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Jerez de la Frontera rezuma vitalidad en todas sus calles, en las que el paseante encuentra referencias a señas de identidad como el vino, la cultura ecuestre y un aire fresco con aroma salino propio de zonas cercanas al mar. La ciudad debe gran parte de su vivo carácter y paisaje urbano a las bodegas, templos donde se venera con sabiduría y paciencia vinos de renombre mundial. Nos adentramos en una de las bodegas de la calle Arcos, de nombre Emilio Lustau. Una visita a sus instalaciones permite encontrarse con un lugar donde se rinde culto al vino, al silencio, al sistema de criaderas y solera y al roble como guardián de las ancestrales crianzas. Si a eso le unimos que lleva 110 años comercializando vinos generosos, brandies y vinagre de Jerez, y más de medio siglo en mercados internacionales, la trayectoria de esta empresa gaditana se torna aún más atractiva.
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Luis Caballero Florido |
No todo es tradición en Emilio Lustau. Además del respeto al acervo vitivinícola de la comarca de Jerez, su adecuada adaptación al mercado en términos de tecnología, distribución y filosofía empresarial le han generado réditos valiosos, como el reconocimiento internacional de la marca. Ésa fue una de las razones que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación esgrimió para concederle el galardón a la Mejor Empresa Alimentaria 2005 en la categoría de exportación. Luis Caballero Florido, bodeguero y presidente del Grupo Caballero, no oculta su orgullo por este premio: “Lo que ha llamado la atención del Ministerio es la presencia y el posicionamiento de Emilio Lustau como marca de alta gama en el extranjero, fundamentalmente en Europa y EEUU”.
Fundada en 1896, la bodega Emilio Lustau estuvo vinculada en sus primeras décadas a la actividad almacenista, consistente en elaborar y guardar vinos para su posterior comercialización por bodegas de la comarca. A partir de la década de los 40 la bodega se traslada al barrio de Santiago para ampliar su sede y poco después surgió su afán por comercializar sus vinos más allá de las fronteras españolas. De hecho, fue una de las pioneras en exportar vinos a Estados Unidos, mercado que aún hoy sigue atrayendo gran parte de sus exportaciones.
El año 1990 supuso un antes y un después en la historia de esta bodega, ya que el Grupo Caballero, propietario de marcas como Ponche Caballero o el brandy de coco Mangaroca, decidió comprarla para diversificar su cartera de productos. “Cuando Emilio Lustau pasó a manos del grupo, la bodega recibió un importante respaldo financiero y 70 hectáreas más de viñedo propio. Además, y lo que es más importante, el grupo dio individualidad a sus vinos y los acogió en unas instalaciones a la altura de su calidad”. Luis Caballero destaca así la sede que desde hace tres años ocupa la bodega, tras mudarse del barrio de Santiago a su emplazamiento actual. Se trata de un conjunto arquitectónico del s.XIX con instalaciones totalmente renovadas donde se ha logrado conservar el aspecto tradicional, marcado por los arcos, el suelo con tierra color albero y la atmósfera mágica de la crianza.
Pertenecer al Grupo Caballero ha dado la oportunidad a esta bodega de controlar toda la producción y gestión de la sección de vinos de Jerez y en especial ampliar su dedicación a los vinos finos, ya que cuenta con importantes existencias en las instalaciones del grupo en El Puerto de Santa María, comercializadas bajo el nombre de Puerto Fino. Este grupo de empresas incluye además dos bodegas más en otras denominaciones de origen: Marqués de Irún en DO Rueda y DO Toro, y Viña Herminia en DOC a Rioja.
El presidente del grupo no disimula a lo largo de la conversación su pasión por la bodega Emilio Lustau, que cuenta con 15.000 botas de crianza con capacidad para 500 litros cada una en su sede jerezana, donde nacen y se desarrollan sus vinos finos, manzanillas, olorosos, amontillados, palo cortados, moscateles, pedro ximénez, brandies y su último lanzamiento, el vinagre de Jerez que está teniendo muy buena acogida en el mercado francés.
Llaves maestras
La incógnita de la ecuación del éxito pasa, como suele ser habitual, por la defensa de la calidad del producto. Desde la cepa a la botella, incluyendo todo el proceso. “La bodega siempre ha apostado por la cultura del vino, y eso implica tareas propias de vinos de alta gama, como la selección de pagos, cepajes y el cupo de uva por cepa”. Todo esto sin perder de vista uno de los efectos generados por esa defensa de la calidad: “Emilio Lustau es una marca de vinos seleccionados, y por tanto nos situamos en un segmento premium, con precios acordes a la calidad. Pertenecer a un grupo con más intereses y desarrollos en sus productos nos ha permitido mantener nuestro posicionamiento sin tener que vender barato para hacer caja”. La calidad, una eficaz red comercial y la promoción unida a la fidelización del cliente forman parte de la estrategia que plantea esta bodega en los diferentes mercados donde está presente.
En la actualidad, Emilio Lustau dedica aproximadamente el 90% de su producción a la exportación, principalmente y por este orden a EEUU, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Japón y Holanda. Otras plazas donde ya es una marca reconocida son Suecia, Noruega, Australia, Corea del Sur, México y Argentina. Pero los deseos de su presidente van más allá, y se centran en conservar su privilegiado lugar en los mercados tradicionales de exportación y en repetir la fórmula en los incipientes consumidores de vinos nobles.
Y aquí entramos en la segunda incógnita de la ecuación: la importancia de la distribución. Luis Caballero advirtió, nada más concluir la adquisición de Emilio Lustau, la necesidad de crear una eficaz plataforma de distribución. Así la bodega jerezana se convirtió en 2003 en principal accionista de Europvin, un consorcio de exportación y distribuidora de vinos de alta gama donde también participa financieramente Bodegas Vega Sicilia. Europvin y Lustau eran viejos conocidos, ya que desde 1985 la distribuidora colocaba sus vinos tanto en tiendas y supermercados, como en restaurantes de EEUU o Australia, entre otros países. La adquisición de la mayoría de las acciones de esta sociedad distribuidora se tradujo, al cierre del ejercicio 2004, en un incremento del 20% en la cifra de negocios de la bodega jerezana gracias a la irrupción en nuevos mercados.
Con sede en Burdeos, Europvin cuenta con oficinas de representación en Nueva York y en Tokio. “Creemos que al final de 2006 Europvin controlará la distribución internacional del 60% de los vinos más caros de Europa”, augura Luis Caballero tras añadir que anualmente comercializa 115.000 cajas de vino, entre las que se encuentra gran parte del volumen de exportación de Emilio Lustau: en 2005, la bodega vendió 140.000 cajas en el exterior, y alrededor de 5.000 en España. Su presidente tiene bien claro cuál debe ser la postura de la empresa frente a su internacionalización: “Entendemos la globalización como un proceso gracias al cual una empresa, sea cual sea su origen, tiene la posibilidad de vender sus productos en todo el mundo. Por esa razón quisimos tomar las riendas en su momento de Europvin, para no depender de nadie y llegar al máximo número de mercados”. Los datos del último ejercicio del consorcio hablan por sí solos: en 2005 alcanzó una facturación de 15 millones de euros, un 15% más que en el año anterior.
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