N.56
Septiembre 2002
 
 





     
Tras las huellas de ...  
  Primeros pasos  
  Actualidad del exportador  

 

 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE… GRUPO FREIXENET  


>> La Freixeneda
Unas raíces que se hunden en los viñedos de Juan Sala, un empresario que a finales del siglo XIX dio a sus vinos una dimensión internacional. La filoxera y la pérdida de las colonias americanas dejaron en suspenso un negocio que retomó su nieta, Dolores Sala, y su marido. Y precisamente fue éste, Pedro Ferrer Bosch, el que apostó por producir, en la finca familiar La Freixeneda, exclusivamente cava o champán catalán como se conocía entonces, un vino espumoso fermentado según el método champenoise. Así, en 1914 nace Freixenet, utilizando el apelativo con el que las gentes del lugar conocían "al chico de la Freixeneda".

Las primeras etiquetas de cava aparecen con la marca Freixenet y Casa Sala, pero como señala José Luis Bonet, "el mercado optó por la primera de las denominaciones". Los felices años veinte no sólo traen algo volátil, como una saneada cuenta de resultados, producto del período de bonanza económica que se vivía, sino también algo que ha perdurado a lo largo del tiempo: el niño de la barretina roja con una botella debajo del brazo, la imagen comercial del grupo. Este cartel publicitario, que se presentó en la Exposición Universal de Sevilla de 1929, sustituyó a la vaporosa dama que sentada sobre una botella de cava anunciaba hasta entonces las marcas de la casa. La promotora del cambio fue Dolores Sala, que consideraba la figuración muy atrevida.

Sin la intuición, la visión de futuro y la experiencia de Pedro Ferrer en los primeros años de vida de la empresa y la fuerza de Dolores Sala, una mujer excepcionalmente preparada para su tiempo, posiblemente Freixenet no hubiera pasado de ser una bodega más de Sant Sadurní d'Anoia. La preponderancia del primero en los primeros años de la empresa sentó las bases para su desarrollo. "Mi abuelo se dio cuenta muy pronto del poder de la publicidad y de la trascendencia de las exportaciones, llegando a instalar una sucursal en Estados Unidos, concretamente Nueva Jersey, en 1935, aprovechando la abolición de la ley seca", recuerda José Luis Bonet. Expansión que se vio truncada por el estallido de la Guerra Civil en España, que acaba con las muertes de su abuelo y de su tío, el primogénito de la familia.

Demostrando sus buenas dotes para administrar la empresa y un excelente paladar para la cata de vinos, Dolores Sala no se amedrenta y coge el testigo, capeando con éxito los difíciles años de la posguerra. Su gran acierto: el lanzamiento del Carta Nevada, entre cuyas señas de identidad se encontraba la botella de cristal blanco esmerilado que formaba parte del legado de su marido.

>> La maduración de una marca
En este contexto, José Ferrer toma el relevo en la gestión de la compañía, aunque su madre conserva la dirección general y la presidencia hasta su muerte, y pone en marcha un proceso de modernización en la década de los sesenta para el que cuenta con su sobrino José Luis Bonet. Ambos hacen causa común para "recuperar el legado y la estrategia de Pedro Ferrer Bosch".

Hacerse fuerte en España y ser líder en exportaciones del sector son los dos pilares básicos del plan. La estrategia: posicionarse en el segmento de precio medio, ofreciendo la misma excelencia en los caldos. Los medios: ofrecer un producto de calidad, con una presentación esmerada, potenciar la red comercial tanto dentro como fuera de España y darle un apoyo publicitario, diseñando las campañas en los mercados exteriores conjuntamente con los distribuidores locales. "Elegimos el cava Carta Nevada para el mercado nacional, un producto que se elaboraba desde 1941, y el Cordón Negro para la exportación. A esta última marca se le diseñó también una botella negra esmerilada que le diferenciaba de la competencia", evoca José Luis Bonet con la sobriedad que le caracteriza. Los logros: se consolida en España como el segundo productor de cava, la inconfundible botella blanca del Carta Nevada se convierte en un fenómeno social, gracias a sus apariciones en la pequeña y la gran pantalla, y Cordón Negro va dejando su impronta fuera de España.

Con una imagen de marca sólidamente construida, cimentada en la fuerza conjunta de las ventas y la publicidad, Freixenet sale de compras. Corren los años ochenta y tras la expropiación de Rumasa adquiere las cavas Castellblanch y Segura Viudas, así como las bodegas de vino tranquilo René Barbier, lo que incrementa notablemente el volumen de producción de la empresa. Y, cumpliendo con el anhelo de Pedro Ferrer Bosch, que -como siempre recordaba Dolores Sala- afirmaba que para dar prestigio a la marca había que tener una casa de champán en Francia, se hace con las bodegas Champagne Henri Abelé, las terceras más antiguas de la región de Reims, cuna del champán.