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Si el 11-S sumió
al mundo en una crisis de carácter principalmente económico
y político, aún más grave fue la repercusión
que tuvo en el epicentro del ataque y su entorno: la ciudad de Nueva
York, considerada como el motor de servicios de la región
"Northeast".
La que en español
se suele denominar Costa Este, es una demarcación muy definida
dentro de Estados Unidos que ha sobrellevado la crisis con una cara
diferente a la del resto del país.
Para muchos,
los atentados de 2001 marcaban el inicio de una época de recesión
económica. Sin embargo, lo cierto es que el ataque a las Torres
Gemelas no fue la causa de este último sobresalto económico. La
crisis venía fraguándose desde finales de 2000 y la Reserva Federal
ya constató que la ciudad
de Nueva York había entrado en recesión en enero de 2001. Lo que
sí es posible es que la espectacularidad del atentado y sus inmediatas
consecuencias en los niveles de confianza y de consumo, no sólo
en Estados Unidos sino a escala global, impulsaran una crisis que
podría haberse quedado en un simple reajuste natural de la economía.
Tres años
después, la situación económica ha variado
mucho, o ha regresado casi al punto de partida. Aunque el ritmo
haya bajado y el crecimiento evolucione a la velocidad normal,
el primer trimestre de 2004 se abrió con un crecimiento del
3,9%, y todos los datos apuntan a que el país ha salido ya
de la peor etapa.
El pasado mes
de mayo salía a la luz otro dato sorprendente: la tasa de
desempleo de abril había bajado una décima. Era el
segundo mes consecutivo, por primera vez en varios meses,
en el que aumentaba la creación de empleo.
La Costa Este
es una región muy definida dentro de los Estados Unidos de
América, que tiene características propias en el terreno
económico y comercial. La importancia de su sector servicios,
uno de los más golpeados por la crisis, llevó a un
aumento preocupante del paro: la caída del turismo,
de la hostelería, del sector inmobiliario, de los seguros,
etc. hizo que la economía de la ciudad se resintiera de forma
aguda, aunque el sector servicios ha sabido reponerse con rapidez.
El
consumo, clave para la recuperación
Y es que los dos principales motores que han logrado
tirar de la economía estadounidense para salir de la crisis,
el consumo y la inversión, han tenido un éxito
irregular en la Costa Este.
Tras una drástica
caída en 2002, los índices han vuelto a dispararse
en la región desde mediados de 2003. El pasado mes de mayo
de 2004, el nivel de consumo de los estadounidenses subió
un 1%, situándose en el valor más alto desde el 11-S.
Pero esta espectacular subida no es un fiel reflejo de una mejoría
en los bolsillos de los ciudadanos
La
Costa Este ha sido una de las regiones que más ha acusado la subida
de los precios. En el caso del área metropolitana de Nueva York,
que incluye Nueva Jersey y zonas de Connecticut y Pensilvania, la
subida de los precios fue de un 4,6%.
Si se tiene eso
en cuenta, es difícil imaginar cómo el consumo en la
Costa Este puede haber continuado al alza todo el año. Quizás,
los factores psicológicos influyen más que la pura economía
en el comportamiento de los estadounidenses de esta zona, que constituye
uno de los mercados más consumistas del mundo.
Este trepidante
consumo y la altísima renta per cápita convierten
a la Costa Este en el segundo mercado más atractivo después
de la Unión Europea en cuanto a capacidad adquisitiva.
Otro reflejo
de cómo el consumo sigue creciendo es el hecho de que el
déficit de la balanza comercial del país continúa
aumentando. Por citar un ejemplo, en 2003 Estados Unidos importó
de España mercancías por valor de 6.707 millones de
dólares, lo que supuso un incremento del 17% frente
al año anterior.
Estas cifras
han permitido que España continúe, por segundo año
consecutivo, gozando de un superávit en la balanza comercial
con EEUU.
Empleo e inversión
Por otra parte, la recuperación de la economía en la Costa Este es palpable en el dato de la mejora del empleo, especialmente del sector servicios, en el área metropolitana de Nueva York.
Sin embargo, aunque la tasa de desempleo sea la misma, el perfil económico de la ciudad sí ha sufrido grandes variaciones. Desde el 31 de agosto de 2001 hasta el 30 de marzo de 2004, desaparecieron más de 160.000 empleos. De ellos, la mayor parte eran del sector financiero y de los servicios aunque, en proporción, el sector que más acusó la pérdida de empleo fue el de las manufacturas, con un 21,4% menos de empleados.
Por el contrario, los sectores sanitario y de la educación han experimentado una subida del 6,3%. Estas cifras dejan entrever el cambio de la estructura social y laboral de la ciudad. Muchas de las empresas manufactureras han trasladado sus centros de producción fuera del área metropolitana, e, incluso, fuera del Estado, en busca de una mano de obra más barata. Sin embargo, el cambio en las empresas financieras, aseguradoras y bancos se debe tanto a los recortes de plantilla como al traslado de sus sedes a otras zonas con mayores ventajas fiscales.
Por esta razón, la repercusión en las tasas de empleo del conjunto de la región quedó más mitigada, ya que muchas empresas cambiaron su ubicación en Nueva York por los Estados colindantes, aun dentro de la Costa Este. Nueva Jersey y Connecticut fueron los principales destinos de las compañías de servicios.
La incipiente migración de capital empujó a la mayoría de los Gobiernos de la Costa Este a crear políticas que incentivaran a las empresas a continuar con sus matrices en estos Estados y animaran a nuevos inversores a radicar aquí sus nuevos proyectos.
Pero en la lucha
por atraer a nuevos inversionistas, la Costa Este ha perdido la
batalla frente a los Estados
del medio oeste y el sur.
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