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A FONDO
Hacia mercados más estables



Desde el último tercio del siglo XX hasta hoy, la economía española ha experimentado un profundo proceso de internacionalización en el que pueden diferenciarse tres etapas.

  1. La apertura económica promovida por el plan de estabilización de 1959 facilitó la llegada de inversiones foráneas y abrió nuestro país al turismo internacional.
  2. En 1986, a raíz de la incorporación a la entonces Comunidad Económica Europea, aumentaron los flujos de inversiones extranjeras recibidas por nuestro país, y además el peso del comercio exterior ganó progresivamente en importancia.
  3. Desde la segunda mitad de la década de los noventa hasta ahora se ha producido una creciente actividad inversora en el exterior por parte de nuestras empresas.

Desde 1986 hasta 1995 las entradas de IDE superaron a las salidas en más de un 300%.

Sin embargo, en poco más de cinco años esta situación cambió sustancialmente. Según datos de la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) y de la Dirección General de Comercio e Inversiones del Ministerio de Economía, los flujos de inversión española hacia el exterior ascendieron de tal modo que convirtieron a la economía española por primera vez en 1997 en exportadora neta de inversiones.

  Flujos de entrada de IDE Flujos de salida de IDE
1995 6.161 4.076
1996 6.585 5.397
1997 7.697 12.626
1998 11.797 18.936
1999 15.758 42.084
2000 37.523 54.675
2001 28.005 33.093
2002 21.193 18.456
Fuente: UNCTAD. Datos en millones de dólares

Los factores que explican la expansión de la inversión de las empresas españolas en este período son múltiples y pertenecen, entre otros, a los ámbitos:

  • Estratégico
    Ante las expectativas que planteaba la progresiva e irreversible apertura económica, las empresas españolas anticiparon un escenario económico interno de mayor competitividad y saturación, fruto de la implantación de competidores europeos de gran dimensión. Una de las principales estrategias que adoptaron las compañías de nuestro país fue optar por la inversión directa en el exterior con objeto de potenciar su tamaño, ganar en eficiencia productiva, generar mayores economías de escala e incrementar y diversificar su cartera de clientes.
  • Financiero
    El esfuerzo que realizó la sociedad española para cumplir los criterios de convergencia contribuyó a configurar un escenario compuesto por una inflación controlada y bajos tipos de interés así como una progresiva reducción del déficit público, lo que contribuyó a liberar recursos financieros para el sector privado.
    La adhesión al euro fomentó una creciente integración de los mercados financieros y bancarios, lo que permitió un acceso más fácil y favorable a la financiación necesaria para la expansión internacional

Pero lo verdaderamente relevante de ello es que nuestro tejido productivo ha dado el paso para dejar de ser exclusivamente un receptor de inversiones extranjeras, y convertirse en una economía que también invierte significativamente en el exterior, a un nivel semejante y superior en muchos casos al de los países miembro de la Unión Europea.

Prueba de la profunda transformación que se ha producido es la evolución del stock de inversiones españolas en el exterior, que ha ido adquiriendo progresivamente una mayor importancia creciendo desde un 6% del PIB en el año 1995 hasta un 33% en 2002, por encima de países como Alemania, Italia, Austria o Noruega.

Fuente: UNCTAD

En definitiva, el nuevo papel de la economía española como inversora en el exterior ha significado un cambio de profundo calado en la estructura económica española, llevado a cabo, además, en un breve lapso de tiempo.

No conviene olvidar que en la actualidad no sólo las grandes compañías sino también un número creciente de pequeñas y medianas empresas, a menudo de origen familiar, están apostando por proyectos de inversión en el exterior.

Cambios recientes en el patrón de destino
En una primera fase, hasta mediados de los noventa, las escasas inversiones españolas en el exterior se repartieron en similares proporciones entre los mercados emergentes y los desarrollados. Sin embargo, a partir de 1996 los flujos de IDE se encaminaron principalmente hacia los países en vías de desarrollo, especialmente los latinoamericanos.

Fuente: DIRECCIÓN GENERAL DE COMERCIO E INVERSIONES

Así, en el período 1996-2000 las compañías españolas destinaron al conjunto de países latinoamericanos aproximadamente la mitad de todas sus inversiones directas en el exterior, lo que ha situado a España como segundo inversor principal en la región, sólo por detrás de Estados Unidos, una economía de un tamaño 15 veces superior a la española.

Además de la existencia de vínculos tan fuertes como un idioma común y la cercanía cultural, a la hora de explicar esta elevada cuantía de las inversiones españolas en América Latina, también ha sido determinante el hecho de haber confluido en el mismo período temporal necesidades complementarias en la economía española y la latinoamericana.

Por un lado, las grandes empresas españolas se vieron abocadas a la expansión vía IDE para ganar tamaño y tratar de acumular experiencia y reputación multinacional.

Por otro, las principales economías latinoamericanas dejaron atrás una década de aislamiento y asumieron un modelo económico basado en la apertura y la liberalización.

