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El proceso
de liberalización y privatización que se desarrolla
en Argelia, y las posibilidades financieras que proporciona el
alto precio del petróleo despiertan el interés de
las empresas extranjeras. España no puede estar ausente
de un mercado que puede considerarse fronterizo.
Argelia despierta
cada vez mayor interés entre los empresarios extranjeros,
y sus autoridades al máximo nivel multiplican sus llamamientos
a la inversión extranjera y a la cooperación empresarial.
De esta situación se deduce, y así lo creen empresarios
españoles y argelinos, que llegar a Argelia en este momento
es llegar a tiempo.
Carmen Manzaneso,
Head Global Export & Proyect Finance del Fortis Bank en España, comenta que "perder el miedo, tomar
la iniciativa, buscar vías para establecerse y abrir camino
en un mercado como el argelino que, en el terreno empresarial,
tiene casi todo por hacer, son los retos que deberían asumir
las empresas españolas interesadas en Argelia. En definitiva,
se trata de tomar posiciones y evitar que otros monopolicen este
mercado natural para España".
Por su parte,
Xavier Fornt, director de servicios internacionales de Caixa Catalunya,
comedido en su valoración del mercado argelino, afirma
que, en concreto "la prudencia, desde el punto de vista bancario,
debe ejercerse sobre todo en operaciones de envergadura".
Pero, prosigue, "en operaciones de menor tamaño existe
un mayor margen, lo que puede ser interesante, con la debida cobertura
(crédito documentario, CESCE...) para las pequeñas
y medianas empresas".
>> Una economía dependiente de las exportaciones
energéticas
La economía
argelina depende de las exportaciones de petróleo y gas
natural hasta el punto de que en el año 2000 los hidrocarburos
representaron el 27% del PIB, el 97% del valor de las exportaciones
y el 62% de los ingresos presupuestarios.
El alza de
los precios del petróleo en los últimos años
ha permitido sostener un crecimiento económico relativamente
alto y mantener controlada la inflación en cifras
próximas al 3%.
Sin embargo, esta situación razonablemente positiva no
ha tenido su traslado en la creación de empleo.
Los ingresos
tributarios procedentes de petróleo, gas y sus derivados
superan el 60% del total, y los ingresos arancelarios, por su
parte, suponen otro 20%, de modo que la relevancia de la tributación
por renta o consumo es escasa, lo que genera una gran rigidez
del sistema fiscal. Desde el punto de vista del gasto, los problemas
son semejantes: el 50% se dedica a salarios públicos y
al pago de intereses de la deuda. No obstante, como el presupuesto
para 2002 está calculado sobre un precio del barril de
petróleo de 22 dólares, y éste está
siendo ampliamente superado, se van a generar importantes ingresos
suplementarios, lo que permitirá asegurar las inversiones
previstas en el plan de desarrollo 2001-2004 y aumentar las importaciones.
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