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Oyendo al mundo
Con más de medio siglo a la espalda, esta empresa familiar,
cuyas riendas ya lleva la segunda generación, entiende,
y así nos lo dice su actual consejero-delegado, Antonio
Gassó Navarro, que "su labor no es una mera actividad
comercial, sino que acercamos a las personas con las personas
mediante la comunicación oral", o lo que es lo mismo,
"vendemos comunicación y calidad de vida".
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Antonio
Gassó |
Todo empezó
en 1949 cuando Joan Gassó y su amigo José Mª
Espoy hicieron un viaje al Reino Unido y trajeron un curioso artilugio
que les había pedido un conocido para su padre sordo. Se
trataba de uno de los primeros audífonos, toda una revelación
tecnológica que les hizo vislumbrar un mercado de gran
futuro, por entonces prácticamente inexistente en España.
Tras este contacto con el mundo de la audioprótesis, pronto
consiguen que la empresa británica, a la que compraron
directamente aquel aparato, les concediera en exclusiva para España
la representación del audífono Belclere.
Estos jóvenes,
nacidos en el castizo barrio barcelonés del Raval, despiertos
y con iniciativa, se aventuraron a poner en marcha el proyecto
porque detectaban que había una necesidad social hasta entonces
no cubierta y utilizaron el lema de ayudar al deficiente auditivo,
que más de medio siglo después, sigue siendo la misión de la organización
-así les gusta autodenominarse- GAES, bautizada, en su día, con
las primeras letras de los apellidos de los dos fundadores (Gassó
y Espoy).
El tema no
es baladí porque el mercado es muy grande si tenemos en cuenta
que en España alrededor de un 7% de la población, es decir, más
de dos millones de personas, padece algún tipo de insuficiencia
auditiva. Pero, a diferencia de la utilización masiva de las gafas
en los problemas oculares, los aparatos para corregir la sordera
tienen menor aceptación social y se calcula que sólo un 8% de
los afectados, es decir, unas 200.000 personas, se atreven a utilizar
una ayuda auditiva.
"Es notoria
la falta de sensibilización social para solucionar los problemas
de audición" nos dice el consejero-delegado de GAES, porque en
otros países desarrollados no existe este prejuicio que les asocia
a la vejez y a la deficiencia, y figuras populares y mandatarios
de las naciones más importantes del mundo (como el líder sudafricano
Nelson Mandela) utilizan estas prótesis que, hoy, gracias a la
revolución tecnológica que las esconde dentro del pabellón auditivo,
son prácticamente invisibles, y, por lo tanto, no antiestéticas,
que era la objeción más usual.
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La única fábrica española
Desde su creación, uno de los objetivos de GAES, además
de distribuir las mejores marcas mundiales del ramo, era llegar
a comercializar sus propios audífonos y con esta finalidad,
en 1958 se creó Microson, un taller donde se buscaban nuevas
soluciones para paliar los problemas auditivos, aunque, al principio,
el trabajo era muy artesanal, ya que en España no sólo
no se fabricaban audífonos, sino que tampoco se hacían
las piezas necesarias para montarlos. Si acaso, se importaban
unos pocos y conocidos sonotones norteamericanos. Así que
Microson se vio obligada a continuar trayendo de fuera los componentes
necesarios para el proceso de producción. Los micrófonos
se compraban en los Estados Unidos, los auriculares en el norte
de Europa, las resistencias en el centro de Europa, etc. y lógicamente,
las primeras prótesis auditivas se fabricaron de una manera
prácticamente artesanal.
"Pero
desde su fundación este laboratorio ha experimentado un
gran desarrollo al ir incorporando progresivamente las tecnologías
más avanzadas, desde la informática a la microelectrónica",
nos explica el consejero-delegado, en presencia de su padre y
fundador, Joan Gassó, quien jubilado y con ochenta años,
no deja de ir por la fábrica, casi todos los días,
a supervisar el negoci, ahora en manos de sus cuatro hijos.
Sus instalaciones de más de 2.000 m2 están
ubicadas desde mediados de los años ochenta en el barrio
barcelonés de Poble Nou, y albergan un complejo sistema
a cargo de personal altamente especializado, con secciones de
producción (que incluye una llamativa sala blanca donde
se fabrican los chips), I+D, diseño y logística.
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