario, está dando frutos. El consejero Corrales apunta: “Fiscalmente se ha realizado un esfuerzo de consolidación importante. Brasil tenía un acuerdo con el FMI que debía cumplir y se ha conseguido”.
La eterna deuda
El buen resultado del superávit primario no alcanza, sin embargo, para cubrir el servicio de la deuda. En lo acumulado hasta julio de este año, el déficit nominal alcanza el 1,9% del PIB, aunque la situación ha mejorado desde el déficit del 2% del PIB del mismo período de 2004.
En cuanto a la política monetaria, ha estado protagonizada por continuas elevaciones de los tipos de interés desde septiembre del pasado año hasta mayo. El Banco Central está sacrificando parte del consumo y la inversión interna con un claro objetivo: evitar repuntes inflacionarios. La medida, impopular entre la clase empresarial, parece estar dando resultados. En 2004, la inflación, medida por el Índice de Precios al Consumidor Amplio (IPCA), se situó en el 7,6%, por encima de la meta referencial del Gobierno, pero dentro del llamado margen de tolerancia del +/-2,5%.
Crecimiento sí, pero menos
Esta política económica, alejada del populismo, ha otorgado estabilidad al país. Pero cada cara tiene también su cruz. “La estabilidad se ha conseguido gracias a uno de los tipos de interés más elevados del mundo. El tipo de interés real, descontada la inflación, se sitúa muy por encima del 10%. Esto ha provocado una entrada de capitales que ha dado lugar a una fuerte apreciación del real frente al dólar” señala el consejero en São Paulo.
La consecuencia: un crecimiento más humilde de la economía en 2005. En el primer trimestre del año, el PIB ha crecido un 2,9% con respecto al mismo período de 2004. La previsión oficial para este año es del 3,5%.
Pero el mayor escollo no es ése, sino los continuos escándalos de corrupción que, desde la primavera de este año, colocan en una situación de debilidad al Gobierno del PT. Algunas voces apuntan a que la crisis política afectará antes o después a la economía.
Pero no todo es desencanto. Una vez más, quien se pronuncia es la voz de la experiencia de Maurice Costin: “Mientras la gente siga recibiendo su salario, continuará trabajando y consumiendo. La influencia es mayor desde el punto de vista de las inversiones, que son retenidas a la espera de lo que va a acontecer. La economía continúa, aunque tal vez a un ritmo más lento”.
Urgencia de reformas
“El Gobierno ha conseguido estabilizar la inflación, reducir el riesgo-país e, incluso, no renovar el acuerdo con el FMI este año. Pero ha fracasado a la hora de sacar adelante las reformas necesarias”, señala Francisco Corrales.
Pese a todo, a día de hoy, el país presenta interesantes oportunidades de negocio. Joaquim Augusto Sanches, presidente de la filial brasileña de la empresa española del sector energético Guascor, nos da un buen consejo a este respecto: “El nuestro es el mercado típico de un país emergente: grandes oportunidades y, en determinados momentos, grandes crisis. Es importante que las empresas estén bien asesoradas para que las crisis no les afecten con intensidad. Las grandes empresas españolas, en la época de las privatizaciones, supieron aprovechar estas oportunidades”.
“Brasil necesita importar gran cantidad de componentes industriales, sobre todo de alta tecnología, que no se producen aquí o se producen en cantidad insuficiente. También materias primas y derivados del petróleo. Y es también un gran comprador de maquinaria”, indica Maurice Costin.
Pero quien quiera lanzarse a la aventura tendrá que ser consciente de las dificultades. “Desde el punto de vista comercial, pese a que ha habido un importante proceso de apertura, Brasil sigue siendo un mercado proteccionista. Junto a las barreras arancelarias, existen también otras de carácter no arancelario. La burocracia es lenta y la normativa fiscal, complicadísima”, advierte el consejero en São Paulo.
Walney Guastelli, director de Marcass Autoparts Ltda., empresa importadora de frenos españoles, recomienda contar con un distribuidor o representante local de fiabilidad contrastada para evitar sorpresas desagradables. Sin duda, lograr el ansiado acuerdo entre el MERCOSUR, del cual Brasil es líder indiscutible junto a Argentina, y la UE ayudaría a mejorar el panorama.
Venir para quedarse
Instalarse en el país es otra opción sin duda interesante. Sectores como saneamiento, infraestructura o transmisión de energía presentan notables carencias que bien pueden ser suplidas por empresas extranjeras dispuestas a apostar por el país. “La opción de instalarse”, afirma Corrales, “presenta innegables atractivos. Brasil es un mercado muy de precio. Para las empresas brasileñas es difícil apostar por la calidad. En este sentido, una empresa instalada cuenta con ventajas. Pero sin olvidar que existe una legislación complicada y unas reglas del juego a menudo poco claras”. Comenzar de la mano de un socio local puede ser una opción a estudiar en este sentido.
Aunque España cuenta con la ventaja de ser un país visto con cariño por los brasileños, nuestros productos siguen sin contar con imagen, buena o mala, en muchos sectores. Tal vez sea buena idea que exportadores e inversores se animen a conocer un mercado con mucho que ofrecer y dispuesto a recibirnos con buena cara. La invitación queda lanzada.
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