N.34
Septiembre 2000
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Foco. Latinoamérica  

 

La solución a los problemas de la globalización es una gestión más eficaz social y políticamente


En América Latina y el Caribe la inflación y el déficit fiscal se desplomaron debido a políticas macroeconómicas acertadas

 

 FOCO. América Latina
 


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América Latina y el Caribe frente a la globalización
Al comenzar el siglo XXI, el tema de la globalización ocupa un sitial preponderante en los debates referentes a la política económica mundial. En cuanto a sus causas y consecuencias, ya nos hemos habituado a que globalización signifique cosas diferentes para diferentes personas. Algunos la consideran como una amplia avenida de oportunidades de progreso económico y social y de creación de un mundo mejor. Otros expresan profunda preocupación ante el deterioro que ese fenómeno suscitaría en la autonomía de las naciones, la integridad de las sociedades y, en definitiva, el bienestar humano. Muchos otros son simplemente observadores perplejos de los cambios acelerados que experimenta el mundo que los rodea. Recientemente el escepticismo con respecto a la globalización parece haber ganado terreno en la opinión pública, o por lo menos parece expresarse en forma más rotunda, como lo ilustran las manifestaciones multitudinarias contra la Organización Mundial de Comercio (OMC) que tuvieron lugar en Seattle el año pasado.

En cierta medida, la inquietud que suscita la globalización es comprensible, pues a menudo los acontecimientos de nuestros días parecen superar la capacidad de las personas y los gobiernos de manejarlos eficazmente. Ésto hace que ante la globalización se tenga la sensación de estar sufriendo una contrariedad. Algunos atribuyeron a las turbulentas corrientes de capital que provienen de mercados financieros cada vez más globalizados el colapso del denominado milagro asiático. Otros creen que el incremento del comercio mundial no suscita prosperidad -como lo enseñan nuestros libros de texto de Economía- sino degradación de los mercados de trabajo, de la cultura y del medio ambiente. Los signos de creciente desigualdad en el mundo respaldan la noción de que la globalización beneficia exclusivamente a un grupo selecto de países y a los habitantes de estos últimos.

Indudablemente, la globalización crea problemas y requiere ajustes. Pero ¿se trata de sustituir el progreso económico, científico, social y político, de proporciones históricas, que ha contemplado el mundo en los últimos veinte años por la incertidumbre con la que nos vemos confrontados hoy? Una reflexión detenida conduce a una respuesta negativa. La solución consiste en una gestión social y políticamente más eficaz de las fuerzas de la globalización y una preparación más sistemática, en el ámbito nacional, regional y multilateral, para alcanzar los potenciales beneficios, reducir al mínimo sus costos y hacer posible una distribución equitativa.

En América Latina y el Caribe, profundas transformaciones han puesto a la región en condiciones de aprovechar las oportunidades que puede ofrecer un mundo que cambia rápidamente. Desde mediados de la década de los ochenta somos testigos de una amplia gama de reformas económicas estructurales cada vez más profundas encaminadas a una mayor apertura a la economía mundial, un espacio más amplio para las actividades del sector privado, una mayor participación democrática y una colaboración más estrecha con los países vecinos y con la comunidad internacional. En muchos aspectos, la región es un lugar del mundo radicalmente diferente del que existía al comienzo de la crisis de la deuda de los años ochenta. No obstante, al cabo de 15 años de severas reformas estructurales es excesivo el número de problemas que aún subsisten. El crecimiento económico ha sido exiguo y en algunos casos inestable; al mismo tiempo, América Latina y el Caribe es la región del mundo en la que existe una mayor desigualdad. No es sorprendente, por lo tanto, que en la región se haya intensificado el escepticismo con respecto al proceso de reforma estructural y a la globalización en general. No obstante, un retroceso en la orientación general de las reformas sería ciertamente frustráneo en el contexto de las actuales tendencias de la globalización, crearía condiciones conducentes a la pérdida de oportunidades de desarrollo y daría lugar, asimismo, a una marginación económica, e inclusive política, con respecto a las fuerzas mundiales de la modernización y el progreso social. Lo que se requiere es aplicar mecanismos de perfeccionamiento y adaptación basados en la experiencia de las lecciones recientes y profundizar las reformas, llevándolas a ámbitos clave relativamente desatendidos.

Si bien el decenio de los ochenta suele caracterizarse como la "década perdida" para América Latina y el Caribe, dada la preponderancia en ese período de resultados económicos en general desalentadores, la región, calladamente, sentó las bases de una importante transformación política, social y económica. La explosión del servicio de la deuda, el colapso de las cuentas externas, una inflación desbocada y una profunda recesión asestaron el golpe definitivo a un modelo, excesivamente arraigado y agotado, de sustitución de importaciones orientada por el Estado, y obligó a los países de América Latina y el Caribe a poner en marcha rápidamente el proceso de reforma estructural basado en el mercado que aún sigue aplicándose. Al mismo tiempo, entre 1978 y 1990 unos 15 países lograron realizar la transición de la dictadura a la democracia.

 






 

BID

El Banco Interamericano de Desarrollo es una institución financiera cuyo objetivo es el estímulo del desarrollo económico de la región a través de la financiación de proyectos mediante créditos.