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La renovación de un clásico
"El
hombre que lucha, con trabajo y constancia, dando calidad
y buen servicio, al final triunfa". El que habla es Marcos
Eguizábal, don Marcos para todos aquellos que le conocen,
y con estas palabras resume la filosofía que ha guiado toda
su vida. La misma que en 1984, a los 65 años de edad, le
animó a materializar la que había sido su gran pasión desde
niño: la enología. Con la compra de Bodegas Paternina, este
empresario riojano, además de asumir un reto personal, tomaba
las riendas de toda una leyenda.
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Marcos
Eguizábal, presidente y Carlos
Eguizábal, director general de Paternina
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Ésta
comenzaba en 1896, cuando Federico Paternina Josué
funda la firma en la pequeña localidad de Ollauri
(Rioja Alta); allí disponía de tres bodegas,
con unas mil barricas de roble americano para la crianza
de vino, y varias tinas y cubas dedicadas a la elaboración
y al almacenamiento con una capacidad de, aproximadamente,
500.000 litros. En pocos años, el negocio se amplía
con la adquisición de las instalaciones de la Cooperativa
de los Sindicatos Agrícolas Católicos en Haro,
la producción se multiplica y los vinos de la casa
empiezan a ir indisolublemente unidos a un concepto: la
calidad. Pero será a partir de la década de
los 40 cuando Paternina viva su etapa dorada; en aquel momento,
con un nombre ya consolidado, se inicia la exportación
a diferentes mercados europeos y americanos.
Con
el paso del tiempo, sin embargo, la entrada de nuevos capitales
y los cambios en la propiedad harían peligrar la
identidad y credibilidad de la bodega. Tras la expropiación
de Rumasa en 1983, grupo empresarial en el que Paternina
estaba integrada desde el 73, la compañía
pasa al Patrimonio del Estado. Y es a raíz del proceso
de reprivatización, en el año 84, cuando la
sociedad es adquirida por Marcos Eguizábal. Desde
el principio, una idea le rondaba la cabeza: devolver a
Paternina el crédito del que había gozado
en otra época.
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