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El dulce sabor de la simpatía
Humanizar la marca, dotarla de una personalidad propia que
refleje el espíritu de la familia Pérez es
el legado más importante que heredó Rafael
Pérez y que se empeña en transmitir a la quinta
generación de esta saga vallisoletana, que próximamente
cogerá las riendas de su centenaria empresa. "Desde
el primer momento mis antepasados se dieron cuenta de la
importancia de la marca como elemento diferenciador de tu
producto, por lo que siempre se ha tratado de que sea creíble,
que infundiese confianza a la vez que simpatía en
el consumidor.
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Si en nuestra empresa todo el mundo es amable y simpático,
¡cómo no ha de serlo nuestra marca!",
explica el actual presidente del Grupo Helios,
Rafael Pérez. |
Una
simpatía que se ha radiado a través del cuidado
diseño de las etiquetas y del envase. "Una marca,
al igual que una persona, se tiene que vestir bien, utilizar
colores agradables en composiciones armónicas y rodearse
de un entorno amable. Y con esta premisa de fondo Helios
ha ido evolucionando con los tiempos, en constante alianza
con la tecnología más avanzada para mantener
sus altos estándares de calidad, garante de la imagen
que íbamos creando".
Fiel
a esta visión intimista de la marca, el deporte,
la cultura, el arte o las campañas de protección
a animales en peligro de extinción son parte del
entorno donde ha crecido y se ha desarrollado Helios, gracias
a la labor de patrocinio en la que continuamente está
inmersa. Su último reto es la organización
de una exposición en Valladolid sobre la fruta en
la pintura desde el siglo XVIII hasta nuestros días,
con la que se quieren coronar las celebraciones del primer
centenario de la compañía. "Hemos comprobado
que nuestra tarea de padrinazgo es tremendamente generosa
tanto desde el punto de vista empresarial, porque devuelve
más de lo que recibe, como personal, ya que nos ayuda
a dar rienda suelta a nuestras inquietudes personales a
la vez que fomentamos el desarrollo de nuevos valores",
apunta Rafael Pérez, un humanista que ha sabido unir
perfectamente el mundo de la cultura con el de la empresa.
Armonía
entre dos elementos que ha venido cristalizando en el márketing,
una técnica utilizada ya en la compañía
en sus orígenes, antes incluso de que se la diera
nombre. Muestra de ello es que ya a principios del siglo
pasado, desde las páginas del diario El Norte de
Castilla se anunciaba el regalo de una papeleta para el
sorteo de la lotería de Navidad por cada cinco pesetas
de compra en turrones y otros dulces que se realizase en
la confitería El Sol, denominación original
del obrador que años más tarde se convertiría
en Helios.
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De obrador a planta industrial
Gaspar Pérez, el bisabuelo del actual presidente
de Helios, y su hijo Alejandrino Pérez Álvarez
fueron los responsables de esta imaginativa iniciativa,
tras asumir el traspaso de la confitería El Sol,
ubicada en pleno caso antiguo de Valladolid. Este humilde
obrador, que ya empezaba a realizar trabajos más
elaborados como caramelos, bombones, dulces de membrillo,
frutas confitadas y turrones, se llegó a convertir
en el proveedor oficial de la Casa Real.
Años
más tarde, en 1936 con la ampliación del negocio,
que ya se extendía a la producción de mermeladas
y conservas de frutas, se decide adoptar el nombre de Helios,
en honor del dios griego del Sol, y registrar entonces su
marca.
Con
la entrada de la tercera generación en los cargos
directivos de la empresa se aborda un primer proceso de
industrialización, abandonándose así
los tradicionales métodos artesanales. "Hasta
entonces se deshuesaban a mano las cerezas y los frascos
se cerraban también a mano, uno a uno", recuerda
Rafael. Corría el año 1957 y para dar este
paso fue necesario abandonar las antiguas instalaciones
y buscar una nueva localización desde donde ampliar
el mercado y diversificar la producción. De esta
forma, la primera fábrica de la familia, que estuvo
operativa durante más de 20 años, se ubicó
en la calle Esquila. Con el aumento de las ventas, se vieron
obligados a ampliar de nuevo su capacidad productiva, a
la vez que observaron que se diferenciaban claramente dos
líneas de negocio: las conservas de confituras y
mermeladas, que dio paso al nacimiento de Dulces y Conservas
Helios, y los caramelos, creándose Industrias Dulciora.
En 1970,
Dulces y Conservas Helios se traslada a su sede actual,
a las afueras de Valladolid, ampliando su producción
a la elaboración de conservas vegetales y salsas,
mientras que Industrias Dulciora, especializada en la elaboración
de todo tipo de caramelos, chocolates y turrones, se ubica
en el polígono industrial San Cristóbal.
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