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Como si de
una película de las de antes se tratara, la casualidad fue
la culpable de que un joven de Elda, Fernando Maestre, encontrara
entre los restos de un avión derribado un manipulador con
el que consiguió construir un rudimentario telégrafo.
El interés de Fernando por todo lo relacionado con las comunicaciones
fue creciendo, se matriculó en un curso de radio por correspondencia
y, mediados los años 40, practicó todo lo que había
aprendido arreglando las radios de sus vecinos. Así comienza
la historia de una compañía que actualmente es la
mayor fabricante española de porteros electrónicos
y la primera exportadora del sector.
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Alberto
Maestre,
director de exportación de Fermax Electrónica |
Las inquietudes
de Fernando Maestre se materializaron en un primer taller, ubicado
en un piso propiedad de su familia, en el que trabajó junto
a sus hermanos y algunos de sus colaboradores más antiguos.
El pequeño negocio fue creciendo y, a finales de los años
40, empezó a fabricar el que sería su primer gran
éxito empresarial y el germen de toda la evolución
posterior de la empresa: el intercomunicador Máster. Este
aparato surgió gracias a la pasión de Fernando Maestre
por la radiofonía, pero también por su afición
por el cine. Dicen que lo vio en una película americana:
el jefe de una empresa hablaba con los empleados situados en otras
dependencias a través de un intercomunicador. “Mi padre
percibió una oportunidad de negocio en un producto que aquí
no existía y decidió fabricarlo y comercializarlo,
siendo el principal reto el de crear la necesidad de compra en las
empresas. Sin embargo, aunque el mercado era inexistente, tenía
un gran potencial de ventas ya que suponía un nuevo canal
de comunicación entre jefes y empleados que facilitaba el
día a día de cualquier empresa. Fue necesario acudir
a ferias, hacer visitas, emplear mucho marketing… Así,
el Máster, una radio con intercomunicación, fue poco
a poco haciéndose un hueco entre las compañías
españolas de la época”, nos cuenta Alberto Maestre,
hijo de Fernando y actual director de exportación de la compañía.
La primera instalación
de un intercomunicador Máster se hizo en una droguería
vecina al taller, un establecimiento de cuatro pisos en el que la
comunicación se ejercía a costa de la salud de las
cuerdas vocales del personal. Vista la efectividad del nuevo invento
para mejorar la comunicación en este negocio, poco a poco
bares, agencias de transportes, talleres y almacenes en general
fueron instalando un intercomunicador. Entre tanto, las tendencias
norteamericanas seguían introduciéndose en España
a través de los sueños cinematográficos, y
los clientes de Fermax, siempre atentos a las tendencias provenientes
del otro lado del Atlántico, empezaron a sonorizar locales
con música ambiental. La demanda propició una nueva
ampliación del negocio, que paulatinamente, fue creando una
oferta de productos antes desconocidos por el público español.
De los intercomunicadores,
la empresa pasó a su nuevo producto estrella, la central
de conserjería, invento que Alberto Maestre considera “el
padre de los porteros electrónicos. Se trataba de un intercomunicador
que permitía a los conserjes de las casas hablar con los
vecinos. La evolución lógica fue ir retirando a los
porteros y sacar la central de conserjería al exterior, o
lo que es lo mismo, instalar lo que ya se pueden considerar los
primeros porteros electrónicos en la calle”.
Durante los años
60 y 70 la evolución del mercado de los porteros electrónicos
fue muy lenta, se produjeron algunos diseños nuevos, pero
pocos cambios tecnológicos, para los que hay que esperar
casi hasta los años 90. Sin embargo, fue a mediados de los
70 cuando Fermax introdujo el primer vídeo portero en España,
“lo vio mi padre en un viaje a Italia. En realidad era la
evolución lógica, un portero que además de
oír puede ver, como los de carne y hueso”.
A mediados de los años
80 se produce el que Alberto Maestre considera el gran cambio de
la empresa, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo,
“gracias a un diseño único, el de la placa City
Line, fácilmente diferenciable por su perfil curvo-convexo.
Fabricada en aluminio y con un diseño totalmente innovador,
gustó muchísimo y ha sido copiada por multitud de
empresas. Este modelo fue diseñado por Ramón Benedito,
que colabora con nuestra empresa, un magnífico diseñador
de gran prestigio, que recibió el Premio Nacional de Diseño
en 1992”.