Desagregando por países, la implantación de las compañías españolas en Latinoamérica ha sido heterogénea. Nuestras empresas se han concentrado especialmente en Argentina y Brasil. También ha sido relevante la actividad inversora en México y Chile. Sin embargo el volumen destinado hacia estos dos países ha sido mucho menor.

A una distancia sustancialmente mayor para el mismo período se sitúan las inversiones en Colombia, Perú, Venezuela y Uruguay. Las inversiones en los países del Caribe son mucho menores.

Fuente: DIRECCIÓN GENERAL DE COMERCIO E INVERSIONES

Si bien el descenso de flujos de IDE española hacia América Latina ha sido considerable en los últimos años, no puede afirmarse que esta región haya perdido todo su atractivo para los inversores españoles según confirman los últimos datos publicados por la Dirección General de Comercio e Inversiones.

El interés de las inversiones españolas por las áreas emergentes prácticamente se ha limitado a Latinoamérica. En comparación con las operaciones realizadas en dicha área, África, Asia y Europa Central y Oriental han recibido una atención residual.

  • En Europa Central y Oriental, la inversión española ha sido muy escasa. Concretamente, poco más del 1% del total de flujos de IDE emitidos por las empresas españolas en los últimos 11 años tuvo como destino los países de esta región.

    No obstante, los datos del ejercicio 2003 confirman un elevado crecimiento en el volumen de IDE española dirigida a esta región, en contra de la corriente general, marcada por una considerable restricción de la inversión directa materializada por las empresas españolas en el exterior.

    No cabe duda de que la paulatina adhesión a la Unión Europea de estos países les otorga unas condiciones de estabilidad política y económica, así como de garantías jurídicas, inigualables para cualquier región emergente.
  • Si bien con algunas excepciones, Asia, una de las regiones de mayor dinamismo económico de los últimos tiempos, no ha sido tampoco un destino prioritario para las compañías españolas, que ocupan uno de los puestos más retrasados como inversores en Asia. Por países, Filipinas, China e India han sido los principales destinos.
  • El continente africano ha sido tradicionalmente un receptor marginal a escala mundial, recibiendo aproximadamente un 2% de los flujos mundiales de IDE. En la misma línea, los inversores españoles dedicaron a esta región alrededor de un 1% del volumen de sus operaciones entre 1993 y 2003.

El cambio hacia mercados desarrollados
En el año 2000 se batió el récord de flujos emitidos por España en el exterior, con cerca de 60.000 millones de euros, coincidiendo además con la cifra de máxima emisión de IDE a escala mundial.

No obstante, ese ejercicio significó también el comienzo de la fase recesiva del ciclo económico en Estados Unidos (ver el artículo de la sección Mundo de este número), que posteriormente se extendió por las principales locomotoras económicas mundiales.

Fruto de la creciente incertidumbre, la aversión al riesgo se incrementó sustancialmente entre los inversores, en especial en el caso de aquéllos que operaban en los mercados emergentes donde hubo crisis políticas, económicas y sociales.

En definitiva, la caída en las expectativas de crecimiento y la extensión de un clima de incertidumbre sobre la mayoría de mercados emergentes, conllevaron no sólo la contracción de las inversiones españolas en el exterior, sino también un cambio en las preferencias de destino de nuestros empresarios que comenzaron a interesarse prioritariamente por los países desarrollados, más estables y seguros.

Por motivos evidentes de cercanía, seguridad política, integración económica y conocimientos del mercado, los países que integraban entonces la Unión Europea se consolidaron como el principal destino de las inversiones españolas después del año 2000.

El resto de países desarrollados también incrementó su atractivo aunque en menor medida.

Pero esta tendencia por mercados más seguros se ha producido también en los mercados emergentes. Entre éstos, los inversores parecen decantarse por los de menor riesgo, como muestra el caso de México.

Análogamente, el incremento de las inversiones españolas en los países de Europa Central y Oriental en 2003, especialmente en aquéllos que han pasado recientemente a ser miembros de la Unión Europea o los que se encuentran en proceso de adhesión, contribuye a reforzar esta hipótesis.

La conveniencia de diversificar
El nuevo patrón de destino de la inversión directa española en el exterior da nuevamente prioridad a los mercados desarrollados sobre los emergentes

No obstante conviene resaltar la importancia de la diversificación de destinos. Es esencial no olvidar el elevado potencial de crecimiento y las atractivas oportunidades de negocio que surgen en regiones emergentes como Asia, Europa Central y Oriental, América Latina o los países del África Septentrional.

El papel de COFIDES
Como instrumento de fomento financiero de la inversión española en países emergentes o en desarrollo, COFIDES está en condiciones de compartir con los inversores los riesgos de su implantación productiva allí, brindándoles además la experiencia de haber participado en cerca de 200 proyectos de inversión (ver artículo sobre el récord de financiación que consiguió Cofides en 2003 publicado en el número de abril de este año de El Exportador Digital).
Su capacidad de intervención supera actualmente los 725 millones de euros.