| EL FANTASMA DE BABEL | |||||||||
La situación de España es particular. Hasta hace un par de décadas parecía dar la espalda a Europa. Pero con el ingreso en 1986 en la entonces Comunidad Europea, el problema de la diferencia idiomática adquirió cotas elevadas. España afrontó la realidad de que el mundo se ampliaba más allá de la comunidad hispanohablante: adquirió la consciencia de que tener presencia en otros países se había convertido en una necesidad para las empresas si querían competir con las del resto de Europa. Según un informe especial del Eurobarómetro, completado en febrero de 2001, en el que se estudia la situación de las lenguas en Europa, más de la mitad de los ciudadanos comunitarios son bilingües. El inglés es la lengua no materna más hablada con un 41%, seguida del francés con un 19%, el alemán con el 10%, el español con el 7% y el italiano con el 3%. "Si queremos vender fuera, hay que dar todas las facilidades posibles a nuestros futuros clientes y, si puede ser, hablando su idioma", aconseja Jesús Arnau, gerente de promoción y comercialización de Asitel, empresa que ofrece un innovador servicio de traducción telefónica en 24 idiomas. Poco a poco la internacionalización se ha ido profesionalizando en todas sus áreas, incluida la de los idiomas. "Las empresas de traducción se han puesto a la altura del resto de países porque han sabido aprovechar las ventajas que la apertura de fronteras ha supuesto, ventajas, por ejemplo, a la hora de disponer de mayor accesibilidad a la información", asegura Amaya Montoya. Esta profesionalización y el alto nivel de calidad vienen avaladas en algunos casos por las certificaciones ISO. Actualmente ACT y AENOR trabajan para la implantación de normas de calidad exclusivas del sector de la traducción. "El traductor es un especialista antes que un lingüista", confiesa Marie-Pierre Gesta, directora de Synonime, empresa de traducción e interpretación con sede en Madrid, que abrió sus puertas hace quince años. Sin embargo, y a pesar de lo expuesto, "la tendencia de los últimos años viene marcada por un descenso en la prestación de servicios a empresas exportadoras por la cada vez mayor contratación de personal con conocimientos de idiomas" afirma Oscar Laita, representante de Traducciones Continental. A primera vista parece más rentable contratar a profesionales capacitados que, además, dominen varios idiomas. Por ello, a menudo se prescinde del trabajo del traductor, como asegura María José Velasco. Pero traducir un texto no supone únicamente dominar una lengua, implica contar con unos conocimientos que van más allá de lo meramente lingüístico. Jesús Arnau añade: "importantes inversiones en campañas de marketing pueden resultar fallidas por errores en la traducción". "Las dificultades que nos encontramos son, fundamentalmente,
En suma, las empresas no se dan cuenta de que la imagen que el cliente extranjero tendrá de la empresa y del producto dependerá totalmente de lo que reflejen los documentos traducidos, de la fluidez de la comunicación en el desarrollo de las negociaciones y de la corrección del etiquetado y del empaque", señala Fátima Morote, directora gerente de Morote Traducciones. >>
Nuevos tiempos, nuevas necesidades, nuevas respuestas Este avance se ha dado en dos direcciones:
Puede que la globalización sea un proceso en estado avanzado, pero los hechos son irrefutables. En el mundo se hablan alrededor de 6.000 lenguas diferentes y a pesar de la expansión del inglés, las empresas exportadoras deben enfrentarse a esta circunstancia. Si los límites de la internacionalización comercial son cada vez más vastos, también es cada vez mayor la necesidad de conocer y comprender más realidades, realidades que se expresan en múltiples idiomas. A tenor de todo lo dicho y repitiendo las palabras de María José Velasco, "la globalización es imposible sin la traducción".
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