Al tocar techo en cuanto
a diseño, los esfuerzos se concentraron en el desarrollo
tecnológico. Entre otros adelantos destacan los dirigidos
a la miniaturización de las placas; el directorio digital,
que permite una disminución del tamaño y la reducción
filar, que facilita la instalación al reducir la cantidad
de cables necesarios. Ahora la empresa se concentra en desarrollar
el campo de la domótica, una apuesta de futuro. La casa inteligente,
que permitirá a los usuarios controlar desde una pantalla
táctil la mayoría de los mandos de la casa, persianas,
alarmas o luces, parece que ya no es sólo cosa del mejor,
o peor, cine de ciencia-ficción.
Pisando
fuerte
Fue a principios
de los años 70, cuando Fermax empezó a exportar. El
primer país objetivo de la empresa fue México, en
aquella época en expansión, sin grandes problemas
económicos y con un mercado mucho más adelantado que
el español, que ya demandaba el vídeo portero. Además,
era un país más sencillo para una empresa en la que
aún no había departamento de exportación y
sufría las consecuencias de un deficiente conocimiento de
idiomas. “El gerente era el encargado de hacer los contactos
internacionales, viajar y recibir a los clientes. Mi padre siempre
tuvo claro que si la empresa podía competir en el exterior,
dentro de España sería más fuerte. La demanda
internacional es distinta y se aprende muchísimo de ella”,
afirma Alberto Maestre. Los primeros contactos se extendieron a
toda Sudamérica, la idea era encontrar el mayor número
posible de clientes en el mayor número posible de países.
En principio,
Fermax recurre a los distribuidores para introducirse en el exterior;
además, la organización de misiones comerciales por
parte de las Cámaras de Comercio y del entonces llamado Instituto
Nacional de Fomento Exterior (INFE), hoy ICEX, fue uno de los instrumentos
más útiles para hacer contactos en el extranjero.
A finales de
los años 80, Alberto Maestre se pone al frente del departamento
de exportación, actualmente muy desarrollado y con 16 personas
trabajando para él. Alberto destaca la importancia de la
tarea realizada en los primeros años de internacionalización
de la empresa, cuando se consiguió introducir a la empresa
en alrededor de 35 de los más de 60 países en los
que actualmente está presente. Para salir al exterior, la
empresa adopta diversas fórmulas de colaboración,
“aunque preferimos montar redes propias, ya que estar en manos
de distribuidores exclusivos tiene riesgos, especialmente en un
mundo en el que diariamente se producen ventas, cierres y fusiones
de empresas. Además, muchos de los distribuidores persiguen
más objetivos a corto plazo, mientras que las empresas persiguen
logros a medio y largo plazo. Por otro lado, hay mercados en los
que no se puede ir solo, bien porque haya barreras arancelarias,
el mercado sea muy especial, etc.”.
Actualmente,
la empresa batalla en varios frentes: “Estamos empezando a
vender en la India y tenemos unos proyectos interesantes en los
países del Este. En cuanto a los grandes del sector, intentamos
introducirnos en Alemania, aunque es muy difícil porque hay
dos fabricantes que se comen el mercado y tienen copada la distribución.
Además, estamos en EEUU con productos específicos,
éste es un mercado muy complicado y distinto al del portero
electrónico, es más bien, de sistemas telefónicos
aplicados a las puertas “.
Los motivos
para salir al exterior son distintos en cada caso, ya que, según
Alberto Maestre, es una cuestión de oportunidad en el tiempo
y de responder a situaciones que no se deben dejar pasar. “Por
ejemplo, en Reino Unido y Francia está claro que es un deber
estar presentes. Francia es un país vecino y tiene un mercado
muy parecido al español. En Reino Unido estábamos
presentes hacía mucho tiempo con un distribuidor exclusivo,
pero llegó a un techo y nosotros queríamos seguir
avanzando. En los dos países nos ha ido muy bien, nos hicimos
cargo de la operación, cogimos las riendas y despegamos con
todos nuestros medios captando el mayor número posible de
clientes”.
En cuanto a
la fábrica de Shanghai, “es otro mundo. Yo fui a la
Expotecnia del ICEX en el 96 y comprobé la impresionante
marcha de la construcción, que no ha parado desde entonces
y me plantee rápidamente que había que entrar allí.
En 1996 pusimos la primera oficina de representación, a finales
de 1998 empezamos a ensamblar y ahora producimos allí”.
Los productos que Fermax fabrica en Shanghai sólo se venden
en China porque la demanda de este país es tan grande que
la producción no da para más. En el resto de aquella
zona, la empresa está empezando a mandar cosas a Australia
y Singapur, aunque aún en pequeñas cantidades. La
idea de futuro es desarrollar esta línea de trabajo, ya que
sale más barato si se está en la zona, se abarata
el transporte, son necesarios menos stocks y, en definitiva, siempre
es una ventaja competitiva estar cerca de los clientes.
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