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Es fácil llegar a las instalaciones en Zaragoza de TAIM-TFG. Ubicadas en pleno polígono industrial de la efervescente capital aragonesa, taxistas y parroquianos no tienen problema en indicar el itinerario a todo aquel que pregunte. Hoy en día, gracias a TAIM-TFG, la ciudad maña es un poco más internacional. La excelente reputación de la firma en el campo tecnológico y la alta vinculación de sus proyectos con los centros regionales de investigación de Aragón han contribuido a acentuar la fama de TAIM-TFG en su lugar de origen. Manuel Teruel, presidente ejecutivo y consejero delegado de la firma, es el verdadero responsable del actual modelo de negocio de la compañía aragonesa. Trece años después de la completa renovación de su táctica empresarial, Teruel explica sin dudarlo qué es y a qué se dedica la enseña que se ha convertido en el proyecto empresarial de su vida: “TAIM-TFG es una empresa de ámbito mundial que diseña, fabrica, suministra y monta maquinaria e instalaciones industriales en los sectores de manutención continua -transporte y carga/descarga de materiales o graneles-, plantas de tratamiento de residuos, elevación de cargas y energías renovables -especialmente, la eólica-”. Todos los proyectos de la firma se caracterizan por ser llave en mano de alto grado tecnológico, por lo que TAIM-TFG se ocupa de todas las fases, desde la ingeniería hasta la puesta en servicio de la instalación. Si de algo le han servido a Teruel sus 25 años en la compañía, es para saber dónde y cómo ha de posicionarse la firma: “Queremos ser un referente en gestión. Hoy gestionamos, entre otros, proyectos de elevación, pero mañana debemos ser capaces de gestionar otras propuestas; ¿cuáles?: aquellas que el mercado demande”.
No obstante, la actual filosofía de la compañía poco tiene que ver con los orígenes de la misma. Es preciso remontarse a 1899 para buscar el primer referente de la actual TAIM-TFG cuando, tras la pérdida de las últimas colonias, España se vio en la tesitura de conseguir por sí misma aquellos productos que tradicionalmente habían llegado desde el otro lado del océano al puerto de Cádiz. La implantación del cultivo de la remolacha azucarera en el actual Aragón trajo consigo el asentamiento de empresas francesas del sector, las cuales buscaron en la región las infraestructuras y el mantenimiento necesarios para sus instalaciones. En este marco, abrieron sus puertas los Talleres Florencio Gómez (TFG), ganándose a pulso una gran reputación en el campo de la elevación. Muy diferente es el nacimiento del otro pilar del actual TAIM-TFG: los Talleres Auxiliares de la Industria Minera (TAIM). Casi cincuenta años después de la puesta en marcha de TFG y al amparo de la floreciente industria minera, TAIM irrumpiría en el mercado de la maquinaria para el sector extractivo, una actividad cada vez más boyante en el Aragón de la década de los sesenta. TAIM pronto se familiarizó con las necesidades de las minas de la región, adaptando tanto sus propios productos como aquellos que eran importados.
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Manuel Teruel
(Presidente Ejecutivo de TAIM-TFG.) |
Teruel subraya que la unión de ambas empresas tuvo lugar debido a “la desafortunada racha que atravesaba TFG, una enseña familiar sin grandes pretensiones, que TAIM decide adquirir hacia 1973”. No será hasta 1983 -coincidiendo con la entrada de Teruel en la compañía- cuando ambas firmas se fusionen. “Se puede decir que el proceso se realizó de una forma natural; el antiguo Impuesto de Tráfico de Empresas (conocido como ITE) hacía muy difícil desvincular sus respectivas actividades”. De hecho, no sería hasta la implantación del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) cuando ambas empresas unifiquen sus tareas, ¡y hasta el nombre! “En los recuadros de las liquidaciones de impuestos de Hacienda, no había suficiente espacio para escribir el nombre completo de ambas firmas (Talleres Auxiliares de la Industria Minera-Talleres Florencio Gómez) por lo que pasamos a emplear únicamente las siglas de ambas empresas”.
Levantarse y volver a andar
Sin embargo, aquellas dos compañías tuvieron que hacer frente a una nueva realidad en los años 90 con la entrada en crisis del sector minero. Los medios de comunicación europeos, con la BBC a la cabeza, emitían a todas horas las imágenes de las huelgas y movilizaciones que sacudían el Reino Unido. La política de cierre de las explotaciones llevada a cabo por el Gobierno de Margaret Thatcher sustituía la producción local de carbón por importaciones masivas, abriendo un debate que aún hoy ocupa una parte del programa económico de la Comisión Europea. Sirvan de ejemplo los últimos datos publicados al respecto por la Unión Europea: mientras que el coste del mineral importado ronda los 60 euros por tonelada, el coste de producción en España es de 141 euros. Manuel Teruel no tiene reparos en describir aquella dura etapa: “en 1994, la compañía entra en crisis ante la delicada situación del sector. Los impagos acumulados y la progresiva pérdida de valor de nuestro stock nos obligan a tomar medidas drásticas”. Es en este momento cuando Teruel se hace con las riendas de TAIM-TFG, liderando el primer cambio generacional y llevando adelante un management buy out (MBO). A través de esta estrategia, el 55% de la enseña pasa a manos de tres directivos, entre los que se encuentra Teruel. Esta fórmula viene acompañada de un nuevo calendario con vistas a diez años, en el que se apuesta por aumentar el volumen de actividad sin reducir estructura.
Esta planificación fue completada con una reestructuración en torno al producto. “La prioridad se centró en salirnos de la minería en cinco años, para lo que nos propusimos liquidar todos nuestros activos en ese campo e irrumpir en el mundo de las energías renovables. Fueron unos años muy complicados, ya que teníamos que frenar una locomotora en marcha y encarrilar una nueva”. A esto se unió un ambicioso plan de I+D y una búsqueda de alianzas con otros tecnólogos ante la falta de referencias de TAIM-TFG en las renovables. Así, por ejemplo, la enseña realizó una joint-venture de la mano de un socio extranjero -disuelta en la actualidad- con el propósito de introducirse en el mundo de la energía eólica. En el primer ejercicio en que se aplicaron estos nuevos esquemas, las ventas de la empresa crecieron más de un 40% en productos no relacionados con la minería. El presidente sonríe al recordar: “la verdad es que creíamos tanto en nuestros productos que convencíamos a todo aquel que nos escuchase”.
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