N.24
Octubre 1999
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 GRANDES PROYECTOS  


>> RECONSTRUCCIÓN EN EL LÍBANO. MUCHO QUE HACER AL OTRO LADO DEL MEDITERRÁNEO
Aunque los programas de reconstrucción del Líbano empezaron a principios de la década, los dieciséis años de guerra y los conflictos que aún coletean son difíciles de superar (ver "El Exportador", en edición papel, nº 1).
El país quedó absolutamente devastado tras la contienda civil, con las infraestructuras, práctivamente inservibles. Unas 286.000 viviendas fueron dañadas, de las que 100.000 estaban totalmente destrozadas, y la capacidad productiva fue drásticamente reducida.

En 1992, llegó al poder Rafic Hariri, quien puso en marcha inmediatamente un ambicioso Plan de Reconstrucción de Emergencia Nacional que, gracias a la colaboración del Banco Mundial (BM), destinaba 2.900 millones de dólares a solucionar los problemas más acuciantes en infraestructuras y servicios públicos. Los primeros resultados permitían ser optimistas: el PIB llegó a 12.000 millones de dólares en 1996, un 11,8% más que el año anterior y se logró reducir la inflación, que en los años ochenta había alcanzado las tres cifras.

Las autoridades libanesas decidieron confiar la preparación, las convocatorias de ofertas y el seguimiento de las obras a realizar a dos entidades creadas específicamente para ello: Solidere, y el Consejo para el Desarrollo y la Reconstrucción (CDR).

Con este plan se avanzó bastante, especialmente en infraestructuras básicas como:

  • el suministro de electricidad y de agua
  • las conexiones telefónicas
  • la edificación de viviendas
  • la mejora y ampliación de algunas carreteras
  • el acceso al aeropuerto internacional de esta ciudad

Sin embargo, estos avances han supuesto un creciente endeudamiento del país y un déficit público crónico.

A la larga surgieron críticas a los ambiciosos programas de reconstrucción. De hecho, la crisis y el patente descontento de la población motivaron la dimisión del primer ministro, Rafic Hariri, cuyo puesto ocupó a finales de 1998 Salim al-Hoss con el beneplácito de Siria (de la que depende la política exterior y defensiva del Líbano). Con un reconocido equipo de tecnócratas, el nuevo gabinete se centró en los problemas económicos del país, en la lucha contra el déficit presupuestario y la deuda.

La más inmediata consecuencia es que apenas se pondrán en marcha nuevos proyectos hasta que la situación se haya estabilizado, aunque las autoridades se han comprometido a finalizar todas aquellas obras que ya hubieran comenzado.

Para el nuevo equipo de gobierno los principales retos en estos momentos son:

  1. la reforma de la hacienda pública, con la que se pretende atajar el déficit público y poner fin a la deuda,
  2. la racionalización del sector público,
  3. la transformación de la administración.
El Líbano siempre ha sido un país comercialmente abierto en el que la iniciativa privada ha funcionado como el principal motor de la economía: el Estado interviene poco, no existen restricciones a la movilidad de capital y sí estrictas normas sobre la regulación del secreto bancario.