N.46
Octubre 2001
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GAES tiene una estrecha relación con los especialistas médicos y con las principales marcas mundiales del sector


 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE… GAES  


>> Oyendo al mundo
Con más de medio siglo a la espalda, esta empresa familiar, cuyas riendas ya lleva la segunda generación, entiende, y así nos lo dice su actual consejero-delegado, Antonio Gassó Navarro, que "su labor no es una mera actividad comercial, sino que acercamos a las personas con las personas mediante la comunicación oral", o lo que es lo mismo, "vendemos comunicación y calidad de vida".

Antonio Gassó

Todo empezó en 1949 cuando Joan Gassó y su amigo José Mª Espoy hicieron un viaje al Reino Unido y trajeron un curioso artilugio que les había pedido un conocido para su padre sordo. Se trataba de uno de los primeros audífonos, toda una revelación tecnológica que les hizo vislumbrar un mercado de gran futuro, por entonces prácticamente inexistente en España. Tras este contacto con el mundo de la audioprótesis, pronto consiguen que la empresa británica, a la que compraron directamente aquel aparato, les concediera en exclusiva para España la representación del audífono Belclere.

Estos jóvenes, nacidos en el castizo barrio barcelonés del Raval, despiertos y con iniciativa, se aventuraron a poner en marcha el proyecto porque detectaban que había una necesidad social hasta entonces no cubierta y utilizaron el lema de ayudar al deficiente auditivo, que más de medio siglo después, sigue siendo la misión de la organización -así les gusta autodenominarse- GAES, bautizada, en su día, con las primeras letras de los apellidos de los dos fundadores (Gassó y Espoy).

El tema no es baladí porque el mercado es muy grande si tenemos en cuenta que en España alrededor de un 7% de la población, es decir, más de dos millones de personas, padece algún tipo de insuficiencia auditiva. Pero, a diferencia de la utilización masiva de las gafas en los problemas oculares, los aparatos para corregir la sordera tienen menor aceptación social y se calcula que sólo un 8% de los afectados, es decir, unas 200.000 personas, se atreven a utilizar una ayuda auditiva.

"Es notoria la falta de sensibilización social para solucionar los problemas de audición" nos dice el consejero-delegado de GAES, porque en otros países desarrollados no existe este prejuicio que les asocia a la vejez y a la deficiencia, y figuras populares y mandatarios de las naciones más importantes del mundo (como el líder sudafricano Nelson Mandela) utilizan estas prótesis que, hoy, gracias a la revolución tecnológica que las esconde dentro del pabellón auditivo, son prácticamente invisibles, y, por lo tanto, no antiestéticas, que era la objeción más usual.

>> La única fábrica española
Desde su creación, uno de los objetivos de GAES, además de distribuir las mejores marcas mundiales del ramo, era llegar a comercializar sus propios audífonos y con esta finalidad, en 1958 se creó Microson, un taller donde se buscaban nuevas soluciones para paliar los problemas auditivos, aunque, al principio, el trabajo era muy artesanal, ya que en España no sólo no se fabricaban audífonos, sino que tampoco se hacían las piezas necesarias para montarlos. Si acaso, se importaban unos pocos y conocidos sonotones norteamericanos. Así que Microson se vio obligada a continuar trayendo de fuera los componentes necesarios para el proceso de producción. Los micrófonos se compraban en los Estados Unidos, los auriculares en el norte de Europa, las resistencias en el centro de Europa, etc. y lógicamente, las primeras prótesis auditivas se fabricaron de una manera prácticamente artesanal.

"Pero desde su fundación este laboratorio ha experimentado un gran desarrollo al ir incorporando progresivamente las tecnologías más avanzadas, desde la informática a la microelectrónica", nos explica el consejero-delegado, en presencia de su padre y fundador, Joan Gassó, quien jubilado y con ochenta años, no deja de ir por la fábrica, casi todos los días, a supervisar el negoci, ahora en manos de sus cuatro hijos. Sus instalaciones de más de 2.000 m2 están ubicadas desde mediados de los años ochenta en el barrio barcelonés de Poble Nou, y albergan un complejo sistema a cargo de personal altamente especializado, con secciones de producción (que incluye una llamativa sala blanca donde se fabrican los chips), I+D, diseño y logística.