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“Ya en los campos de Jaén amanece. Corre el tren por los brillantes rieles, devorando matorrales, alcaceles, terraplenes, pedregales, olivares, caseríos, praderas y cardizales, montes y valles sombríos”. Con estos versos evoca Antonio Machado momentos decisivos en su vida, mecido por el traqueteo del tren. Recuerdos de otros viajes, otras tierras, otras compañías, pero igualados por el paisaje evanescente que se alcanza a ver desde la ventana del vagón. Son muchos los textos literarios que usan el tren como metáfora de los cambios vitales. Pero, lejos de su imagen romántica, el ferrocarril no sólo acorta distancias entre pasajeros, sino que también es un medio eficaz para el transporte de mercancías, como ejemplifica en la práctica el grupo empresarial de transporte y logística Transfesa.
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Emilio Fernández |
Esta firma, con sede en Madrid, tiene su origen en una empresa agropecuaria que tenía dificultades para transportar el ganado vivo por España. Para resolver un problema interno se inició en el transporte ferroviario, actividad que desembocó en el nacimiento de Transfesa en 1943 como una compañía plenamente dedicada al transporte que, poco a poco, fue ampliando su negocio al sector de la alimentación y la paquetería. “Como le ocurre a la mayoría de empresas de este país, Transfesa nace cuando estaba todo por hacer. En esos momentos, las empresas practicaban la diversificación vertical y se ocupaban de todo el proceso productivo, el envase, el transporte, etc.”, asegura Emilio Fernández, presidente de la compañía.
La historia del ferrocarril español se remonta al siglo XIX, cuando el equipo de gobierno de Isabel II impulsó su construcción para modernizar el país. Por razones geoestratégicas tomaron la decisión de que la red ferroviaria tuviera una amplitud mayor a la del resto de Europa: el ancho ibérico. La consecuencia en la actualidad es que el transporte ferroviario tiene que salvar esos centímetros de diferencia que separan a España del estándar internacional. Para las mercancías, este proceso resulta especialmente costoso porque los trenes deben soportar pesos mayores que en el transporte de pasajeros. Pero ése no ha sido un obstáculo para que Transfesa se haya convertido en el tercer operador europeo privado de transporte de mercancías por ferrocarril. “Transfesa fue pionera en resolver el problema del ancho de vía para mercancías y evitar los transbordos, que implicaban mermas del 20% de las cargas. Fue la primera empresa que puso en funcionamiento dos instalaciones de cambio de ejes situadas en Cerbère y Hendaya tras conseguir la concesión de las autoridades francesas.”
Mercancías al tren
La actividad internacional de Transfesa está estrechamente ligada a la del exportador español. “El transporte y la logística son una parte muy importante de la competitividad de una compañía. En los años 60 y 70, Transfesa hizo su contribución para mejorar la competitividad de las empresas españolas que empezaban a internacionalizarse”.
El primer paso de la compañía al otro lado de los Pirineos se realiza en la década de los 50 con el transporte de frutas y verduras del litoral levantino al Reino Unido. La mayor calidad de los productos transportados por tren y el hecho de que, en aquella época, Renfe no se ocupara de las mercancías en el ámbito internacional fueron un empujón importante para que la firma se lanzara hacia la conquista de otros mercados.
“Cuando Transfesa empezó a transportar tomate, adquirió el compromiso de hacerlo en unas condiciones de calidad superiores a los transportes alternativos y de que, en consecuencia, ese tomate se vendería en el mercado de Covent Garden un penique más caro. Si ese penique no se conseguía, lo pagaba Transfesa. Nunca tuvimos que abonar nada porque la mercancía llegaba en perfectas condiciones”.
Cumpliendo esa máxima, la empresa recibe un encargo muy especial en 1958. Fue la elegida para trasladar una pieza única del patrimonio artístico universal: Las Meninas. El lienzo de Velázquez viajó desde El Prado a la National Gallery de Londres en los vagones de la compañía
En esos mismos años, el grupo español se empieza a desplegar por territorio europeo. Se crea una red de oficinas de representación, que son el embrión de sus actuales filiales, ubicadas en Portugal, Francia, Italia, Benelux, Alemania, Suiza, Polonia y, por supuesto, Reino Unido, donde cuenta con una terminal ferroviaria propia. “Nos desarrollamos en el exterior para poder atender a los importadores y buscar nuevos clientes.
Automoción, la clave
La importancia de España como fabricante de automóviles ha sido vital en el desarrollo de Transfesa. Más del 80% de la actividad del grupo procede del segmento de vehículos y componentes. Las empresas del sector de automoción son sus clientes principales, entre las que se cuentan Ford, SEAT o Renault. Las perspectivas del grupo son halagüeñas y las paulatinas deslocalizaciones productivas que el sector está llevando a cabo no perturban el sueño de los directivos de Transfesa. “La deslocalización productiva no nos preocupa. Fabricar aquí sigue siendo rentable. España continuará ocupando el tercer puesto como productor de automóviles”.
De todas formas, la estrategia de la firma es seguir el camino que marquen sus clientes. “Puede que cambie la forma de trabajar, pero no el negocio. Nosotros iremos a donde vayan nuestros clientes”.
En las dos últimas décadas Transfesa ha seguido avanzando en su apuesta internacional y en la actualidad el comercio se produce entre las filiales sin necesidad de pasar por España. “Si el punto de referencia inicial o final hubiera sido España, no hubiera sido necesaria la red que tiene Transfesa hoy. El objetivo del grupo era prestar servicios con independencia y desarrollar un negocio al margen del español”.
Gracias a este planteamiento, y a petición de su cliente Ford, la firma puso en funcionamiento en 2004 un servicio de transporte intermodal que combina el tren, el ferry y el camión para unir Centroeuropa y Asia. Ford necesitaba transportar los componentes que fabrica en la ciudad alemana de Colonia hasta la planta de ensamblaje ubicada en Köseköy, en la parte asiática de Turquía. Esta ruta la operan 10 trenes semanalmente que atraviesan el continente europeo hasta llegar a Estambul, cruzan el Bósforo en ferry y realizan la última parte del recorrido en los camiones de su socio local. “Necesitábamos contar con una flota de camiones que llevaran la mercancía desde la planta productiva hasta la plataforma de carga del tren. Desarrollar esa estructura allí hubiera sido muy costoso. En un país como Turquía, es muy difícil trabajar sin un socio local. De modo que hemos creado una sociedad al 50% con la compañía turca Omsan Lojistik”
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