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Hungría
es quizá el candidato mejor situado para incorporarse a la Unión Europea en los próximos
dos años. Toda su actividad exterior está enfocada,
desde la caída del anterior régimen en 1989, a la
consecución de este objetivo.
Los países
candidatos a entrar en la UE parecen rivalizar sobre quién
está en mejores condiciones para hacerlo. Sin embargo,
no es descabellado afirmar que Hungría es quizá,
desde hace ya mucho tiempo, y por diversas razones, uno de los
mejor colocados para ello (ver
El Exportador, nº 22).
La transición
política húngara, tras la caída del muro
de Berlín, fue la menos traumática de Centroeuropa.
Desde entonces, ha sido el país políticamente más
estable de la zona y continúa siéndolo.
En el plano
económico, ha continuado la tradición de reformas
graduales que comenzaron en los años 70. Tras el ajuste
emprendido a partir de 1995, Hungría es, en casi todos
los aspectos, el país que más en profundidad ha
abordado los cambios y en el que se consideran más irreversibles.
El flujo de inversión extranjera hacia su economía
es quizá la demostración más palpable del
proceso de reformas.
>> Crece la economía
Efectivamente,
la economía húngara crece, y lo hace de forma
importante y sostenida desde 1997.
En definitiva,
tras varios años de ajuste, puede hablarse de una economía
que disfruta de un crecimiento con una base sólida, pero
que tendrá que profundizar en ese ajuste para no dificultar
la estabilidad, sus transformaciones
estructurales y su apertura
comercial, todas ellas necesarias para incrementar la convergencia
hacia la Unión Económica y Monetaria.
>>
Paladín de la inversión extranjera
El gran volumen de inversión extranjera canalizada hacia
Hungría comenzó con el proceso de privatización,
uno de los elementos clave de la transformación económica
del país, y en el que la participación del capital
extranjero se aproxima al 60%. En estos momentos, la privatización
está prácticamente concluida.
Pese al reducido
tamaño del país, a finales de 2001 las inversiones
extranjeras acumuladas se aproximaban a los 34.000 millones de
euros, con uno de los mayores índices mundiales de inversión
foránea per cápita, más de 2.500 euros.
Dentro del
marco gubernamental de fomento de las inversiones, hay que hacer
referencia al denominado Plan
Szechenyi, puesto en marcha por el Ministerio
de Economía en enero de 2001, para un plazo de seis
años, pero que ya ha sido ampliado a diez.
Dentro de
los programas del plan, debe destacarse por su importancia:
- el Programa
de Desarrollo de Empresas, de cuyos fondos un 60% fue destinado
en 2001 a compañías con capital 100% extranjero;
- un Programa
de Turismo, interesante para los posibles inversores españoles
del sector.
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La carrera hacia la UE
El principal objetivo de la política exterior húngara
es la integración en las estructuras políticas,
económicas y de seguridad europeas.
Hasta el período
de elecciones generales de este año (abril de 2002), Hungría
había destacado entre los Estados candidatos como uno de
los que figuraba a la cabeza, con un mayor número de capítulos
de negociación cerrados.
En principio,
si no surgen desagradables sorpresas, un primer grupo de entre
los 12 candidatos en los cuales figurará sin duda Hungría,
se adherirá en 2004.
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España necesita más presencia inversora
A pesar de la existencia de un acuerdo para la promoción
y protección recíproca de inversiones y de un convenio
para evitar la doble imposición, así como de la
disponibilidad de financiación bilateral y, sobre todo,
multilateral, los inversores españoles no se han mostrado
muy activos en el proceso de privatización.
De todos modos,
nuestra inversión, con ser aún escasa, está
avanzando recientemente y, en estos momentos, hay unas 60 empresas
españolas en Hungría, con un volumen de inversión
neta en 2001 de 173,9 millones de euros, lo que supone, eso sí,
un exiguo 0,53% de la inversión española directa
en el extranjero.
Los proyectos
de inversión españoles, cinco de los cuales
han recibido, o continúan recibiendo, apoyo de COFIDES,
están alcanzando, en general, un notable éxito.
En el ámbito
comercial, sin embargo, la situación es mucho mejor. Las
exportaciones españolas crecieron casi un 30% anual
en el período 1995-2001.
El crecimiento
de los intercambios
comerciales con España, a buen ritmo desde hace varios
años, está siendo uno de los más dinámicos
de entre los países de la UE, y no sólo eso, ya
que, como afirma Mónica Vázquez, consejera jefe
de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España
en Budapest: "Hungría es, en realidad, uno de los
destinos más dinámicos con que cuenta la empresa
española a escala mundial".
Una buena
noticia, siempre que vaya acompañada de la necesaria presencia
inversora en el mercado húngaro, que sirva de apoyo a la
competitividad de nuestras exportaciones.
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