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RUSIA
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El período 2000-2002 ha sido el más favorable de la reciente historia rusa. Si a principios del 2001 se apreciaba un cierto deshielo económico en el país, en estos momentos se puede afirmar que la primavera ha entrado con todo su brío.

En estos tres años, el crecimiento medio del PIB ha sido superior al 6% y el de la producción industrial casi ha alcanzado el 7%; se ha reducido sustancialmente la tasa de inflación; han aumentado considerablemente las reservas de divisas; se ha regularizado la situación financiera exterior; ha habido superávit presupuestario y se han recuperado los ingresos reales de la población al nivel anterior a la crisis de agosto de 1998.

Es más, debido a los buenos resultados experimentados en los cinco primeros meses de 2003, el Gobierno ruso se ha visto obligado a revisar al alza por segunda vez sus previsiones de crecimiento económico para este ejercicio, situando la tasa de incremento del PIB en el 5,4%, frente al 4,6% pronosticado.

A la expectativa
Sin embargo, la óptima evolución de los indicadores macroeconómicos se topa con la desequilibrada economía rusa, en donde el sector energético y la industria pesada tienen un peso proporcionalmente muy elevado, en detrimento de la industria ligera, que posee una escasa relevancia. Sólo el sector petrolero representa un 10% del PIB y un 20% de los ingresos del presupuesto federal.

Por ello, y aunque a pesar de estas deficiencias estructurales, las perspectivas para los próximos meses son moderadamente optimistas, se mantienen las debilidades casi endémicas de la economía rusa:
  • una elevada dependencia de las exportaciones de materias primas;
  • la baja competitividad de los sectores industriales orientados al mercado interior, debido a que el paulatino crecimiento de las importaciones absorbe gran parte de la demanda interna;
  • la ausencia de un sistema financiero eficaz y preparado para transformar el ahorro en inversión y
  • una distribución de la renta muy desigual.

Las cifras no engañan: si en 2000 el crecimiento de las importaciones cubrió el 21% del aumento de la demanda interna, en 2001 esta proporción ascendió al 43%. Y, por el otro lado, la carestía de inversiones reduce la competitividad de la producción local.

Por estos motivos, expertos como Jacques Sapir, director de estudios de L'École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHSS) de París, señalan que en el medio plazo a Rusia le va a resultar muy difícil sostener tasas de crecimiento apreciables mientras se mantenga el actual nivel de inversiones
en capital fijo, dada la antigüedad de los equipos: en la industria se estima que la obsolescencia afecta a más del 50% y que la edad media de la maquinaria casi alcanza los 19 años.

Por la senda de las reformas
Consciente de la situación, el Gobierno ruso ha depositado sus esperanzas de un crecimiento estable y equilibrado en la aplicación de reformas estructurales.

El primer plan a corto plazo, que regía para los años 2001 y 2002, ha dado sus primeros frutos.

En el programa para los años que van del 2003 al 2005, uno de los objetivos prioritarios es elevar el grado de competitividad de la producción nacional, para lo que resulta necesaria una transformación gradual de la estructura económica en su conjunto, estimulando la exportación de productos con mayor valor añadido y el desarrollo de nuevos sectores, principalmente los de alto contenido tecnológico y los servicios.

Como señala Ana Oviedo, hasta hace breves fechas consejera jefe de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Moscú, "aunque bien es cierto que las reformas evolucionan a un ritmo relativamente lento y son objeto de continuos debates e, incluso, de cambios de criterio, es evidente el interés y la voluntad política del Gobierno en llevarlas a cabo".

Clima inversionista
Hasta ahora, la inversión extranjera, reducida respecto a la dimensión del país, ha estado marcada por constantes altibajos y, en general, se ha reducido en los últimos años. No obstante, todo apunta a que va a experimentar un repunte progresivo en el futuro más inmediato. De hecho, todas las sociedades que miden la potencialidad de inversión en un país han coincidido en señalar la mejoría de sus condiciones.

De cualquier forma, según datos del Comité Estatal de Estadísticas, Goskomstat, la inversión extranjera acumulada a principios de año alcanzó prácticamente los 43.000 millones de dólares, siendo Estados Unidos, Chipre, Países Bajos, Reino Unido y Alemania sus principales hacedores.

Por lo que respecta a España las cifras son bastante modestas, ya que la inversión en Rusia totaliza el 0,02% del total de la inversión española en el extranjero. Y éstas se concentran en el sector agroalimentario, gracias a las instalaciones productivas del grupo Agrolimen, Bodegas Valdepablo o Chupa Chups.

Un signo que refleja la mejora del clima inversionista en el país es el retorno del capital exportado por empresarios rusos en otras épocas. Dato que se refleja en las importantes inversiones procedentes de Chipre y Luxemburgo, segundo y noveno país inversor el pasado año.

Tregua electoral
A pocos meses de las elecciones parlamentarias, y a menos de un año de las presidenciales, en marzo de 2004, es previsible que las reformas más importantes y conflictivas sean, en cierta medida, ralentizadas hasta que termine todo este período. Todo indica que su actual presidente, Vladimir Putin, va a acceder a un segundo mandato, por lo que cabe esperar que la dirección de la política económica se mantenga en la misma línea.

El parlamento electo se tendrá que enfrentar a una deuda externa que, sin ser excesiva, impondrá un esfuerzo financiero no del todo desdeñable hasta 2007. Una vez resuelto el famoso problema de 2003, que consistía en la ejecución del pago de 19.000 millones de dólares, Putin, en un arranque de confianza, ha llegado a declarar recientemente que Rusia ya no tiene un problema de deuda externa.

La incorporación de Rusia a la Organización Mundial de Comercio (OMC) será otro de los principales caballos de batalla del nuevo equipo gubernamental. Las negociaciones se han desarrollado con muchas oscilaciones. Los problemas básicos con los que se han topado han sido: los precios del sector energético, el apoyo estatal al sector agrario y el acceso a los mercados de servicio.

La fecha que actualmente se considera como probable para la incorporación estará situada entre 2005 y 2007. Independientemente de cuándo se produzca la adhesión, el proceso de negociación está teniendo un efecto positivo, en la medida en que está sirviendo como estímulo para la gradual adaptación de la legislación rusa a los estándares internacionales.

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