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>> Miradas de diseño
Estamos en una oscura sala de cine que celebra un maratón
cinematográfico: Guillermo de Baskerville simboliza su
retirada a la biblioteca benedictina de Montecassino en El nombre
la Rosa con sus rudimentarios anteojos, y cita su invención
por Roger Bacon en pleno siglo XIII. Ya en los años 20,
Harold Lloyd aparece con sus comedias corrosivas y sus gafas.
A continuación, pasamos al Hollywood de los años
30 y 40, cuya cinematografía es impensable sin Groucho
Marx y sus lentes. En los años 60, en el terreno más
sofisticado de las gafas de sol, es imposible olvidar a Audrey
Herpburn con sus lentes oscuras en Desayuno con diamantes. Y cómo
no recordar a héroes, villanos y locos con sus gafas negras:
Peter Sellers en Teléfono Rojo, Ray Milland en El hombre
con rayos X en los ojos y Steve McQueen en Bullit en los años
60; Gregory Peck en MacArthur en los años 70; John Travolta
en sus populares películas de finales de los 70 y comienzos
de los 80; Keanu Reeves en Matrix, en los años 90; y Woody
Allen, que ha ido cambiando el diseño de sus gafas desde
Bananas (1971), su primer éxito cinematográfico.
La lista de personajes clásicos o populares de cine que
tienen en las gafas un elemento esencial de su carácter
es interminable y da una idea de cómo el cine ha hecho
de las gafas y su diseño un elemento con el que muchas
personas quieren transmitir una imagen concreta.
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Dolors
Tomás y
Joaquim Gomicia |
En este mundo
de imagen y vanguardia que rodea a un complemento de moda como
las monturas de gafas graduadas o las gafas de sol se suele pensar
en grandes fabricantes italianos o franceses. Pero muy pocos saben
que Optim, una pyme catalana, fabrica y distribuye los diseños
de creadores tan prestigiosos como Armand Basi, Agatha Ruiz de
la Prada, Adolfo Domínguez o Victorio&Lucchino. "Nosotros
empezamos siendo una distribuidora de gafas de sol para tiendas
de recuerdos allá por los años 80 -señala
la directora administrativa de Optim, Dolors Tomás- y gracias
al prestigio conseguido por nuestra seriedad a la hora de las
entregas y pagos, nuestra inversión en diseño e
innovación y nuestra apuesta constante por tratar de comunicar
que una empresa familiar puede tener la misma o más profesionalidad
que una gran empresa, hemos conseguido que muchos diseñadores
prestigiosos nos tengan en cuenta".
Para conocer
el comienzo de esta aventura empresarial, hay que retroceder al
año 1977. Joaquim Gomicia, el marido de Dolors, acababa
de ser despedido de la empresa donde trabajaba como perito electrónico
en Barcelona: "El padre de Joaquim era comercial de gafas
de sol para tiendas de regalos. Mientras encontraba un nuevo empleo,
Joaquim se puso a trabajar con él porque tiene una personalidad
muy extrovertida y un buen talante para esa profesión.
En los años 70, estos productos se vendían con mucha
facilidad, sin ningún valor añadido de servicio
posventa o diseño y Joaquim se entusiasmó con la
idea de darle un mayor rigor profesional a esta actividad: creó
fichas de clientes, apuntaba incidencias, demandas más
frecuentes, etc."
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Los inicios
Dentro de esas exigencias de profesionalidad, Joaquim viajó
a la feria Mido de Milán, especializada en el sector óptico:
"Allí -nos apunta Dolors Tomás- vio cómo
empezaban a refinarse los conceptos de marca y diseño,
a modo de prólogo de lo que ocurre hoy día. De esta
forma se dedicó hasta 1984 a vender diversas marcas, que
destacaban por su diseño en un mercado como el español
que, en aquella época, estaba muy alejado de las tendencias
que surgían en el resto de Europa".
En estos años,
Dolors simultaneaba su trabajo de auxiliar de enfermería
con sus estudios de Económicas en la Universidad. Fue,
de esta forma, como pasó a trabajar como empleada de banca
y, poco después, obtenía un título en Administración
y Dirección de Empresas por la Escuela Superior de Administración
y Dirección de Empresas (ESADE). Configuraba, así,
un perfil académico y profesional que sería muy
valioso para la futura empresa que estaba en ciernes.
El año
1984 marca el nacimiento de Optim como empresa: "Creamos
una sociedad anónima con una pareja de amigos y con un
núcleo totalmente familiar. Al año siguiente, compramos
la parte de esa pareja amiga y tomamos dos decisiones claves:
introducir en España marcas caras como Versace, y compramos
un taller de gafas que tuvimos que reformar y en donde hacemos
primar la calidad sobre la cantidad. Y ese mismo año yo
ya pasé a formar parte de la plantilla de Optim".
Los años
90 fueron un nuevo punto de inflexión para Optim: "Nosotros
hasta entonces nos limitábamos a fabricar gafas de sol
para tiendas de recuerdos y a distribuir marcas de prestigio para
las ópticas. Pero en esa época habían irrumpido
los chinos en el mercado. Al principio ofrecían unos modelos
muy rudimentarios a precios irrisorios y no hacían mucho
daño. Pero, poco a poco, fueron aumentado la calidad de
sus productos y nos estaban arrebatando parte de nuestra cartera
de clientes. Por ello, teníamos que profundizar en el concepto
de marcas y olvidarnos de competir por precios".
Se iniciaba
así una nueva trayectoria en una empresa que, a lo largo
de sus 18 años de vida, sintetiza el proceso de modernización
de la economía española durante el último
cuarto del siglo XX.
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