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Más que dar la mano |
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Pero, ¿qué es exactamente negociar? Félix López Martínez, agente comercial internacional y economista, establece un punto de partida básico, según el cual “todas las culturas del mundo tienen asumido que la negociación es un proceso corriente de acomodo de posiciones diferentes, en principio incompatibles; y aunque esta negociación pueda ser más o menos sofisticada, todas las culturas conceden una gran importancia al intercambio de propuestas y contrapropuestas”. En realidad, negociar consiste en poner en práctica técnicas de persuasión, más que en utilizar el poder para obtener las mayores ventajas posibles de la otra parte. Sin embargo, sí se aprecian diferencias culturales entre naciones o áreas geográficas mundiales, aunque éstas tengan menos que ver con los aspectos centrales y sustantivos de la negociación que con el entorno o contexto de la misma.
Félix López Martínez considera: “En la mayoría de las dimensiones culturales aparecemos con frecuencia en un punto intermedio, lo que indica que tenemos una cierta ventaja sobre representantes de otras culturas”. Para Olegario Llamazares, director de la consultora de negocios internacionales Global Marketing Strategies, nuestras mejores habilidades son la flexibilidad en cuanto a la adaptación a otros entornos y la intuición: el español sabe percibir bien los mensajes que le transmiten. Por el contrario, como principal defecto señala la escasa preparación de la negociación. “Vamos a ver qué nos cuentan o qué nos proponen y ya sabremos contestar.” Defectos a corregir son también la falta de escucha activa, la ausencia de estrategia y nuestra prepotencia o sumisión según los mercados con los que se negocia.
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Nos preparamos para negociar |
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La primera etapa consiste en la toma de contacto. Se trata de identificar a la empresa o entidad con la que se va a negociar y de acceder a ella, es decir de concertar una entrevista. En esta fase es importante:
Tras la toma de contacto, hay que preparar la negociación. Lo primero y esencial es establecer unos objetivos claros acerca de lo que se quiere conseguir. Aunque en la mayoría de las negociaciones, la información más relevante consiste precisamente en conocer las pretensiones y prioridades de nuestro interlocutor. Para finalizar esta etapa es recomendable elaborar una agenda de asuntos a tratar, que debería ser exhaustiva con el fin de prevenir cualquier contingencia sobrevenida. En opinión de Olegario Llamazares, durante la preparación de la negociación “también es preciso analizar la información que estamos dispuestos a dar a la otra parte, así como el momento y la forma de hacerlo”. Después llega el momento de presentar las propuestas. Las partes se tantean, pero ¿quién se atreve a dar el primer paso? Para Olegario Llamazares, “el primero que presenta la propuesta toma una primera ventaja práctica, ya que define el marco de referencia de la negociación e influirá en la respuesta de la otra parte. Ahora bien, si no se conoce el mercado en el que se negocia, es mejor forzar una situación en la que sea la otra parte la que haga el primer movimiento”. Comúnmente se acepta que quienes comienzan a negociar con exigencias ambiciosas consiguen mejores resultados que aquéllos que se muestran más modestos. Y, por otra parte, en el momento de poner la propuesta sobre la mesa, es mejor adoptar una posición firme sobre los asuntos generales y evitar el compromiso en los más concretos. La fase de discusión es la más intensa y la que suele ocupar la mayor parte del tiempo. “La regla más importante a seguir es la de que prácticamente todo lo que se proponga o conceda debe ser condicional; nada se da gratuitamente, por todo lo que se conceda se habrá de recibir algo a cambio”, señala Olegario Llamazares. Y añade que “el uso que se hace de las concesiones marca el ritmo y el estilo negociador, no sólo de la primera negociación, sino de las sucesivas”. Algunos consejos pueden valer al esforzado negociador internacional para manejar correctamente el delicado asunto de las concesiones:
El cierre de la negociación es el momento de mayor tensión y en el que es preciso utilizar la técnica más adecuada para conseguir el objetivo final, que no es otro que un acuerdo satisfactorio para ambas partes. Se puede:
Cuando finalmente se alcanza el acuerdo, todo el mundo se relaja y es el momento de la alegría y las mutuas felicitaciones. Pero los peligros acechan todavía. El principal riesgo, según Llamazares, “consiste en dejar cabos sueltos”. Para evitar esta situación “ambas partes deben poner por escrito, leer y aprobar un resumen detallado de cada uno de los puntos negociados”. Por desgracia, las negociaciones también pueden terminar sin acuerdo. En este caso, lo mejor es dejar una puerta abierta para el futuro. En la despedida, hay que actuar sin precipitación y agradecer el tiempo que se ha dedicado a la negociación. Siempre es una buena política. Una vez finalizada la negociación, independientemente de cuál haya sido su resultado, la revisión de todo el proceso puede ser una actividad muy saludable que ofrezca conclusiones y posibilidades de aprendizaje.
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