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Estabilidad
y prosperidad son los términos que más se
utilizan para describir la realidad política, económica
y social de Túnez. Su programa
de privatizaciones y el desmantelamiento aduanero que
se está llevando a cabo como consecuencia del Acuerdo
de Cooperación con la UE, están atrayendo
la inversión extranjera.
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| Puerto y capital del país. Posee un aeropuerto internacional y está conectada mediante ferrocarril con otros puertos del norte de África. Centro industrial y comercial, alberga fábricas de productos químicos, alimentos preparados y tejidos; también cuenta con destilerías. Un canal navegable conecta la ciudad con el mar Mediterráneo. |
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| El turismo tunecino, iniciado y estimulado por el Estado, y sostenido y apoyado por una demanda esencialmente europea, constituye un sector clave dentro de la economía tunecina. La oferta se caracteriza por una amplia diversificación del producto: sol y playa, pero también cultura, golf, salud, aventura, etc. |
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| La base económica de esta ciudad la constituyen las industrias de fosfatos, aceite de oliva, esponjas, pistachos, almendras y lana. Concentra gran parte de las actividades económicas del país. |
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| Gran parte de la superficie de la isla se dedica a agricultura extensiva. Su actividad económica la conforman los dátiles, higos, aceitunas y el aceite de oliva, además de las esponjas, la captura de ostras y pulpos y, cada vez más, el turismo. |
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Abierto
al Mediterráneo,
Túnez
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Se le considera el país más occidentalizado de la zona por su desarrollo social, gracias al control de la natalidad, a la escolarización generalizada, a la incorporación de la mujer a la vida activa y al desarrollo de la sanidad pública.
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, un pequeño país norteafricano
que durante los últimos quince años ha experimentado
un crecimiento económico continuo del 4,6% como media
anual, se ha ganado la confianza de muchas economías
desarrolladas y de organizaciones multilaterales como el
Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial
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Un gran oasis
Una
economía dinámica, con enormes potencialidades
todavía por explotar
Es la imagen que Túnez
ha logrado forjarse a lo largo de un proceso de reformas
intensificado en la última década, con el
objetivo de aumentar la competitividad de sus empresas en
un contexto internacional marcado por la globalización.
¿Cuáles son las claves que hay que observar
para entender este proceso? La primera hay que situarla
en la estabilidad política y social de la que ha
hecho gala Túnez desde 1956, año en el que
deja de ser un protectorado francés. La promulgación
de su Constitución en 1959 y la convocatoria de las
primeras elecciones presidenciales y legislativas en 1989
confirieron normalidad a una etapa de transición
de la que muchas economías subdesarrolladas parecen
no salir nunca.
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Por la senda de la planificación
Los planes
de desarrollo, diseñados cada cinco años por
el Gobierno tunecino, constituyen el marco de orientación
de su política económica. Al término
de este ejercicio concluirá el IX
Plan de Desarrollo, puesto en marcha a principios de
1997 en un entorno económico internacional desfavorable.
Se trataba de consolidar los mecanismos de mercado y las
leyes de la competencia leal, eliminando los obstáculos
que impidiesen el desarrollo de las relaciones comerciales
y la integración en la economía mundial.
En la elaboración del X Plan de Desarrollo (2002-2006),
que el Gobierno está preparando, se apostará
decididamente por el impulso de las exportaciones y por
una mayor diversificación de su economía,
con miras a aumentar la competitividad.
Un punto negro se otea en el horizonte: su elevada
deuda
externa
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En
los dos últimos años se ha elevado hasta situarse
en los 10.092 millones de dólares en 2000, lo que
supone el 51,2% del PIB.
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A pesar de ello, hay que conceder a Túnez un voto
de confianza: su deuda nunca ha sido reestructurada en el
Club de París.
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Subirse al tren europeo
Los
logros y propósitos de estos dos últimos planes
de desarrollo han estado marcados sobre todo por el Acuerdo
de Asociación firmado entre la Unión Europea
y Túnez a mediados de julio de 1995 y que entró
en vigor el 1 de marzo de 1998.
La creación de una zona de libre comercio con la
UE en un plazo máximo de doce años, el desmantelamiento
de las barreras arancelarias, la liberalización de
los servicios, la libre circulación de capitales
y la renovación de fondos de financiación
que ayuden a impulsar las reformas estructurales -articulados
bajo el programa MEDA- son las principales medidas sobre
las que ambas partes están trabajando.
La supresión total de los aranceles se está
llevando a cabo de una manera progresiva, para poder controlar
al máximo los efectos negativos y para dar tiempo
a la reestructuración y modernización de las
empresas nacionales, en pos de la conquista de su ansiada
competitividad.
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