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PRIMEROS PASOS... LUKRIS
Pescar al pescador | 1 | 2 |


Reinosa es un pueblo de apenas 10.000 habitantes ubicado en el sur de Cantabria. Su nombre aparece indefectiblemente ligado al río Ebro, que nace a pocos kilómetros del municipio y constituye uno de los principales reclamos turísticos de la zona. No es de extrañar, pues, que la fotografía de un pescador, caña, chaleco y gorra en ristre, presida el despacho de Cristina López. Se trata de su padre, Ángel López Hierro, fundador de la empresa de cebos para pesca Lukris, que ahora dirige ella.

Cristina López

Como si de un cocinero se tratara, Lukris se hizo mayor entre cucharillas y sartenes. Su producto estrella, los cebos metálicos para pesca deportiva, recibe en España el nombre de cucharilla, o spinner en el resto del mundo. Se trata de unas pequeñas placas cóncavas que se colocan justo encima del anzuelo. Al entrar en contacto con el río, estas placas giran y crean una corriente submarina que atrae a los peces simulando el rastro de una posible presa.

Las primeras cucharillas llegaron a la región hace aproximadamente 50 años. En 1961, animado por sus paisanos, Ángel López comenzó a elaborarlas en su propia casa, sin más ayuda que la de unos alicates y una sartén en la que “ freía” las placas de latón para darles consistencia. Este proceso tan artesanal ha dado paso a una planta de 1.380 metros cuadrados en las afueras del pueblo, dotada de la tecnología necesaria para convertirse en una referencia a escala europea en la fabricación de cebos.

Huele a estreno en la recién inaugurada nave de Lukris en el polígono De La Vega. Cristina López se disculpa por el calor: “No nos ha dado tiempo ni a instalar el aire acondicionado”. Las aproximadamente cinco toneladas de latón que se utilizan anualmente para crear las cucharillas reciben una capa de pintura para resultar más atractivas para el cliente. En los últimos diez años, asegura Cristina, ha crecido en gran medida el número de modelos y dibujos con el objetivo de atraer a un público cada vez más exigente y caprichoso. “Las cucharillas tratan de pescar al pez; nosotros, al pescador”, bromea, mientras muestra un mural con todos los modelos de cucharillas que se asemeja más a una colección de pendientes fantasiosos que a productos para la pesca.

Avivando el negocio
El primer gran salto para la empresa se produjo cuando Ángel López comprobó que sus cebos interesaban a mucha gente más allá de sus amigos. Entonces, contactó con una tienda en Madrid que accedió a distribuir las cucharillas. El incipiente negocio tomó forma y nombre: “ Lukris, por los nombres de sus dos hijos, Luis y Cristina”. Durante treinta años, una empresa de Barcelona detentó en exclusiva la distribución de las cucharillas que Ángel López ya había comenzado a producir en una pequeña planta de 60 metros cuadrados. En 1990, esta misma compañía catalana ofreció a Lukris la posibilidad de adquirir la maquinaria de la multinacional francesa Rublex, por entonces una de las más importantes en el sector. Esta operación contribuyó a modernizar y mejorar el proceso de fabricación de las cucharillas.

Pero cuando Cristina reflexiona sobre los hitos que ha ido superando la empresa, no duda ni un segundo en sentenciar: “La decisión más importante que hemos tomado fue comenzar a exportar, en 2001”. A continuación, destaca el importante paso que supuso hace tres años trasladar la sede de una casa particular a la flamante planta que ahora mismo les sirve de base central.

Los inicios en el mundo de la exportación vinieron acompañados del asesoramiento del programa PIPE del ICEX, que Cristina valora muy positivamente “por la confianza que da a la empresa. Nosotros ya teníamos cierta experiencia en el mercado exterior tras lo de Rublex, pero entrar en el programa nos facilitó resolver cuestiones de forma y trámite que de otro modo nos habrían llevado más tiempo”, recuerda. Y desmenuza: “La fase del análisis de la compañía es muy importante, aunque lo más bonito llega al final, cuando se observa que todo lo que se ha hecho comienza a dar su frutos y se salta a la práctica en el extranjero”. El grado de satisfacción de Lukris con el programa PIPE tiene su reflejo en Elena, que fue contratada para gestionar los asuntos de exportación después de haber sido colaboradora con el PIPE.

Cebos al exterior
Un millón de cucharillas salen cada año del polígono De La Vega rumbo a los destinos más variopintos, circunscritos, eso sí, al continente europeo. En el período de noviembre a febrero se registra la mayor época de producción y venta del producto, si bien la temporada comienza en septiembre. Y a pesar de la gran variedad de modelos y colores, Cristina manifiesta: “Cada año tratamos de presentar una novedad, aunque las cucharillas que más se venden son siempre las clásicas”. Clásico, en el argot pesquero, significa rojo y negro, que son los colores estándar de las cucharillas en todo el mundo. Para ríos revueltos y turbios, una capa de plata hace más atractivo el cebo.

Los cebos que Lukris comercializa llegan a 15 países, entre ellos Bulgaria, Lituania o Islandia, bajo el nombre de Mapso, que es la marca exclusiva que la compañía utiliza fuera de España. Para alcanzar esta extensa red de países, se trabaja siempre a través de distribuidores locales que se encargan de comercializar entre los minoristas sus cucharillas.

La revista oficial de la asociación europea de fabricantes y distribuidores de productos de pesca deportiva Tackle Trade supone el mejor escaparate para los cebos de Lukris. Esta asociación, además, organiza la feria anual más importante de este sector, que tiene una sede rotativa y el año que viene se celebrará en Bruselas

Como en tantas otras ocasiones, el primer contacto de Lukris con otros mercados fue a través de una feria, la de Milán que organiza Tackle Trade. Cristina recuerda cómo al principio lo único que hicieron fue estar cruzados de brazos. Pero ésta y posteriores experiencias en ferias recondujeron el rumbo que había previsto la empresa: “Nos introdujimos en la exportación pensando en Europa occidental, en países como Italia, Francia, Alemania o Reino Unido. Sin embargo, fuimos descubriendo que nuestros clientes potenciales estaban en el este. Nos han sorprendido. De Rusia, por ejemplo, han llegado a reclamar nuestros productos 8 ó 9 distribuidores distintos. Y no es sencillo encontrar el contacto ideal”.

Para Cristina, en Europa del Este se valoran más los productos de calidad y una marca reputada como la suya goza de mayor aceptación que en los de Europa occidental. No en vano, el principal mercado para su compañía es Rusia, seguido de Polonia y Bulgaria.

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